Representación visual de la Inteligencia Artificial
Siempre hemos entendido la inteligencia artificial (IA) como una tecnología global. Los modelos más avanzados eran desarrollados por unos pocos proveedores, pero tarde o temprano terminaban llegando a empresas, organismos y desarrolladores de todo el mundo. Es posible que esa realidad haya cambiado.
Y el motivo principal de ese cambio está en la nueva generación de modelos especializados en ciberseguridad. El pasado abril, Anthropic presentó Claude Mythos, un modelo capaz de identificar vulnerabilidades en software a una escala sin precedentes, obligando a la industria a plantearse preguntas para las que no parecía preparada. El motivo es evidente. Si un modelo es capaz de encontrar vulnerabilidades y ayudar a corregirlas, ese mismo modelo podría utilizarse para explotarlas.
Por este motivo, Anthropic acompañó el lanzamiento de Mythos con Project Glasswing, una iniciativa que restringía su acceso a algunos de los principales proveedores tecnológicos, organizaciones de código abierto y operadores de infraestructuras críticas. Unas pocas semanas después, OpenAI respondió con Daybreak, con objetivos y funcionamiento muy similares pero basada en sus propios modelos de ciberseguridad.
Lo interesante de estas iniciativas no era solo la capacidad demostrada por sus nuevos modelos, sino el hecho de que, por primera vez, los principales proveedores decidieron no liberarlos de forma abierta.
Ambas iniciativas nacieron bajo la lógica de acceso restringido y colaboración con los principales proveedores tecnológicos, ya que incluso sus propios creadores consideraron que la potencia de estas nuevas capacidades requería un tratamiento diferente al del resto de sus modelos de propósito general.
Y entonces apareció Fable 5.
El 9 de junio, Anthropic presentó Claude Fable 5, una versión de uso general basada en las capacidades de Mythos, pero equipada con guardarraíles para impedir determinados usos considerados de alto riesgo, especialmente en el ámbito de la ciberseguridad. El problema era que esas capacidades seguían ahí. Las restricciones dependían de detectar consultas y bloquearlas.
Pero si podían detectarse, también podían intentar evitarse.
Apenas tres días después del lanzamiento de Fable 5, el gobierno estadounidense intervino alegando motivos de seguridad nacional. El 12 de junio, Anthropic anunció que había recibido una directiva que le obligaba a restringir el acceso a Fable 5 y Mythos 5 exclusivamente a ciudadanos estadounidenses. La medida afectaba incluso a empleados de Anthropic que no eran ciudadanos estadounidenses.
Sin embargo, la compañía no disponía de mecanismos capaces de aplicar esa restricción de forma inmediata. Ante la imposibilidad de verificar la nacionalidad de todos sus usuarios y garantizar el cumplimiento de la directiva, Anthropic optó por suspender completamente el acceso a ambos modelos.
Independientemente de las razones concretas que motivaron la decisión, la importancia de este episodio radica en el precedente que establece. Hasta ahora, las limitaciones sobre los modelos más avanzados habían sido decisiones adoptadas por sus propios creadores. En esta ocasión, sin embargo, fue un gobierno quien condicionó directamente el acceso a una tecnología considerada estratégica.
Podría parecer un matiz menor, pero cambia por completo las reglas del juego. Si el acceso a modelos avanzados puede quedar sujeto a restricciones nacionales, nos enfrentamos a una nueva realidad en la que la IA deja de ser únicamente una cuestión tecnológica para convertirse también en una cuestión geopolítica.
Y esa nueva realidad plantea una pregunta incómoda para Europa. Desde su aparición, la mayor parte del debate y trabajo europeo se ha centrado en la regulación, privacidad y la gobernanza de la IA, asumiendo que su acceso sería universal.
Sin embargo, el episodio vivido con Mythos y Fable apunta hacia un problema muy diferente: la dependencia. La mayoría de los modelos más avanzados, la infraestructura que los sustenta y las decisiones que controlan su acceso siguen dependiendo de organizaciones y gobiernos sobre los que Europa tiene una capacidad de influencia limitada.
Lo ocurrido con Anthropic no implica necesariamente que la situación vuelva a repetirse. Pero demuestra que puede suceder. Y cuando una tecnología se vuelve lo suficientemente importante como para ser considerada un asunto de seguridad nacional, el acceso a ella deja de estar garantizado.
Quizá la verdadera lección de esta historia no sea lo que ocurrió con Mythos o Fable, sino la constatación de que la IA ya no es completamente global. La IA ya tiene fronteras.
*** José Manuel Rodríguez y Miguel Ángel Corella, profesores de Afi Global Education.