Telemedicina

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Opinión

Cómo la IA y la telemedicina están acabando con el rechazo de los mayores a la tecnología

La adopción de la telemedicina y de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en el sector sanitario crece a ritmo de dos dígitos anuales y rompe los recelos de la gente de más edad hacia lo digital.

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España es el mayor mercado de telemedicina de la UE. Lo que empezó siendo una necesidad durante la pandemia se ha convertido en una costumbre para buena parte de españoles, que ahorran tiempo y desplazamientos con una modalidad que, además, cumple una importantísima función para el sistema sanitario: ayuda a descongestionar las listas de espera.

Las consultas médicas virtuales se han multiplicado por cinco desde 2021, y solo en el último año crecieron un 20%. La telemedicina ha dejado de ser una excepción para convertirse en una vía preferente para comunicarse con el médico, sobre todo en atención primaria, seguimiento de enfermedades crónicas y revisiones rutinarias.

Y es un alivio que así sea, porque no hace falta frecuentar mucho los hospitales para darte cuenta de que la sanidad -pública y privada- está saturada. No es un problema, como algunos piensan, de falta de médicos, sino de exceso de demanda asistencial, o, más bien de mala gestión de esta.

Según datos de la Organización Médica Colegial, hay en España actualmente 310.558 facultativos colegiados, 275.963 de ellos en activo. Ello nos sitúa por encima de la media europea con 633 facultativos por cada 100.000 habitantes, el mayor registro de la serie desde que hay datos. Pero en la próxima década se jubilará el 25%.

Y hay otros problemas, como la desigualdad geográfica. La mayoría viven en Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana, dejando a otras localidades huérfanas de facultativos. Eso, los que no se van al extranjero.

La telemedicina, de fácil manejo para una sociedad que ha aprendido a usar WhatsApp en todos sus tramos de edad, no es la única herramienta

En solo cinco años se han marchado 2.080 profesionales, la mayor parte de ellos a Francia y Reino Unido, donde el sueldo y las condiciones son más favorables.

Si cruzamos estas variables con la pirámide poblacional, las consecuencias pueden ser devastadoras para el sistema sanitario español. El envejecimiento de la población va a provocar una saturación aún mayor en unas consultas que ya hoy, no dan abasto. Aquí es donde entra en juego la tecnología.

Chats de IAG para el autotriaje

La telemedicina, de fácil manejo para una sociedad que ha aprendido a usar WhatsApp en todos sus tramos de edad, no es la única herramienta. La inteligencia artificial generativa está ganando peso a la hora de gestionar la demanda asistencial.

Los chats de atención médica son cada vez más habituales y permiten organizar de forma muy eficaz las agendas de los profesionales y los centros médicos.

Algunos centros lo emplean ya en el sistema de triaje, un procedimiento esencial en el ámbito sanitario que permite clasificar a los pacientes según la urgencia de su atención médica.

Así, una IA conversacional guía al paciente a través de preguntas similares a las que haría un médico, ayudándole a entender la urgencia de sus síntomas y orientándolo hacia el servicio sanitario adecuado.

Y es que solo hay una cosa peor para un paciente que los momentos de espera. Que te deriven de centro a centro, de especialidad a especialidad, hasta que te atiende el profesional adecuado.

Esta pérdida de tiempo (y derroche de recursos) no deberíamos permitírnosla en plena era de la IA. Porque si malo es para el paciente, malo es también para el médico, que invierte su tiempo en atender a enfermos a los que no puede ayudar, o no de la forma más adecuada.

Adiós a la brecha tecnológica

La buena noticia de estos adelantos es que están logrando romper la brecha tecnológica por motivos de edad. La adopción de la telemedicina y de la IAG en el sector sanitario crece a ritmo de dos dígitos anuales, y lo hace con la masiva incorporación de las personas de más edad al uso de este tipo de tecnologías.

Los problemas y reticencias que observamos por este colectivo a la hora de emplear servicios como la banca digital desaparecen cuando hablamos de salud. Si la alternativa es esperar días -o incluso semanas- para una consulta presencial, la tecnología deja de ser una barrera y se convierte en una solución.

Eso no quiere decir que no haya margen de mejora. Los dispositivos deben ser cada vez más sencillos, hasta volverse casi invisibles, como en el caso de los wearables, capaces de recopilar todo tipo de información médica sin apenas intervención del paciente.

Sin apenas notarlo, hemos entrado en la era del IoT (Internet de las cosas). Cuando los sistemas de monitorización pueden detectar caídas, alteraciones de tensión o patrones anómalos antes incluso de que el paciente sea consciente del problema es hora de sacarles el máximo provecho.

Máximo escollo, la financiación

Superado el principal escollo, la resistencia de los colectivos de mayor edad al uso de nuevas tecnologías, ¿qué impide a la sanidad española consolidarse como una de las más adelantadas en la necesaria digitalización de los procesos?

Lo cierto es que la implantación real requiere algo más que tecnología: necesita una estrategia nacional ambiciosa que se traduzca en una inversión sostenida. Hoy solo el 1,17% del gasto sanitario se destina a TIC, frente al 4–7% de países como Alemania o Francia.

El desahogo de las listas de espera requiere comprender que la tecnología es una pieza básica para complementar la atención presencial y de una apuesta decidida de la administración por las herramientas que pueden ayudar a descongestionar el sistema sanitario.

*** Alicia Richart es Socia en IBM Consulting.