Bandera de Australia.
El contexto económico global y la necesidad de diversificar riesgos están impulsando una nueva fase en la expansión internacional de las compañías españolas, que miran más allá de Latinoamérica, hacia otros mercados desarrollados, pero en pleno crecimiento.
En ese escenario, países como Australia están ganando protagonismo de forma acelerada. Y es que el país más grande de Oceanía y el sexto más grande del mundo combina estabilidad institucional, seguridad jurídica y un ambicioso ciclo inversor en infraestructuras, energía y transporte. Es, en definitiva, un mercado lejano en términos geográficos, pero cada vez más cercano para muchas empresas españolas.
Además, se encuentra en pleno crecimiento. Solo en los próximos años se prevén planes de inversión pública de cientos de miles de millones de dólares australianos, en un contexto en el que la modernización de infraestructuras y la transición energética se han convertido en prioridades estratégicas.
El valor diferencial de las empresas españolas
Ese entorno ha favorecido (y está actualmente favoreciendo) el posicionamiento de empresas españolas en sectores donde cuentan con una ventaja competitiva reconocida internacionalmente. La experiencia acumulada en el desarrollo de infraestructuras complejas, energías renovables o modelos concesionales tanto en España, Europa o países de Latinoamérica les permite competir también en algunos de los proyectos más relevantes del mercado australiano.
La trayectoria española en ámbitos como la ingeniería civil o las energías limpias ha generado un conocimiento técnico especialmente valorado en mercados que afrontan grandes retos de transformación. Pero, más allá de la capacidad constructiva, existe otro elemento diferencial como es la experiencia en la gestión integral de proyectos y en la operación posterior de los activos.
Australia ya se ha convertido en un mercado estratégico, también como una plataforma desde la que expandirse hacia otros mercados del sudeste asiático
En muchos casos, las empresas españolas no solo construyen infraestructuras, sino que también las gestionan durante décadas. Esa combinación de capacidad técnica, disciplina financiera y visión de largo plazo resulta especialmente atractiva en mercados como Australia, donde buena parte de los proyectos se desarrollan bajo esquemas concesionales y requieren operadores con experiencia internacional.
Esta tendencia la vemos no solamente en las grandes empresas multinacionales de la construcción, sino que está llegando a otros sectores y a compañías de un tamaño mediano, nuestras midcaps tienen, cada vez más, oportunidades fuera de sus mercados tradicionales.
Y este movimiento refleja la madurez internacional del tejido empresarial español. España ya no exporta únicamente productos o servicios, sino que exporta también conocimiento técnico, experiencia operativa y capacidad de gestión de proyectos complejos.
En ese contexto, Australia ya se ha convertido en un mercado estratégico, también como una plataforma desde la que expandirse hacia otros mercados del sudeste asiático. Porque el interés estratégico de Australia va más allá de sus propias fronteras.
El eje Indo-Pacífico concentrará una parte creciente del crecimiento económico mundial en las próximas décadas y se está consolidando como uno de los grandes polos globales de inversión e infraestructuras. Y Australia es una puerta de entrada natural hacia esa región.
Necesidad de una estructura global
Y para hacer posible esos planes de expansión e internacionalización ya no solo se necesita financiación, sino también una estructura global, que a menudo viene de la mano de un partner financiero, que sea capaz de acompañar a las empresas en distintos mercados y coordinar soluciones de forma global.
Aspectos como la emisión de avales, la gestión del riesgo divisa, la financiación de proyectos o la coordinación entre jurisdicciones adquieren un peso creciente. Muchas veces, además, las necesidades financieras evolucionan al mismo ritmo que crecen las operaciones, pasando de servicios transaccionales básicos hasta estructuras sofisticadas de financiación o asesoramiento corporativo.
Por esto es que las empresas valoran cada vez más poder operar en mercados como Sídney, Nueva York o Mumbai con el mismo nivel de interlocución y cercanía que tienen en Madrid. De ahí que la capacidad de trabajar de forma global se haya convertido en un elemento diferencial.
Todo apunta a que esta tendencia continuará en los próximos años. La necesidad global de nuevas infraestructuras, la transición energética y la reorganización de la economía mundial seguirán generando oportunidades para compañías españolas con experiencia internacional y capacidad de ejecución en mercados tan lejanos como prósperos para ellas como el australiano.
*** Xavier Espurz es responsable de Corporate Bank de Deutsche Bank España.