El ministro Cuerpo acaba de anunciar que prevé que el PIB de España crecerá hasta el 2,6% este año. Lo ha hecho con el ritornelo de siempre: España crece más que los países desarrollados.

El énfasis y la repetición en el mensaje tiene como objetivo reforzar el argumento de su jefe, el presidente Sánchez que dice: “El PIB de España va bien, el presidente de España soy yo, Sánchez, por tanto, tengo la obligación de seguir en el Gobierno.”

Los ministros y cargos públicos del PSOE transmiten ese mensaje machaconamente para justificar su permanencia en el poder.

Pero un análisis más profundo, desmonta el argumento.

El crecimiento de PIB es solo un dato de la situación económica del país que no es lo mismo que la situación económica de los españoles. Si se divide el PIB por el número de habitantes se tiene la media de la renta per cápita.

En renta per cápita España no está tan bien. Mientras en Alemania la renta per cápita es 56.100 euros, en Francia de 46.000 euros, y en Italia 40.300 euros, en España es de 35.300. No los alcanzamos, a pesar de haber crecido más en los últimos años.

En segundo lugar, la situación estructural de España empuja ese crecimiento del PIB. Situación que no depende de la acción del gobierno, sino de factores estructurales.

Un factor es el energético. España ha pasado de depender de la energía fósil a tener casi un 55% de su producción eléctrica renovable.

Eso hace al país menos dependiente de los precios mundiales del petróleo. Los costes de nuestra energía son más baratos y estables.

Otro factor es el turismo. Los europeos no conciben ya su vida sin unas vacaciones al sol.

La producción agropecuaria española y su industria exporta con condiciones ventajosas por la calidad de sus productos

Con las guerras de oriente el Mediterráneo se ha convertido en el lugar ideal para ello y dentro de él España. Estos años estamos llegando a los 100 millones de visitantes extranjeros. Además, con una inflación que sube su gasto por día.

La producción agropecuaria española y su industria exporta con condiciones ventajosas por la calidad de sus productos. La agricultura española se ha tecnificado e innova.

Por otra parte, hasta hace poco una economía fuerte se basaba en el sector industrial con fábricas, máquinas y obreros que producían cosas. Ahora la economía fuerte produce conocimiento; lo importante es tener cerebros con ordenadores en oficinas (o incluso fuera de ellas). El 16% de lo que exporta España son servicios profesionales no turísticos.

Además, el crecimiento de entre 5 a 6 millones de población migrante empuja ese crecimiento, aunque reduce la renta per cápita.

España está en una encrucijada económica favorable, pero no la está aprovechando suficientemente por culpa del gobierno.

No la aprovecha suficientemente porque el esfuerzo fiscal de la clase media es insoportable al no deflactar los tramos del IRPF con una inflación superior al 3%.

No la aprovecha porque el sector público crece sin mejorar su productividad. Una productividad pública inferior a la de Europa en la época de las nuevas tecnologías y la IA generativa.

Pero, sobre todo, no la aprovechan los españoles jóvenes y los que entran de nuevo en el mercado de trabajo.

Los salarios iniciales no permiten la independencia porque van desde 16.000 euros anuales, para jóvenes sin título, a los 25.000 de media para los titulados. Si a eso se le quita el alquiler o la hipoteca, y el crecimiento de los precios por encima del 3%, es imposible que se emancipen antes de 30 años, cuando en Europa es a los 26 años o menos.

Además, ese gasto público se financia con el crecimiento de los impuestos, con una deuda pública que crece en valores absolutos y unos fondos de next generation que se desvían de los objetivos iniciales de manera descontrolada. Descontrolada porque no habrá una deliberación real sobre los presupuestos de 2027 que se presentan sin esperanza de que sean aprobados.

Por eso la presentación del cuadro macroeconómico y, dentro de él, el crecimiento del PIB, como paso previo a los presupuestos, no puede tomarse como un cálculo económico serio. Es un mensaje político. Un programa electoral.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.