Fábrica.
La inversión lleva años mirando sobre todo hacia negocios capaces de proyectar crecimiento, disrupción y escalabilidad. Pero el mercado empieza a enviar otra señal, y despierta nuevamente el interés por las compañías industriales y manufactureras de sectores tradicionales.
No porque la tecnología haya dejado de ser atractiva, sino porque, en un entorno más selectivo, también ganan valor empresas cuyo modelo se entiende con claridad, cuya actividad responde a una lógica industrial concreta y cuya solidez descansa en capacidades ya demostradas.
En este grupo se encuentran actividades como la fabricación de muebles, la transformación metálica, la producción de estructuras y componentes, el mecanizado, los tratamientos industriales sobre metal o la distribución mayorista de productos químicos.
Son sectores que, rara vez protagonizan titulares, pero que responden a una lógica industrial muy clara y que, precisamente por ello, pueden estar recuperando atractivo en un mercado más exigente. La clave no está solo en que se trate de compañías no tecnológicas, sino en lo que ofrecen en un contexto como el actual.
Frente a modelos en los que una parte importante del valor descansa en expectativas, estas empresas suelen apoyarse en factores más tangibles: conocimiento técnico, capacidad productiva, especialización, relaciones comerciales estables y una posición concreta dentro de su cadena de valor. Son negocios cuyo valor se entiende mejor cuando se analiza cómo operan, a quién venden y qué papel desempeñan en su mercado.
La tipología de inversor que hoy se acerca a sectores tradicionales también ayuda a entender esta tendencia
Sería un error interpretar esta tendencia como una oposición entre tecnología e industria tradicional. La tecnología seguirá transformando todos los sectores.
Pero una cosa es eso y otra muy distinta pensar que solo resultan atractivas las compañías capaces de presentarse como tecnológicas. Existen muchos negocios cuyo atractivo depende de algo mucho más básico, pero también más sólido, como ejecutar bien, mantener márgenes, ocupar un nicho claro o servir de base para procesos de consolidación. También influye el momento de mercado.
Después de años en los que una parte muy relevante del capital ha perseguido crecimiento rápido, escalabilidad y tesis más ligadas a lo digital, parece lógico que algunos inversores estén prestando más atención a negocios donde el valor resulta más fácil de leer. Compañías en las que se entiende qué hacen, cómo ganan dinero, qué función cumplen en su mercado y dónde están las palancas reales de mejora.
En muchos casos, además, son sectores donde todavía hay recorrido para profesionalizar, ganar tamaño, ordenar estructuras o crecer de forma inorgánica sin necesidad de redefinir por completo el modelo. La tipología de inversor que hoy se acerca a sectores tradicionales también ayuda a entender esta tendencia.
Según la actividad de nuestra plataforma, el perfil más activo es el inversor industrial, que representa el 32% de las operaciones, seguido muy de cerca por el private equity, con un 30%, y los family office, con un 28%; los inversores individuales suponen el 10% restante.
El capital sigue buscando compañías con sentido industrial, margen de mejora y capacidad real de sostener su valor en el tiempo
Aunque con lógicas distintas, todos coinciden en la búsqueda de compañías sólidas, con capacidad de generación de caja y recorrido de crecimiento.
Durante mucho tiempo, una parte del tejido industrial ha quedado fuera del foco por no encajar en los sectores que marcaban la agenda. Sin embargo, muchas de estas empresas reúnen atributos que hoy vuelven a ganar peso: especialización, recurrencia, conocimiento técnico, capacidad de ejecución y una posición difícil de sustituir dentro de su nicho o de su cadena de suministro.
Eso permite leer esta tendencia de una forma más amplia. No como una vuelta atrás ni como una reivindicación de los sectores tradicionales, sino como una revalorización de compañías cuya solidez se apoya en elementos muy concretos y difíciles de replicar. Esta lectura del mercado se ve reforzada por la evolución registrada entre enero y mayo de 2026.
Según los datos registrados en el Borme, durante ese periodo, las operaciones de compraventa de pymes en España cayeron un 27% interanual, en un mercado más contenido y selectivo.
Sin embargo, en sectores tradicionales como la industria manufacturera, la construcción, el transporte y la logística, las actividades sanitarias y residencias, el agua, saneamiento y gestión de residuos, y la agricultura, la actividad creció un 10,5%.
Este comportamiento apunta a un mayor interés por negocios vinculados a la economía real, con demanda estable, activos tangibles y modelos más previsibles. Más allá del ruido que generan las grandes tendencias del momento, el capital sigue buscando compañías con sentido industrial, margen de mejora y capacidad real de sostener su valor en el tiempo.
Y en ese terreno, muchas empresas tradicionales que llevaban años fuera del foco pueden volver a ocupar un lugar relevante. No porque se haya agotado la ola tecnológica, sino porque el mercado también necesita negocios cuyo atractivo dependa menos del discurso y más de lo que son capaces de hacer cada día.
*** Gerard García es fundador y CEO de Deale.