Educación financiera
Europa no puede perder más tiempo y debe potenciar la educación financiera de sus ciudadanos en todas las edades. Los últimos datos publicados por la Comisión Europea señalan el preocupante nivel de educación financiera que existe en la Unión, donde solo un 18 % de los ciudadanos tiene un nivel elevado.
La situación se agrava en España, donde, según el Banco de España, apenas uno de cada cinco adultos responde correctamente a tres preguntas financieras básicas.
Si realmente queremos una Europa más competitiva, la educación financiera no puede seguir siendo un asunto secundario, reservado a expertos o profesionales del sector, sino una condición básica y prioritaria para que los ciudadanos decidan libremente y con autonomía sobre su futuro económico.
Y es que la falta de conocimientos financieros tiene consecuencias muy concretas para los ciudadanos: ineficiencia en la gestión de los ahorros, la deuda o las hipotecas y desprotección frente al fraude, especialmente, el digital. También reduce la capacidad de muchas familias para construir patrimonio o preparar su jubilación.
Al tratarse de una materia educativa, la Comisión Europea no dispone de competencias directas, ya que corresponde a los Estados adoptar las medidas necesarias. Sin embargo, sí puede ejercer un liderazgo político para impulsar a los gobiernos nacionales a actuar con la rapidez y la ambición que exige la situación.
La hoja de ruta debería comenzar con la incorporación de la educación financiera al currículo escolar desde edades tempranas
Por ello, desde el Grupo Popular en el Parlamento Europeo hemos liderado el impulso de una estrategia europea de educación financiera. Porque estamos convencidos de que no es solo una cuestión para unos pocos especialistas en mercados, sino un asunto que debe ser tratado como prioridad de Estado a través de políticas que aborden el problema desde todos los ángulos posibles: educativo, financiero, fiscal e, incluso, digital.
Por ello, hemos propuesto desarrollar una guía de recomendaciones y buenas prácticas europeas, como incluir la educación financiera en el sistema educativo, potenciar programas de aprendizaje permanente, apostar por buenas campañas de comunicación y una evaluación continua de las estrategias y acciones implementadas.
En cuanto a España, necesitamos una política de Estado, con continuidad, objetivos claros y coordinación entre las partes interesadas. Son muchas las iniciativas que se deben poner en marcha.
La hoja de ruta debería comenzar con la incorporación de la educación financiera al currículo escolar desde edades tempranas, con contenidos adaptados a cada etapa y una formación adecuada para el profesorado.
A su vez, basados en experiencias de éxito de otros Estados miembro, la adscripción automática a sistemas complementarios de pensiones, siempre con libertad de salida, puede ayudar a crear hábitos de ahorro a largo plazo y acercar a los ciudadanos a conceptos económicos básicos.
Estos mecanismos pueden cambiar comportamientos y hacer que millones de personas empiecen a ahorrar y a invertir, a la vez que se interesan por las finanzas. Por último, como ya he señalado, será clave evaluar mejor lo que ya se está haciendo, para no confundir actividad con eficacia.
Cualquier iniciativa requiere de tiempo, por lo que urge la puesta en marcha de una estrategia ambiciosa y con amplio consenso. Esta solo tendrá éxito si se elabora implicando a los distintos niveles de la Administración pública, junto con los actores del sector financiero y educativo.
La educación financiera no resolverá por sí sola todos los retos económicos de España y Europa, pero sin ella será mucho más difícil afrontarlos.
*** Isabel Benjumea, eurodiputada del PP y portavoz de Presupuestos del Grupo Popular Europeo en el Parlamento Europeo.