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Opinión

El sabio y el necio: una reflexión sobre minería, naturaleza y bien común

Juan Lopez-Escobar Fernández
Publicada

“En una discusión el objetivo del necio es tener la razón - el del sabio es obtener la mejor de las razones.”

— Juan Lopez-Escobar Fernández

La diferencia no es menor. Quien solo quiere tener razón clausura el debate en el mismo instante en que lo abre. Quien busca la mejor razón lo mantiene vivo, dispuesto a seguirlo hasta donde haga falta.

Cuando prevalece la razón del sabio, la recibe como fruto del diálogo, como algo tejido entre todos. Cuando se impone la del necio, irrumpe inevitable la frase conocida: "lo que yo decía".

Ahí se revela la diferencia verdadera: no en quién tenía razón, sino en lo que hacen con ella cuando la tienen. No solo en cómo reaccionan, sino en lo que provocan. El sabio construye. El necio, incluso con la victoria en la mano, solo sabe demoler.

La defensa de la naturaleza no puede ser un arma arrojadiza

La defensa de la naturaleza es un objetivo compartido. No conozco a nadie —ningún ingeniero, ningún empresario, ningún ciudadano— que no quiera vivir en un planeta sano, con ecosistemas preservados y recursos gestionados con responsabilidad.

Si ese punto de partida es común a todos, cabe preguntarse por qué se utiliza para dividir en lugar de para sumar. Por qué se convierte en trinchera en vez de en terreno de encuentro.

“Todo lo que no nace o germina sale de una mina.”

Los recursos naturales son la base material de la civilización. Son imprescindibles para mantener nuestro estado de bienestar: la sanidad, la vivienda, las comunicaciones, el transporte, la energía.

No es posible prohibir su aprovechamiento sin renunciar al mundo en el que vivimos. La pregunta pertinente no es si explotamos los recursos, sino cómo los aprovechamos con el máximo respeto al entorno.

Compatibilizar, no prohibir. Esa es la dirección inteligente.

El silogismo de Baba Dioum

Baba Dioum, uno de los padres del ecologismo moderno, formuló una de las máximas más lúcidas sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza: “Al final, conservaremos solo lo que amamos, amaremos solo lo que conocemos, y conoceremos solo lo que nos han enseñado.”

Si aplicamos un silogismo a esta afirmación, la conclusión es tan lógica como reveladora. Los Ingenieros de Minas son quienes mejor conocen este hermoso planeta llamado Tierra: desde sus profundidades, donde esconde tesoros impresionantes, hasta su superficie, con sus frágiles ecosistemas.

Conocen su composición, su estructura, sus límites y sus posibilidades. Saben lo que hay bajo nuestros pies, cómo se formó, cómo se extrae con responsabilidad y cómo se restaura cuando la actividad concluye.

Si quien conoce ama, y quien ama protege, la conclusión es que los Ingenieros de Minas son quienes más y mejor protegen el medio ambiente.

No por eslogan, sino por lógica. Son sus gestores más responsables.

¿No sería más razonable, entonces, que el debate girara en torno a cómo hacerlo mejor, cómo compatibilizar los dos principios que sin duda compartimos, en lugar de instalarse en la oposición frontal?

Todo lo que no nace o germina, sale de una mina

Existe una verdad que conviene recordar con frecuencia. Si las viviendas, los hospitales, los teléfonos móviles, las gafas, los cables, las baterías eléctricas y los aerogeneradores pudieran sembrarse y cultivarse, estoy seguro de que todos estaríamos de acuerdo en que la minería no sería necesaria.

Pero no pueden. Todo lo que no nace o germina sale de una mina.

Y me atrevo a añadir algo más: incluso ”lo que nace y germina necesita de la mina”, porque los fertilizantes, los aperos, las infraestructuras de riego y los sistemas de distribución de alimentos también requieren minerales.

No hay transición energética sin litio, sin cobre, sin cobalto, sin tierras raras. No hay medicina sin equipos fabricados con acero y metales especiales.

No hay comunicación sin los treinta y tantos minerales que contiene cada teléfono móvil. La minería no es el pasado: es una condición de posibilidad del futuro que todos queremos construir.

La minería urbana: cerrar el ciclo

Pero la sostenibilidad del modelo no depende solo de cómo extraemos los recursos. Depende también de cómo los consumimos. Y aquí la responsabilidad es de todos, no solo de las industrias.

No es necesario cambiar de teléfono móvil cada año, ni de coche cada dos, impulsados por el deseo de aparentar ante el vecino. Cada dispositivo que renovamos antes de tiempo es una demanda adicional de litio, cobre, cobalto y decenas de minerales más.

El consumismo compulsivo no es solo un problema económico o social: es un problema de recursos naturales. Y si los recursos son finitos —que lo son—, la primera línea de responsabilidad está en cómo decide consumir cada uno de nosotros.

La segunda línea está en recuperar lo que ya hemos extraído. Los minerales no desaparecen cuando un producto llega al final de su vida útil: están ahí, recuperables, reutilizables.

A eso llamamos minería urbana: la extracción de materiales valiosos no del subsuelo, sino de los residuos que genera la propia civilización.

El reciclaje y la economía circular no son un complemento amable de la minería tradicional: son su prolongación lógica e imprescindible.

En ese camino, iniciativas como la planta de reciclaje y recuperación de metales de aparatos eléctricos y electrónicos en desuso, RAEE que está poniendo en marcha Atlantic Copper en Huelva señalan exactamente la dirección correcta: aprovechar al máximo lo que ya tenemos, reducir la presión sobre los yacimientos y cerrar el ciclo de los materiales con la misma excelencia técnica con la que se abre.

Un llamamiento al bien común

Quiero hacer un llamamiento a buscar ese bien común que, en el fondo, todos compartimos: compatibilizar el aprovechamiento de los recursos naturales con el máximo respeto al medio ambiente, en su justa medida. No como concesión de unos a otros, sino como compromiso de todos con la inteligencia y con la realidad.

El sabio no busca ganar la discusión. Busca la mejor razón. Y la mejor razón, en este debate, no está en los extremos: está en quienes son capaces de defender el planeta con rigor, con datos y con la honestidad de quien lo conoce desde adentro.

*** Juan Lopez-Escobar Fernández es Decano-Presidente del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Sur, autor del tratado “La Comunicación en Empresas y Asociaciones” (2026) -www.serpartedealgogrande.com-