Billetes y monedas

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Opinión

De la herencia a la administración: cómo las nuevas generaciones están reformulando la gestión patrimonial

Christian Thams
Publicada

En los próximos años asistiremos a uno de los mayores traspasos de riqueza de la historia contemporánea entre patrimonios elevados y muy elevados. No se trata únicamente de una cuestión cuantitativa, aunque las cifras son elocuentes, sino de un cambio profundo en la forma en que el capital será entendido, gestionado y proyectado hacia el futuro.

Por dar un poco de contexto a la magnitud, según datos de KPMG, solo en Europa casi 3,2 billones de euros pasarán de una generación a otra en los próximos años en el segmento de altos patrimonios. A escala global, distintas estimaciones apuntan a cifras aún más ambiciosas en el ámbito de los high net worth individuals (HNWI), con decenas de billones de dólares cambiando de manos en las próximas dos décadas.

La dimensión del movimiento explica por sí sola por qué estamos ante un punto de inflexión histórico: nunca una generación de grandes fortunas había transferido tanto capital en un periodo tan concentrado.

En España, el fenómeno también se deja sentir entre familias empresarias y grandes patrimonios acumulados durante el ciclo expansivo previo a la crisis financiera.

La concentración de activos financieros y empresariales en manos de generaciones próximas a la jubilación anticipa una transición que no será gradual, sino estructural. Sin embargo, lo verdaderamente transformador no es el volumen de activos transferidos, sino quién los recibe y cómo piensa gestionarlos.

Durante décadas, la gestión patrimonial estuvo centrada en la preservación y la estabilidad

Las nuevas generaciones, entra las que contamos principalmente millennials y parte de la generación X, no solo heredan capital. También asumen un entorno radicalmente distinto al que permitió su acumulación.

Han crecido en un contexto marcado por la crisis financiera de 2008, la pandemia, la digitalización acelerada, tensiones geopolíticas y una sensibilidad mucho mayor hacia cuestiones como la sostenibilidad, la gobernanza y el impacto social. Su relación con el riesgo, la liquidez y el propósito del patrimonio es distinta.

Distintos estudios y análisis lo confirman. Así, el World Wealth Report 2025 de Capgemini señala que el 88% de los relationship managers perciben que los inversores de nueva generación muestran mayor interés por activos alternativos que los baby boomers.

Además, la demanda de inversión con criterios ambientales, sociales y de gobernanza continúa creciendo entre herederos jóvenes, que tienden a vincular rentabilidad con coherencia ética y sostenibilidad a largo plazo.

Esta transformación cultural tiene implicaciones muy concretas. Durante décadas, la gestión patrimonial estuvo centrada en la preservación y la estabilidad.

En España, una parte relevante del traspaso intergeneracional se materializa en activos inmobiliarios,

Hoy, junto a esa lógica conservadora, emerge una visión más dinámica, que busca crecimiento estructural, exposición a innovación tecnológica, mercados privados y transición energética, pero sin renunciar a la disciplina.

El desafío no es menor. Diversos estudios académicos han señalado que la falta de planificación sucesoria adecuada es uno de los principales factores de erosión patrimonial intergeneracional.

El World Economic Forum ha advertido en distintos informes sobre la importancia de fortalecer la educación financiera para garantizar que las transferencias de riqueza no se traduzcan en una destrucción de valor a medio plazo.

En España, la propia evidencia recogida por analistas financieros indica que las herencias explican una parte sustancial de la desigualdad patrimonial, lo que subraya la necesidad de una gestión responsable y profesionalizada.

Además, la transición no es solo técnica, sino profundamente humana. El traspaso de patrimonio implica conversaciones complejas sobre liderazgo familiar, propósito empresarial, filantropía, gobernanza y continuidad. Muchas familias empresarias afrontan un doble reto: mantener la cohesión y, al mismo tiempo, adaptarse a un entorno competitivo donde la digitalización y la sostenibilidad redefinen sectores enteros.

A ello se suma una variable clave: el creciente protagonismo femenino en la titularidad y gestión del patrimonio. Estudios recientes apuntan a que, en Estados Unidos, decenas de billones de dólares pasarán a manos de mujeres en las próximas décadas, tanto por herencia directa como por supervivencia conyugal.

Este fenómeno también se replica en Europa y está transformando las dinámicas de decisión, con mayor énfasis en planificación a largo plazo, diversificación y criterios de impacto.

En paralelo, el patrimonio heredado no siempre es líquido ni homogéneo. En España, una parte relevante del traspaso intergeneracional se materializa en activos inmobiliarios, lo que obliga a decisiones estratégicas sobre venta, alquiler, profesionalización de la gestión o diversificación hacia otros activos. La transición, por tanto, no es automática: requiere diagnóstico, planificación fiscal, análisis de riesgos y una visión global.

El riesgo de improvisar es elevado. Las nuevas generaciones, a pesar de su alta formación académica, no siempre cuentan con experiencia directa en la administración de grandes estructuras patrimoniales. La sofisticación de los mercados financieros, la creciente regulación internacional y la complejidad fiscal multijurisdiccional hacen que la figura del asesoramiento especializado adquiera un papel determinante.

Pero asesorar hoy no significa simplemente gestionar carteras. Significa acompañar procesos de transición, facilitar el diálogo intergeneracional, estructurar soluciones que integren activos públicos y privados, y alinear la estrategia de inversión con los valores y objetivos de la familia.

La gran transferencia de riqueza no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Es el resultado de una acumulación histórica que coincide con una transformación estructural de la economía global.

Digitalización, inteligencia artificial, transición energética, fragmentación geopolítica y nuevas reglas comerciales redefinen el contexto en el que ese capital deberá trabajar.

Por eso, más que hablar de herencia, quizá convenga hablar de administración. La riqueza que cambiará de manos no es un premio, sino una responsabilidad.

Administrarla con rigor, profesionalidad y visión de largo plazo será determinante para preservar no solo el patrimonio, sino también el legado y la cohesión familiar.

En los próximos años, el éxito no dependerá únicamente de cuánto se herede, sino de cómo se gestione. La diferencia entre una transición ordenada y una oportunidad desperdiciada estará, en buena medida, en la calidad de la planificación y en la capacidad de las nuevas generaciones para combinar ambición, prudencia y criterio profesional.

***Christian Thams, director comercial de Lombard Odier en España.