Estoy dando clases en Colombia. Nada como viajar para pulsar la realidad.

Colombia tiene elecciones presidenciales en breve (25 de mayo). Hay 14 candidatos. Pero el partido se juega entre tres: Iván Cepeda del partido en el gobierno de Petro (Pacto Histórico), en España se autodenominaría progresista; Paloma Valencia de Centro Democrático, aquí se denominaría de centro-derecha; Abelardo de la Espriella de carácter independiente (o sea derecha).

El primero (Cepeda) es continuista y lleva la delantera en las encuestas con un alto porcentaje de votos (alrededor del 40%), los otros dos le siguen con la mitad e los apoyos (sobre el 20%). Es decir que Cepeda los dobla a cada uno. Pero en Colombia hay segunda vuelta. O sea, que la presidencia es probable que se dirima entre dos de los tres. O mejor dicho, entre Cepeda y uno de los otros dos.

El panorama no es nada raro en Hispanoamérica con dos bloques sociales casi al 50%. El de la izquierda, preocupada por el progresismo social; y el de la derecha en el que la idea de la seguridad ciudadana es la bandera más clara, seguida de la del crecimiento económico.

Los primeros abominan de Trump; para ellos el conjunto de todos los males.

Cuba, cuya reconversión a la democracia representativa sería emblemática, sigue esperando que las fuerzas armadas norteamericanas sigan entretenidas en las aguas del golfo y el estrecho de Ormuz

Los segundos, aunque no lo digan, tienen en el presidente estadounidense una coincidencia en muchos temas. Incluso, podría decirse que esa parte de la sociedad hispanoamericana suspira porque Trump sea más contundente de lo que ha sido en su continente.

Se despertó su esperanza en el golpe a Maduro. Un golpe en el que las sospechas de connivencia interna venezolana siguen vigentes.

Sin embargo, parece que la guerra de Irán ha ralentizado todo lo referente a la política de Trump respecto a América. Marco Rubio, el gran arquitecto de la política exterior de Trump, parece distraído en las negociaciones de Pakistán, mientras los asuntos del continente americano esperan.

Cuba, cuya reconversión a la democracia representativa sería emblemática, sigue esperando que las fuerzas armadas norteamericanas sigan entretenidas en las aguas del golfo y el estrecho de Ormuz.

El propio Trump ha asegurado que una vez acabado su trabajo allí, el super portaviones más importante de su armada fondeará a unas cuantas millas de la Habana.

Probablemente Trump no sea del todo consciente de que goza de más bazas de éxito en Hispanoamérica que en Asia

Una operación de la que los españoles tenemos noticias cuando en 1898 los acorazados norteamericanos se plantaron en ese mismo lugar y, con una escusa inverosímil, apoyaron a unos insurgentes, que de no ser por USA, no hubieran ganado la independencia. A renglón seguido el ejército norteamericano desembarcó en Puerto Rico. La historia ya se sabe y Trump quiere repetirla.

Estados Unidos creció durante el siglo XIX, e incluso el XX (Hawái fue el último estado en unirse en 1959), con operaciones comerciales de compra de territorios, que en realidad eran compensaciones a los derrotados en operaciones militares. Compensaciones, por lo demás, menos justas de lo debido a la vista de la historia.

Así que, aunque no lo digan, parte de la opinión pública hispanoamericana está por una intervención más profunda de EEUU en la política continental.

Pero de momento está a la espera de lo que ocurra con Irán.

Probablemente Trump no sea del todo consciente de que goza de más bazas de éxito en Hispanoamérica que en Asia. Pero también es verdad que su gran enemigo es asiático (China) y en su propio continente sus dólares siguen siendo imbatibles.

Habrá que esperar. Entre otras cosas, al resultado de las elecciones en Colombia.

Conozco personas de la colonia colombiana en España, ellos parecen tener claro cual es el lado bueno de la historia. Pero no son definitivos, los migrantes colombianos son un colectivo de aproximadamente un millón de personas. De ellas sólo se han registrado cerca del cuarto de millón en los consulados para votar. No son pocos, pero son un grupo pequeño en un censo electoral de aproximadamente 40 millones. Solo en una hipotética segunda vuelta muy igualada podrían influir en el resultado.

Mientras tanto Hispanoamérica espera.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.