Playa de la Comunitat Valenciana
La economía española encara 2026 y 2027 con una fortaleza que, sin embargo, se traslada a un escenario regional heterogéneo con diferencias de crecimientos relevantes entre las comunidades autónomas. El avance promedio nacional de la actividad económica podría mantenerse en torno al 2,4% anual en el bienio.
Incluso en un contexto en el que la guerra de Irán podría estar ya detrayendo un par de décimas al crecimiento de la economía española, el arranque de este año confirma el buen tono de la actividad. El empleo sigue sorprendiendo al alza, especialmente en los servicios vinculados al turismo y al sector público, mientras el consumo se beneficia de unos tipos de interés relativamente contenidos y de una política fiscal todavía expansiva.
Aun así, la incertidumbre geopolítica podría compensar las sorpresas positivas de los datos de actividad recientes. Además, el escenario es dependiente de la duración e intensidad del aumento en el precio de los combustibles, que puede introducir un significativo sesgo a la baja.
Pero lo anterior no se distribuye de manera homogénea a nivel territorial. En 2026, el mapa económico español se organiza en tres grandes bloques.
Por un lado, las regiones más dinámicas, encabezadas por la Comunitat Valenciana, que podría crecer en torno al 3%, impulsada todavía por los esfuerzos de inversión y reconstrucción tras la DANA de noviembre de 2024. La economía de la Comunidad de Madrid también destaca, con un avance cercano al 2,7%, apoyada en la fortaleza de las exportaciones de servicios no turísticos y en su creciente atractivo como destino internacional.
Cataluña, Andalucía y Castilla-La Mancha crecerán cerca del 2,4%, aunque con dinámicas internas muy diferentes
A este grupo se suman Baleares y Canarias, con crecimientos en torno al 2,5%, que podrían verse beneficiadas por el tirón del turismo derivado de un posible efecto refugio frente a otros mercados competidores del Mediterráneo oriental. Finalmente, Murcia (2,5%) se podría ver apoyada por el impacto del gasto en defensa y la mejora del turismo nacional.
Un segundo grupo de comunidades se moverá en torno a la media nacional. Cataluña, Andalucía y Castilla-La Mancha crecerán cerca del 2,4%, aunque con dinámicas internas muy diferentes.
Cataluña podría compensar la debilidad en ciertos segmentos industriales, y los efectos negativos de los problemas en las infraestructuras con el turismo y los servicios, mientras que Andalucía afronta un principio de año más complejo por el impacto de las inundaciones y los problemas de infraestructuras, que lastran parcialmente su actividad a corto plazo.
En el extremo opuesto se sitúan las regiones del norte y algunas del interior, que muestran un menor dinamismo. Galicia, Cantabria, País Vasco, Navarra, Asturias, La Rioja, Castilla y León o Aragón crecerán por debajo de la media, penalizadas por la menor capacidad de crecimiento del empleo (envejecimiento, flujos de inmigración menos intensos), una exposición al turismo inferior que el promedio, además de su mayor exposición a la industria, al consumo energético y a las exportaciones de bienes en un contexto internacional adverso. Extremadura, por su parte, se quedará en torno al 1,8%, afectada por un arranque de año más débil.
Esta divergencia territorial responde a un modelo de crecimiento más basado en la demanda interna y en las exportaciones de servicios, especialmente los no turísticos, mientras la industria no consolida su recuperación en un entorno de mayores costes y menor demanda externa.
Las regiones industriales del norte podrían recuperar protagonismo gracias a la normalización de los precios de la energía y a una mayor demanda europea
Sin embargo, el escenario podría cambiar parcialmente en 2027. La previsión es que el crecimiento se mantenga en el entorno del 2,4% en España, pero con una cierta recomposición del mapa regional.
Las regiones industriales del norte podrían recuperar protagonismo gracias a la normalización de los precios de la energía y a una mayor demanda europea. País Vasco, Navarra y Aragón podrían crecer cerca del 2,8% liderando el avance de la actividad.
De la misma forma, Cataluña y el resto del norte podrían beneficiarse del repunte de la industria y crecer por encima del resto de España. Además, varias de estas comunidades, dado el envejecimiento de su población, pueden verse empujadas por las subidas de las pensiones, indexadas a la inflación y que podrían aumentar más que otras rentas.
Al mismo tiempo, algunas de las regiones que liderarán el crecimiento en 2026 verán moderado su avance. Es el caso de Canarias y Baleares, donde el turismo podría comenzar a mostrar signos de agotamiento.
La saturación de la capacidad, las dificultades para seguir aumentando la oferta y la normalización de destinos competidores limitarían su expansión, situando su crecimiento en torno al 2%.
Madrid mantendrá una posición sólida, creciendo en línea con la media nacional, apoyada en el consumo privado, el gasto en defensa y, sobre todo, en la fortaleza de las exportaciones de servicios.
El aumento del consumo público, dado el crecimiento que se prevé en los salarios de los funcionarios y la falta de medidas de consolidación por parte del Estado, favorecerían a comunidades con un mayor peso del empleo público, como Asturias (2,4 %), Andalucía (2,4%), Castilla-La Mancha (2,3%), Extremadura y la Región de Murcia (2,2%), que podrían crecer alrededor de la media.
Más allá de estas diferencias coyunturales, hay elementos comunes que atraviesan todo el territorio. El primero es la dependencia creciente de la demanda interna.
El consumo continuará siendo el principal sostén del crecimiento, mientras la inversión se verá condicionada por la evolución de los fondos europeos y por la incertidumbre fiscal.
El segundo es el papel central de la inmigración. El crecimiento del empleo y del PIB per cápita descansa en buena medida en la incorporación de trabajadores extranjeros, que ayudan a aliviar tensiones en el mercado laboral. Sin embargo, este modelo también evidencia sus límites: la productividad permanece estancada y el crecimiento se apoya más en la cantidad de empleo, con un producto por hora que prácticamente no ha aumentado en el conjunto de España.
El tercero es la aparición de cuellos de botella que pueden frenar el crecimiento. La vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas en las regiones más dinámicas, donde la oferta no logra responder al aumento de la demanda.
A ello se suma una restricción menos visible, pero igualmente relevante: la capacidad energética. La saturación de la red eléctrica limita la construcción y el desarrollo de nuevos proyectos, lo que puede convertirse en un freno estructural si no se acometen inversiones.
Por último, el contexto internacional seguirá siendo determinante. El encarecimiento de la energía, las tensiones comerciales y la evolución del conflicto geopolítico condicionarán especialmente a las regiones más industrializadas y abiertas al exterior y supone, en la actualidad, el mayor riesgo a la baja sobre este escenario, y más intenso a medida que la situación se extienda en el tiempo.
En paralelo, estos mismos factores pueden seguir beneficiando al turismo en el corto plazo, aunque con rendimientos decrecientes. Lo anterior, aunque no modifique la jerarquía de crecimiento entre regiones, puede suponer un sesgo a la baja significativo en algunas de ellas.
*** Giancarlo Carta y Pep Ruiz, BBVA Research.