¡Con las cosas de comer no se juega! Es lo que debió decir la lideresa Yolanda Díaz a sus co-militantes de Sumar cuando le llamaron alarmados por la decisión del gobierno de alargar las operaciones de la central nuclear de Almaraz.

¿Qué vamos a hacer? le preguntaron. Nada, respondió la ministra.

Cuando el hugonote Enrique de Borbón, luego Enrique IV de Francia, se tuvo que decidir entre ser protestante o católico para acceder al trono galo, pronunció la célebre frase de "París bien vale una misa".

Para Yolanda y su corte: "Almaraz bien vale un despacho, un sueldo, aparecer en TVE como importante, creer que se puede aspirar a un puesto internacional después, ...".

Pero independientemente del cinismo de Sumar la decisión era razonable. Aunque se ha tomado de manera cicatera.

La energía nuclear es esencial para mantener un mix adecuado para garantizar el suministro, frente a las renovables dependientes de la climatología.

El Consejo de Seguridad Nuclear ha informado positivamente sobre la seguridad de la central de Almaraz.

La energía nuclear ha sido declarada "verde" por la UE. Aunque haya que resolver los almacenes de los residuos.

Francia tiene una parte importante de su suministro energético de origen nuclear. España puede correr riesgos por ello. Riesgos que deben asegurarse a nivel Europeo. No vale tomarlos en un sólo país.

Almaraz, además de energía, supone creación de puestos de trabajo directos e indirectos en Extremadura, una comunidad autónoma con baja renta per capita.

Ese no es un argumento menor. Encontrar zonas dispuestas a albergar una central nuclear no es fácil y la opinión pública y fuerzas políticas de esa comarca están a favor de mantenerla.

Pero aun así la decisión es cicatera.Sólo se alarga su operación hasta 2030. Cuando técnicamente se puede usar más años.

Sánchez sospecha, con fundamento, que para 2030 la decisión ya no será suya y traslada el problema al siguiente: al PP.

El gobierno Sánchez puede argumentar ante Sumar que pretende desnuclearizar la producción de energía para 2035 ¿De verdad? ¿Estará en el gobierno? ¿Lo ha pactado con los que pueden estar entonces?

¿Qué pasará con las centrales de Tarragona que suministran el 56% de la energía eléctrica a Cataluña? ¿Se atreverán de verdad Sánchez e Illa a dudar de su continuidad con la industria catalana en contra? Seguro que no. Lo veremos.

Hacer planes a largo plazo sabiendo que, probablemente, no se cumplirán es irresponsable.

Porque en temas como defensa, política exterior, fronteras, educativa, emigración, pensiones, legislación laboral... y energética, las decisiones no pueden tomarse mirando el corto plazo o sus efectos electorales, sino el interés de la nación.

Para eso están los llamados "Pactos de Estado" con los grupos parlamentarios propios y los de la oposición.

Los demócratas, de verdad, asumen que el poder es transitorio y los asuntos de estado, no pueden estar al albur de los caprichos electorales.

Para lo cual lo primero es hacer un listado de los "asuntos de estado" y, una vez definidos, establecer los acuerdos básicos, así como los umbrales en los que se puede mover ese acuerdo.

La práctica de estos acuerdos es el "consenso político" que da lugar a la estabilidad jurídica. Estabilidad jurídica que es uno de los bienes más preciados de un país. Sin estabilidad jurídica no es posible un desarrollo económico, social y político.

Lo contrario es la toma de decisiones al albur de los intereses a corto plazo de los partidos gobernantes.

En ese sentido la decisión de alargar las operaciones de la central nuclear de Almaraz debería responder a un Pacto de Estado entre el PSOE y el PP como mínimo.

Pero para Sánchez, maestro de la táctica del minuto, que ha transformado los incumplimientos en cambios de opinión, los "Pactos de Estado" sólo existen con los independentistas y, aún así, estos dicen que no los cumple.

¿Para qué va a cumplir los pactos ideológicos con Sumar si sabe que lo que les importa es el sillón y se lo va a mantener?

¿Y la ideología? Pues eso, para la galería.

Pero con las cosas de comer, el sillón, los sueldos, el ego, ... con eso no se juega.

¡A tragar, ministros de Sumar!

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.