La indignación de la opinión pública y publicada española con Marruecos es indescriptible.
No sólo por los hechos; por la invasión de Ceuta menos pacífica de lo que se quiere mostrar. También por las explicaciones que suenan a "coña" que diría un castizo.
Ni las explicaciones del Gobierno de España, ni las de la monarquía marroquí (gobierno y rey son lo mismo) parecen creíbles. Echar la culpa a las mafias suena a excusa.
Para colmo de cinismo, la presidenta de la Comisión Europea felicita a las autoridades alauitas por su colaboración.
Todo recuerda a la anécdota del ministro del interior franquista y el embajador inglés con las manifestaciones patrióticas al grito de: "Gibraltar español". En una de ellas, algo más numerosa y gritona, el ministro del interior llamó al embajador y le dijo: "¿Quiere que le envíe más policía para su seguridad?" El embajador, con humor británico, respondió: "Basta con que me envíe menos manifestantes".
Ceuta es importantísima y el fútbol una bandera que une mucho a los españoles
La opinión pública española mira con asombro y se pregunta: ¿Creerán que somos tontos y se nos puede tomar el pelo?
Por si pareciera poca la afrenta, se filtra que el presidente de la FIFA ha ofrecido al rey de Marruecos celebrar la final del mundial de fútbol de 2030. Un mundial cuyos anfitriones son España, Portugal y Marruecos.
Un error haberlo hecho porque la opinión pública española no está para bromas, sensibilizada con la actitud de Marruecos. Ceuta es importantísima y el fútbol una bandera que une mucho a los españoles.
Bien es cierto que la posición del reino alauita se ha fortalecido por los errores en política exterior del Gobierno Sánchez.
Un gobierno sanchista enfrentado a EEUU e Israel de los que Marruecos es aliado.
¿Debería avisar el actual gobierno a la FIFA de la posibilidad de una retirada de España del mundial de fútbol de 2030 si la final se jugara en Rabat?
Un gobierno que se muestra díscolo en la OTAN aislándose del resto de sus componentes.
Un gobierno que, en lugar de escudarse en la UE, evitando enfrentamientos directos, se quiere erigir en el líder de la rebeldía.
Ahora se están viendo los resultados de esa política, el Gobierno de Sánchez no se puede llamar andana. Debería haberlo previsto. España se puede enfrentar, como consecuencia de esa política, a una posición cínica de Marruecos respecto a Ceuta y la posibilidad de perder la final del mundial.
Si lo primero es sustancial, lo segundo es anecdótico. Pero ambas son emocionalmente importantes.
¿Debería avisar el actual gobierno a la FIFA de la posibilidad de una retirada de España del mundial de futbol de 2030 si la final se jugara en Rabat?
Sería un "órdago a la grande", arriesgado.
Eso exigiría el acuerdo del Gobierno, de la federación española de fútbol, de la oposición parlamentaria, de la opinión publicada, ...Supondría un aldabonazo patriotero, pero una pérdida económica. Aunque menor de la que algunos pueden pensar.
Los estudios económicos de los que escribí ya en un artículo anterior indican que: el país ganador de un mundial de fútbol tiene ganancias económicas; pero los anfitriones, en la mayoría de los casos, no llegan a rentabilizar los gastos y las inversiones realizadas.
De momento, la prudencia indica que ni el Gobierno ni la federación deben arriesgarse con el órdago.
Sin embargo, se puede actuar de la misma forma sibilina que lo hacen Marruecos y sus instigadores.
Se puede favorecer la aparición de una opinión pública "independiente" que empiece a plantear la posibilidad de un plante: "España se retira si la final no es en España".
Además de que las infraestructuras turísticas y la importancia futbolística de España están a su favor, en estos momentos, el Gobierno español y la federación podrían argumentar que ellos son razonables; pero no pueden desoír a una opinión pública encrespada, que puede crear dificultades a la hora del desarrollo posterior de todo el proceso.
¿De qué serviría un mundial, boicoteado por los españoles que serían los que deberían llenar los estadios en gran parte?
Este artículo es sólo la expresión de lo que se oye en la calle.
Marruecos ha estirado demasiado la cuerda.
El gobierno Sánchez, como siempre, ha metido la pata en política exterior. Pero España no se merece la humillación a la que esa política nos dirige.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.