El vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Carlos Cuerpo.
El Gobierno mejora en cuatro décimas la previsión de crecimiento del PIB de 2026 para elevar el gasto público para 2027, el cual, a su vez, seguirá siendo uno de los sostenes principales del crecimiento del PIB.
Así puede resumirse grosso modo la actualización del cuadro macroeconómico de España presentado por el vicepresidente Cuerpo.
De esta forma se coloca como la previsión de PIB más optimista respecto al consenso de mercado en un momento en que estamos empezando a calibrar las consecuencias de los conflictos geopolíticos de los últimos meses y su traslado hacia la economía real en forma de inflación persistente.
Existen razones para revaluar las estimaciones de crecimiento económico de 2026, siendo una de las primeras una cuestión puramente matemática. El “gran” cierre de 2025 (con un 0,8% trimestral) y el comienzo de año (0,6% ya con un mes de conflicto en el Golfo) ya por sí mismos tendencialmente apuntan a un crecimiento interanual superior al 2%.
A poco que la economía española avance un 0,4% trimestral el segundo y el tercer trimestre de 2026, la cifra de cierre estará por encima de la previsión anterior. Pero habrá que ver si este optimismo es exagerado o termina confirmándose.
La cuestión central no es discutir unas décimas más o menos (aquello que el maestro Juan Velarde recordaba habitualmente de Flores de Lemus “pesar paja en balanzas de precisión”) sino la composición del crecimiento, teniendo presente que estamos en plena fase de desaceleración del ciclo económico.
Comparando los primeros trimestres estancos de los últimos tres años (2024, 2025 y 2026), el agregado macro que más ha contribuido al crecimiento anual de la economía española ha sido el consumo privado. No es de extrañar puesto que es aproximadamente el 60% de la economía y el incremento de población de los últimos años hace subir considerablemente esta partida.
Más atrás se colocan dos agregados con pesos similares sobre el PIB: la inversión (formación bruta de capital) y el consumo público. En 2024 aportaron prácticamente lo mismo al crecimiento del PIB y en 2025 empezó a ganar peso la inversión frente al consumo público, llegando esta tendencia al primer trimestre de 2026.
El consumo público (sólo es una porción del gasto público total) siempre ha aportado positivamente al PIB desde 2017.
A pesar de la falta de Presupuestos actualizados, la contribución ha seguido siendo positiva porque el incremento de la recaudación fiscal, unido a las transferencias de los fondos europeos, han permitido expandir el gasto por encima de lo presupuestado. Sólo en 2025 fueron más de 75.000 millones de euros en ampliaciones de créditos y transferencias entre partidas.
España, al igual que otras grandes economías occidentales, se encuentra en plena fase de desaceleración del ciclo económico
España, al igual que otras grandes economías occidentales, se encuentra en plena fase de desaceleración del ciclo económico. Y en ella hay ciertos comportamientos que se repiten con cierta regularidad.
Por ejemplo, trimestralmente, el sector exterior lleva contribuyendo negativamente desde hace casi dos años. Las exportaciones de bienes y servicios siguen aumentando, pero lo hacen a ritmos cada ve menores, mientras que las importaciones registran avances superiores a las exportaciones.
Además de las incertidumbres geopolíticas que están provocando desvíos en el comercio internacional de mercancías, aumentos de costes, cambios de pedidos de los clientes e incluso flujos turísticos distintos, las empresas españolas en el exterior se enfrentan a mercados maduros, al menos, en Europa y Estados Unidos. Redireccionando inversión hacia consumo, por ejemplo, y dentro del consumo del duradero al no duradero.
Por ello, al Ministerio de Economía no le queda más salida que contribuir a amortiguar en la medida de lo posible la fase de desaceleración con medidas de política económica fundamentalmente en dos ámbitos: la creación de empleo (aunque sea nominal, no tanto en horas efectivas reales medias por empleado) y la producción industrial, actuando sobre los costes energéticos.
Prolongar medidas como la bonificación de los carburantes o las rebajas en determinados impuestos contribuyen a mejorar las cuentas de resultados de las empresas que usan intensivamente energía.
Y esto está funcionando porque la desaceleración es menos intensa que en otros países. Así lo muestra el Leading Economic Index, con capacidad de predicción del PIB entre 2 y 3 trimestres, el cual sigue creciendo prácticamente al mismo ritmo desde hace dos años. Por cierto, un elemento que tiene gran peso en esta síntesis de indicadores es la subida de la Bolsa…
Ante un final de legislatura bien complejo, con una inflación que puede estar más cerca del 3,5% que del 3,2% actual, un ligero endurecimiento monetario con dos subidas de tipos de interés (una ya ejecutada y otra en camino), presentar un Cuadro Macro, el techo de gasto no financiero y un proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2027 que sea aprobado por la mayoría de las Cortes Generales con un marcado carácter expansivo, lo que sería normal en cualquier país es una necesidad acuciante para el actual Gobierno.
Difícil será que encuentre los apoyos parlamentarios. Tan difícil como que se dé cuenta de que estamos haciendo demasiado hincapié en el ciclo y muy poco en la tendencia futura de la economía española.
*** Javier Santacruz es economista.