En la política siempre ha habido personajes enigmáticos. Nunca fueron los más conocidos. Sólo los enterados saben de su poder. Acceder a ellos es difícil. Su influencia deviene de su capacidad de susurrar al oído del jefe.

En la historia del mundo político la figura emblemática de este tipo de personajes fue Joseph Fouché. Ministro eterno del Interior u Orden Público en la Francia del siglo XIX. Se mantuvo en el poder desde la llegada revolucionaria del Directorio, hasta la Restauración Borbónica, pasando por Napoleón.

Stefan Zweig, gran narrador de la historia europea, lo definió como “el genio tenebroso”. Misterioso y oscuro su capacidad de influencia se debió a su capacidad de acaparar información y su habilidad en utilizarla.

La frase clásica dice que: “información es poder”. Lo es porque permite tomar mejores decisiones. Pero también lo es, porque su poseedor puede reservarse el secreto de su conocimiento o difundirla a su antojo cuando conviene a sus intereses o a los intereses de quienes sirve.

Los “lúgubres” despachos que ocupan los ‘fuchés’ de turno son poco conocidos y suelen estar en las inmediaciones del poder. Sin embargo, no por eso son menos influyentes.

Manuel de la Rocha-Vazquez que ahora es “Secretario General del Departamento de Asuntos Económicos y G20”

En la política española los hay.

Uno es Manuel de la Rocha-Vázquez. En 2018 ocupó el puesto de jefe de la “Oficina Económica de la Moncloa” y ahora es “Secretario General del Departamento de Asuntos Económicos y G20”. Su misión se refiere a la estrategia económica de la Presidencia de Gobierno. Su despacho está en el llamado “Complejo de la Moncloa”.

Se rumorea que en los últimos años su trabajo consiste en alargar los tentáculos del Gobierno en el mundo económico.

Se sospecha que ha sido el encargado de manejar los hilos que han llevado al fracaso de la fusión del BBVA con el Banco de Sabadell. También el que ha dirigido el asalto del PSC-PSOE a Telefónica. Fue el que comunicó a Pallete su salida como presidente.

Entre las sospechas está que primero fue el “hacedor” y luego el “deshacedor” de las peripecias de Indra con Escribano al frente. Son solo sospechas. Lo cual es lógico cuando de un 'fuché' se trata. Las certezas no son lo propio de su figura.

Sánchez tiene que recomponer su relación real con el mundo empresarial para después de su peripecia presidencial

Por último, hay quien dice que va a ser el todopoderoso gestor en el manejo del “Fondo Soberano” español que Sánchez ha bautizado como “España Crece” y que, dotado de 10.500 millones de euros, quiere movilizar hasta 120.000 millones en inversiones como vivienda, nuevas tecnologías, reindustrialización, …

Para ello tomará posiciones accionariales en “empresas estratégicas”. El fondo estará bajo la tutela del ICO, aunque este objetivo de tomar posiciones, es decir poder económico, parece cerca de las funciones del fuché De la Rocha. De ahí el rumor.

Ahora, con la salida de Montero y la llegada de Cuerpo a la vicepresidencia del Gobierno y Arcadi España a la cartera de Hacienda ¿Puede cambiar la situación de De la Rocha?

En principio, el ‘fuché’ económico de la Moncloa no ha cambiado ni su puesto, ni sus funciones.

Pero cuando hay un movimiento como el producido en el Consejo de Ministros, tarde o temprano, se reajustan las áreas de influencia.

Conociendo los comportamientos de Sánchez, para el que las personas son intercambiables en función de sus intereses personales y electorales, es posible que quiera fortalecer a Cuerpo y Arcadi y que De la Rocha tenga que ejercer sus habilidades fuchérianas para sobrevivir. Sobre todo en un año que se presenta ya de manera decisiva como electoral.

Sánchez tiene que recomponer su relación real con el mundo empresarial para después de su peripecia presidencial, que parece dirigirse a su ocaso definitivo según las encuestas y los últimos resultados electorales. Por eso debe restañar heridas, algunas causadas por las maniobras de De la Rocha.

Ese parece que es el objetivo, si no primario, sí derivado, de los nombramientos económicos. Dos economistas que buscan congraciarse con el mundo empresarial, ahora que la ralentización de la economía española va a necesitar de su consenso.

En consecuencia, De la Rocha ¿huele a quemado? Pero también lo parecía 'fuché' cuando Napoleón cayó y sobrevivió.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.