“And we don't worry 'bout tomorrow 'cause we're sick of these four walls” David Lee Roth.

El Gobierno está utilizando la revisión al alza del PIB como coartada política para mantener una narrativa de éxito y justificar la prórroga de las ayudas anticrisis a los combustibles. Sin embargo, ambas decisiones presentan evidentes incoherencias macroeconómicas y riesgos fiscales.

Esta narrativa de “crecemos más de lo que pensábamos” se usa para sostener cuadros macro más optimistas frente a Bruselas, y para defender la continuidad de la política fiscal y medidas anticrisis, pero sin detallar que una gran parte del impulso económico viene de gasto corriente endeudado y sin ofrecer un calendario creíble de retirada de estímulos ni un plan de consolidación fiscal que acompañe el nuevo escenario.

El resultado es un panorama general que, aunque se ha ajustado al alza, subestima cómo el crecimiento se ve afectado por el conflicto en Oriente Medio y por las crisis energéticas.

Otros servicios de análisis tienen previsiones más cautelosas y señalan efectos negativos en el PIB. Es más, toda la revisión al alza viene de una contradicción: Reduce significativamente el impacto del petróleo en las importaciones y a la vez dopa el PIB con gasto público para combatir un alza que, en esas estimaciones, no tiene impacto.

El Gobierno sube el PIB porque el impacto de la guerra es mínimo y transitorio y las materias primas han bajado y, a la vez, sube el PIB dopando el gasto para combatir un shock que en otras partes minimiza.

La mejora del PIB en las últimas revisiones contrasta con indicadores que muestran la pérdida de poder adquisitivo de los salarios reales netos.

Esta revisión del PIB es otra prueba de un gobierno que mira a los datos agregados e ignora que vienen con más inflación que la media y, con ello, mayor empobrecimiento. Por eso España lidera el índice de miseria de la eurozona.

Es más, el Gobierno vuelve a olvidar el gigantesco viento de cola que ha beneficiado el PIB: el petróleo barato.

El discurso oficial mezcla crecimiento revisado al alza con la necesidad de mantener “protección a las familias” mediante rebajas impositivas sobre combustibles, pero el propio comportamiento de los precios indica que la economía sigue siendo vulnerable.

Un PIB al alza con un PIB per cápita ajustado por poder adquisitivo estancado es la evidencia del empobrecimiento de los españoles con un PIB dopado. España no alcanza ni la media de la UE en PIB per cápita ajustado.

El PIB se eleva por más gasto innecesario y mayor población mientras los españoles son más pobres

Se sitúa en el decimoquinto puesto de la Unión Europea considerando la paridad de poder adquisitivo. Esta es más de un 10% por debajo de la media comunitaria y muestra cero convergencia desde 2018.

Ese contraste entre PIB que crece más de lo estimado, PIB per cápita ajustado sin crecimiento y necesidad de mantener paquetes de gasto y ayudas anticrisis prolongados evidencia que la expansión es frágil, dependiente de medidas discrecionales y de un impulso fiscal que distorsiona la lectura del ciclo económico.

Las ayudas anticrisis a los combustibles –IVA reducido al 10%, rebaja del impuesto especial de hidrocarburos hasta el mínimo europeo, devolución parcial del gasóleo profesional– se usan para dopar aún más el PIB mientras mantienen un fuerte sesgo de apoyo al consumo de fósiles.

Aunque estas ayudas se justifican oficialmente por un aumento de precios de más del 15%, en la práctica crean una dependencia de subsidios generalizados. Esto puede mejorar el PIB, pero tiene poco impacto en mejorar la competitividad o en cambiar la fuente de energía.

Es más, el truco del cuadro macro es asumir una subida de petróleo muy modesta y, por lo tanto, con impacto limitado en el sector exterior y el PIB, pero mantener un gasto por ese factor muy elevado.

El PIB se eleva por más gasto innecesario y mayor población mientras los españoles son más pobres.

Continuar prorrogando estas ayudas en un contexto de PIB revisado al alza supone enviar un mensaje contradictorio: la economía está “sana” sobre el papel, pero necesita un soporte continuo sobre los carburantes, incluso cuando han caído los precios del petróleo a niveles de marzo.

Esta diferencia entre un relato triunfalista, un gasto alto en "colchones" sociales y la extensión de ayudas debilita la confianza de las empresas y los hogares. Ellos ven una economía que se dice fuerte, pero que en realidad está empobrecida y depende de soluciones temporales y subsidios en ciertos sectores.