Representación visual de la Inteligencia Artificial

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Opinión

La inteligencia artificial y los despidos colectivos

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En España, y sólo hasta finales de febrero, los despidos colectivos se van extendiendo a todo tipo de empresas y ya crecen un 7,3% con respecto al año pasado.

Telefónica, Capgemini, Meta, Inetum, Avatel, Ericsson, Iberia, Glovo, Nestlé, PepsiCo, Amazon, Ficosa, Metal Group y otras más, están presentando expedientes de regulación de empleo (ERE) para reducir sus plantillas. No sólo grandes empresas. Según el reciente informe sobre las Tendencias en materia de despidos colectivos en España elaborado por Cuatrecasas, las empresas de menos de 250 trabajadores generaron más del 54% del total de EREs en 2025.

Los despidos colectivos ya no son exclusivamente una respuesta de emergencia ante crisis. Se empiezan a producir también por motivos técnicos y de producción, fundamentalmente ante la implantación de la Inteligencia Artificial -esta causa ha aumentado un 759% en este último año-, con el objetivo de reestructurar las empresas ante la irrupción de nuevas tecnologías.

Evolución de los despidos colectivos según sus causas (2022-2025)  NÚMERO DE TRABAJADORES AFECTADOS

Evolución de los despidos colectivos según sus causas (2022-2025) NÚMERO DE TRABAJADORES AFECTADOS Fuente: Estadística de Regulación de Empleo, Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Porcentaje de trabajadores afectados por despidos colectivos, según sus  causas, en enero y febrero de 2026

Porcentaje de trabajadores afectados por despidos colectivos, según sus causas, en enero y febrero de 2026 Fuente: Estadística de Regulación de Empleo, Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Durante enero y febrero de este año, los trabajadores afectados por un ERE por causas tecnológicas y de producción representaron más del 32% del total de los despidos colectivos. Los efectos de la implementación de la IA se han empezado a notar el año pasado, cuando los EREs por esas causas afectaron a más del 46% del total de los despidos colectivos.

La adopción empresarial de IA está acelerándose de forma notable -el 21,1 % de las empresas con diez o más empleados ya utilizaban al menos una tecnología de IA en el primer trimestre de 2025, frente al 12,4 % en 2023, según la Encuesta sobre el uso de TIC del INE-, y sus efectos sobre el empleo se están intensificando.

Durante los próximos diez años España, en el escenario más pesimista, podría llegar a perder más de 3,5 millones de puestos de trabajo por la irrupción de la Inteligencia Artificial -principalmente empleados administrativos y técnicos de nivel medio y superior-, según un reciente estudio de FUNCAS.

Es cierto que, al mismo tiempo, se estima que se crearán en torno a 1,6 millones de nuevas ocupaciones, por lo que el resultado neto supondría una pérdida de unos dos millones de puestos de trabajo. En un escenario más optimista se destruirían 700.000 empleos, creándose 600.000 nuevos puestos de trabajo. Mientras que el escenario central apunta a una destrucción de entre 1,7 y 2,3 millones de empleos, generándose en torno a 1,6 millones de nuevos puestos (los mismos que en el escenario pesimista).

En relación con el resto de los países desarrollados de la OCDE, el estudio Job creation and local economic development 2024 sitúa a España en una posición de exposición a la IA generativa ligeramente superior (27,4 % frente al 26 % de la media).

Sin embargo, el riesgo real de automatización es significativamente inferior al del resto de países desarrollados (5,9 % frente al 12 %) por la mayor especialización en servicios que se basan en la relación inter-personal, que son de difícil automatización, como el turismo o cuidados.

Ante esta transformación tecnológica imparable y transversal, porque afecta a todos los sectores de actividad económica, aunque de manera muy diferente, nos enfrentamos a importantes retos de política económica.

En primer lugar, la IA es susceptible de impulsar la productividad, siendo este un objetivo prioritario que debe compaginarse con la creación de empleo. Las ganancias de productividad al incorporar la IA se producen fundamentalmente por la reducción de costes al permitir sustituir determinado trabajo humano en aquellas tareas susceptibles de automatizar, aquellas rutinarias, tanto cognitivas como manuales -el llamado efecto de sustitución-. La transición de esas tareas automatizables hacia otras, no automatizables, es una cuestión crucial.

Por otra parte, la IA puede ensanchar las desigualdades en el seno del tejido empresarial. Las empresas más productivas son por otra parte las que con mayor probabilidad adoptan IA.

En este sentido, las políticas de apoyo a la digitalización y uso de la IA a las empresas más rezagadas, especialmente las pymes, ayuda a mejorar su productividad y a reducir su diferencial de competitividad.

En todo caso, la IA per se no trae consigo ganancias en productividad. Se necesitan personas formadas en cómo usarla, y que aporten pensamiento crítico. La tecnología permite entonces aumentar la productividad de estos trabajadores que realizan tareas no automatizables, aquellas no rutinarias cognitivas -el conocido como efecto de complementariedad-.

Además, el acceso a la formación en IA está desigualmente distribuido: tiende a concentrarse en trabajadores con mayor nivel educativo previo, lo que puede ampliar las brechas existentes.

En este sentido, los mecanismos de reconocimiento de competencias adquiridas por vías no formales son especialmente relevantes para ampliar el acceso de los trabajadores de menor cualificación. El objetivo es lograr que la creación de nuevos empleos compense la destrucción en términos netos, todo depende de la velocidad de los procesos de formación y reasignación laboral.

Por el momento, España se encuentra en un máximo histórico de empleo, con más de 22 millones de personas afiliadas, y puede por tanto afrontar el cambio tecnológico con cierto margen de maniobra para adaptar el sistema educativo, el capital humano, la gestión empresarial y el marco institucional.

No será tarea fácil, pero solo así convertiremos en un éxito la imparable revolución tecnológica, y evitaremos que los cambios terminen afectando al sustento de millones de ciudadanos.

*** Mónica Melle Hernández es profesora de Economía de la UCM.