Billetes y monedas.

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Opinión

Mercado de divisas: entre un desenlace en Irán y la llegada de Warsh a la Fed

Diego Barnuevo
Publicada

Los mercados comienzan a descontar que el conflicto entre Irán y Estados Unidos podría encaminarse hacia una resolución próximamente. Tras filtrarse que Teherán estaría valorando una propuesta de paz de 14 puntos presentada por la Casa Blanca, está cobrando fuerza la posibilidad de un desenlace en el corto o medio plazo.

La retórica reciente de Trump refuerza la idea de que busca una salida relativamente rápida, mientras el bloqueo del estrecho de Ormuz sigue erosionando la capacidad económica de Irán para sostener el pulso. En este contexto, parece que la peor parte de la guerra ha quedado atrás, lo cual se está viendo reflejado en los mercados: el dólar ha vuelto prácticamente a los niveles previos al conflicto y los índices bursátiles estadounidenses continúan marcando máximos históricos.

Sin embargo, los mercados de materias primas se están mostrando mucho más cautelosos. Es cierto que el precio del crudo Brent ha retrocedido hasta situarse en torno a los 100 dólares por barril en el momento de redactar estas líneas. Sin embargo, sigue muy por encima de los 70 dólares previos a la guerra. Esta prima de riesgo refleja la parálisis persistente en Ormuz y la incertidumbre sobre su reapertura.

Además, un acuerdo marco no es lo mismo que un tratado de paz duradero. Por ello, es probable que los inversores en commodities se mantengan escépticos hasta que se observen avances tangibles con respecto al segundo. En cualquier caso, el camino hacia una paz duradera suele estar plagado de pasos en falso y falsas expectativas, que sostendrán la volatilidad en el corto plazo.

La velocidad y el alcance de la reapertura del estrecho de Ormuz serán, por tanto, los factores determinantes para los mercados en las próximas semanas. Una normalización relativamente rápida del tráfico marítimo restaría alrededor de medio punto porcentual al crecimiento mundial.

La economía global está mostrando síntomas claros de desaceleración, pero de momento no de recesión

Un bloqueo que se extienda hasta el verano, en cambio, colocaría a Europa en terreno claro de recesión. Cuanto antes se levante el cierre, antes se recuperará el apetito por los activos de riesgo. Un bloqueo prolongado, por el contrario, daría oxígeno al dólar.

Con el riesgo geopolítico pasando a un segundo plano, la atención regresa a los drivers tradicionales de las divisas: datos económicos y decisiones de los bancos centrales. La economía global está mostrando síntomas claros de desaceleración, pero de momento no de recesión.

Los PMI de actividad empresarial siguen apuntando a una expansión tanto en Estados Unidos como en Reino Unido, y el índice compuesto global de JP Morgan rebotó con fuerza en abril tras la mayor caída mensual en marzo desde 2008. La eurozona, sin embargo, se presenta como la región más vulnerable. Un cierre prolongado de Ormuz podría empujarla directamente a la contracción en el segundo trimestre.

Por otro lado, los bancos centrales han endurecido su tono ante el repunte energético, y presagian pausas prolongadas o incluso subidas moderadas de tipos este año. Cabe esperar que tanto el BCE como el Banco de Japón los suban en junio, mientras que el Banco de Inglaterra podría hacer lo propio en julio.

No obstante, la naturaleza temporal del shock energético, las débiles perspectivas de crecimiento y la holgura en algunos mercados laborales deberían limitar los efectos inflacionistas de segunda ronda y evitar un endurecimiento monetario excesivamente agresivo.

Además de estas cuestiones, mayo se presenta como el mes en el que finalmente podría despejarse la incógnita sobre el sucesor de Powell como presidente de la Fed. Si finalmente se confirma el nombramiento de Kevin Warsh, parece improbable que vaya a alterar de forma significativa la trayectoria de los tipos de interés en Estados Unidos. Resulta difícil que un único miembro, aunque sea el presidente, pueda influir tanto sobre un FOMC con varios miembros claramente restrictivos, como quedó demostrado en la reunión de abril.

Ahora bien, el verdadero riesgo con Warsh podría residir en su conocida aversión al forward guidance. Una Reserva Federal menos explícita en sus señales podría, en el corto plazo, tensionar la curva de rendimientos de la deuda americana y fortalecer al dólar.

A más largo plazo, sin embargo, esa menor predictibilidad podría aumentar la prima de riesgo del billete verde, especialmente en un momento en que la confianza en los activos estadounidenses ya muestra signos de erosión. En ese sentido, una Fed menos transparente podría convertirse en uno de los riesgos más infravalorados para el dólar en 2026.

*** Diego Barnuevo, analista de mercados en Ebury.