Una persona utiliza una tablet para hacer inversiones.
La mayoría de los europeos, especialmente los más jóvenes, considera que combatir el cambio climático es urgente y que nuestras decisiones de inversión pueden marcar la diferencia.
Según el Eurobarómetro, el 85% de los ciudadanos de la Unión Europea considera que el cambio climático es un problema grave y un 88% apoya que la UE actúe para aumentar las energías renovables y mejorar la eficiencia energética.
De hecho, según el informe Sustainable Signals: Individual Investors 2026 de Morgan Stanley Institute for Sustainable Investing, que encuestó a miles de inversores individuales en Norteamérica, Europa y Asia Pacífico este año, el 92% de los inversores encuestados muestran interés en inversiones sostenibles y asignan una parte de sus carteras a estos activos.
Cuando celebramos días como el Día Mundial del Medioambiente, no basta con aplaudir la energía renovable.
Precisamente los inversores más jóvenes, la Generación Z, encabezan ese interés con niveles incluso más altos de interés en vincular rendimiento financiero y objetivos ambientales o sociales.
Mientras millones de europeos expresan su preocupación por el cambio climático y les preocupa las altas temperaturas de junio, una parte significativa de sus ahorros, pensiones e inversiones sigue alimentando actividades que agravan la crisis que quieren combatir.
Esta es una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: deseamos un futuro más sostenible, pero nuestro sistema continúa financiando buena parte de los problemas que intentamos resolver. Pero, ¿qué ocurriría si millones de personas decidieran utilizar la inversión colectiva para convertir sus ahorros en una fuerza activa para el cambio?
Cuando celebramos días como el Día Mundial del Medioambiente, no basta con aplaudir la energía renovable; mientras la eólica y la solar crecen y baten récords, los sistemas financieros tradicionales siguen apoyando industrias que aceleran la crisis climática y la degradación del medioambiente.
Los 400 grandes actores financieros internacionales más influyentes del mundo deberían acelerar la transición del capital hacia una economía baja en carbono
Por ello, es fundamental que cada uno de nosotros decida dónde deposita su confianza, para que el cambio sea real y el compromiso con una jornada como esta vaya más allá de las palabras.
En el marco de la European Sustainable Energy Week, y con la transición energética acelerándose, a pesar de los vaivenes económicos y geopolíticos, debemos plantearnos una pregunta crucial que podría cambiarlo todo: ¿por qué las fórmulas financieras tradicionales, pilares de nuestra economía y sociedad, siguen destinando recursos a la industria que nos aleja del futuro que necesitamos?
En los últimos años, incluso después del Acuerdo de París, las principales entidades financieras globales han suministrado trillones de dólares en financiación directa al sector fósil, mientras vivimos años récord de temperatura global.
En España, esta contradicción tiene nombres propios. Tres bancos españoles figuran entre los 50 mayores financiadores globales de combustibles fósiles, lo que demuestra que el problema no se limita a grandes entidades internacionales, sino que también forma parte del propio entorno financiero con el que convivimos a diario en España.
No obstante, esta realidad ya ha generado una gran movilización ciudadana, puesto que más de 20 organizaciones ecologistas presionaron públicamente a uno de los bancos más grandes del país para que actuase frente al aumento de su financiación a combustibles fósiles y al debilitamiento de sus compromisos climáticos.
La iniciativa, impulsada antes de la junta de accionistas de la entidad, denunciaba que el banco había destinado más de 48.000 millones de dólares al sector fósil entre 2021 y 2024, además de haber relajado restricciones previas sobre financiación a petróleo, gas y carbón.
Más que casos aislados, estos ejemplos muestran una brecha estructural con los compromisos climáticos por parte del sector financiero y las actividades que continúa financiando.
De acuerdo con una publicación de WBA, los 400 grandes actores financieros internacionales más influyentes del mundo deberían acelerar la transición del capital hacia una economía baja en carbono, ya que los avances en sus planes de descarbonización siguen siendo insuficientes.
Para combatirlo, la Unión Europea ha reforzado significativamente en 2026 su marco regulatorio para orientar los flujos de capital hacia la sostenibilidad. Normativas como el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR), la Taxonomía de la UE para actividades sostenibles y la implementación progresiva de la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) están obligando a entidades financieras y empresas a transparentar su exposición a actividades intensivas en carbono y a reportar de forma más estricta su impacto ambiental.
Es fácil, en tiempos marcados por la volatilidad de los mercados energéticos, falsas promesas corporativas y por la retirada de compromisos climáticos por parte de actores financieros tradicionales, sentirse desanimado. La ansiedad climática o ambiental ya es una realidad y el desánimo es consecuencia de la inacción.
A pesar de todo, no se trata de buscar culpables, sino de reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos todos: reguladores, inversores individuales, empresas y ciudadanos, en las estructuras que apoyamos con nuestro dinero, decisiones y expectativas.
Aunque a veces parezca que no, como ciudadanos podemos hacer mucho para influir en el destino del dinero: dónde lo depositamos, qué proyectos apoyamos y qué tipo de economía contribuimos a financiar.
En definitiva, el problema no está solo en la falta de voluntad de políticos y decisores en las grandes financieras; está en la estructura misma del sistema financiero, que continúa premiando la rentabilidad a corto plazo sobre el bienestar colectivo a largo plazo.
Desde Goparity lo vemos cada día. Cada decisión financiera cuenta: desde exigir transparencia a tu banco, optar por alternativas éticas, hablar abiertamente sobre el impacto de tus ahorros o inversiones y el impacto que pueden tener al elegir una entidad financiera determinada.
En nuestro caso, creemos en la inversión colectiva como forma de canalizar ahorro privado hacia proyectos concretos vinculados a la transición energética, ecológica y social. Hasta la fecha, hemos movilizado más de 20,7 millones de euros hacia iniciativas de energía limpia.
Pero, más allá de nuestra experiencia, las cifras demuestran una realidad transformadora. Cuando existen mecanismos accesibles y transparentes, la ciudadanía puede orientar su dinero hacia proyectos concretos de transición energética y participar de forma directa en el cambio.
Lideremos por el ejemplo como ciudadanos y exijamos que las instituciones con poder para cambiar el rumbo, bancos, aseguradoras, fondos de inversión, hagan lo que todos sabemos que debe hacerse: dejemos de financiar la ruina y financiemos el futuro.
*** Por Nuno Brito Jorge es el CEO y co-fundador de Goparity