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Opinión BLUE MONDAYS

Cuando vender en mayo tenía sentido, pero no razón

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Hubo un momento, justo cuando la guerra en Irán se empantanó en negociaciones, en el que los mercados parecieron tomar una decisión extraña: dejar de comportarse como si el mundo estuviera a punto de romperse. No porque faltaran motivos para la inquietud, sino porque el dinero, que suele ser cobarde pero rara vez es tonto, empezó a moverse con una precisión casi quirúrgica.

No compró tranquilidad ni buscó refugio. Compró unas pocas ideas con una convicción feroz, esencialmente inteligencia artificial, semiconductores, tecnología, todo aquello que pudiera vender una promesa razonable de futuro en un presente incómodo.

Esa es la paradoja. Si uno miraba los titulares hace tres meses, encontraba un mundo caro, endeudado y geopolíticamente fatigado. Si mira hoy las pantallas, encontrará máximos históricos y una volatilidad que, salvo algunos episodios de marzo, parecía haber perdido la costumbre de asustar.

El mercado no está diciendo que todo esté bien. Está diciendo algo más sofisticado como que incluso en un mundo mal ordenado hay activos capaces de enderezar el relato.

El S&P 500 lo ha vuelto a hacer, una vez más, con su vieja habilidad para convertir un problema global en una solución tecnológica. En mayo avanzó a ritmo de un 1,5% semanal y acumula ya más del 11% en el año, pero la cifra es menos importante que su composición.

La renta fija, mientras tanto, no se hundió cuando el petróleo se disparó por encima de los 100 dólares el barril de referencia

La subida no está siendo democrática, sino aristocrática. Tecnología ha avanzado casi un 16% en el mes siendo el seguido muy de lejos por el consumo discrecional. Energía, utilities, consumo básico y financieras cayeron con fuerza.

Lo que no está diciendo este patrón es que las subidas se hacen con una concentración nunca vista basada en la inteligencia artificial y en las compañías de mega capitalización, es decir, solo suben las estrategias de momentum y beta alta. El mercado está pagando velocidad, no calidad o seguridad.

Incluso en este escenario de subidas del petróleo, mayores tipos y de primas de riesgo al alza, los emergentes han participado contrariamente a lo que cabría esperar. El S&P Emerging BMI sube algo más del 10% en el año, una rentabilidad espectacular si tenemos en cuenta que comparado con mayo de 2025 la subida roza el 30% en dólares.

El índice, como concepto, lo ha hecho bien gracias a que el dinero no compró “emergentes”; compró Corea, Taiwán, semiconductores, cadenas de suministro críticas y mercados capaces de beneficiarse de la inversión en inteligencia artificial sin tener que inventarla desde cero. El viejo manual decía que los emergentes suben cuando baja el dólar, caen los tipos y mejora China. Nada que ver. El S&P Asia, que incluye China, subió en mayo un increíble 18,8%.

La renta fija, mientras tanto, no se hundió cuando el petróleo se disparó por encima de los 100 dólares el barril de referencia. Ese fue otro pequeño milagro. El Treasury volvió a acercarse a la zona del 4,5%, un nivel que en otros tiempos habría bastado para congelar el apetito por riesgo. En Europa, los bonos tampoco vivieron una primavera amable.

Y, sin embargo, el crédito resistió. Los índices de crédito investment grade y high yield cerraron mayo en positivo tanto en Estados Unidos como en Europa. Más aún, los diferenciales europeos se estrecharon, con el iTraxx Europe cayendo algo más de siete puntos y el Crossover casi cuarenta. El mensaje es claro: los inversores podían desconfiar de los Estados endeudados, pero seguían confiando en muchas empresas.

Con la guerra ahora mismo fuera de los titulares no es que el mundo esté mejor. Es que los mercados han encontrado lugares donde todavía merece la pena mirar. La pregunta no es si todo va bien.

La pregunta relevante es por qué con tipos altos, deuda pública disparada y crecimiento desigual, el dinero ha elegido volver a asumir riesgo. Y la respuesta es sencilla, aunque no tranquilizadora: porque el futuro sigue teniendo sectores y empresas capaces de parecer inevitables.

Paradójicamente, el segundo semestre puede seguir teniendo buen tono precisamente por eso, porque la inteligencia artificial ha devuelto al dinero una promesa casi infantil, pero poderosísima. Hay que tener un pedazo de esa historia.

Aunque muchos de esos negocios quizá nunca sean rentables y sus valoraciones exijan una fe en modo superlativo. De momento, el año nos recuerda que, mientras el relato siga vivo, incluso un mundo económicamente cansado puede seguir subiendo.