Si Simón Bolívar levantara la cabeza, se volvería lleno de vergüenza a su tumba. La revolución que lleva su nombre ha conseguido transformar una nación soberana, Venezuela, en una colonia económica del imperio estadounidense.

En solo 25 años, por méritos propios, Venezuela ha pasado de ser un país soberano que producía 3,5 millones de barriles de petróleo diarios (bpd) en 2011 a menos de 1 millón de bpd. De exportar 72.000 millones de USD (dólares) en 2012 a no llegar a 7.600 en los últimos años. 

De ser un país receptor de emigrantes y oportunidades a que cerca de 9 millones de personas hayan abandonado Venezuela en los últimos 25 años. Además, lo han abandonado empresarios, profesionales, personas con formación y capaces de haberlo sacado adelante. Se ha descapitalizado en riqueza humana.

De mantener una democracia formal razonable, aunque quizás demasiado corrupta, a convertirse en un país de dictadores, totalmente corrupto y con fama de narcoestado. De elecciones más o menos transparentes a un fraude electoral que no ha podido sostener ni el propio gobierno.

La joya del caribe ha pasado a ser un país de mendigos subvencionados, con un ejército inútil, incapaz de defender a su presidente, y unas milicias revolucionarias de carácter fascista. 

Ahora Venezuela es una colonia del imperio del Sr. Trump. Le va a suministrar el crudo que desee, al precio que desee y cuando lo desee

En enero de 2026 la situación cuajó con la detención por fuerzas norteamericanas del presidente de facto (que no electo): el dictador Sr. Maduro. Siguiendo con su traslado a la justicia de EEUU acusado de varios cargos, entre ellos de tráfico de drogas de él y su familia.

Es lo que la historia recordará de la célebre revolución bolivariana que inició el comandante Chaves y continuó el conductor de autobuses Sr. Maduro.

Lo quiera ver o no la izquierda española, incluyendo el presidente Sánchez, este es el relato y el dato. 

Ahora Venezuela es una colonia del imperio del Sr. Trump. Le va a suministrar el crudo que desee, al precio que desee y cuando lo desee. 

La colonia tiene un gobernador de hecho, el poncio (pilatos) Marco Rubio, secretario de estado de asuntos exteriores de Trump. También tiene una herodes, la Sra. Delcy Rodríguez que ha sacrificado a su presidente para salvar su trasero y el de sus amigos. Una herodes que deberá sacrificar, poco a poco, ya lo está haciendo, a los allegados del régimen.

Si no lo hace el poncio le enviará los marines. No lo quieren ni ella, ni sus amigos, ni los norteamericanos. Así que Delcy va a derribar lo que pueda del sistema bolivariano para entregarlo, tarde o temprano, ¿a quién?, no se sabe…

En la historia económica las colonias estaban contempladas en el paradigma mercantilista. Un paradigma que, aunque parecía sepultado en el siglo XIX por el liberalismo, nunca dejó de estar presente en la economía de los imperios (el inglés, por ejemplo y ahora el norteamericano).

En ese paradigma, las colonias deben producir materias primas para la metrópoli, al precio que ésta marque y consumir lo que la metrópoli les envíe igualmente a los precios que ésta fije.  Es el negocio de la explotación colonial. 

¿Qué si no está preparando Trump? Un gran negocio. Recibirá petróleo venezolano a precio bajo y enviará material de explotación, técnicos y maquinaria norteamericana a precios altos.

Es la consecuencia de unos inútiles que no sabían de economía, ni de geopolítica. De unos utópicos que llegaron al poder, probablemente por la incapacidad, desidia y corrupción de Adecos y Copeyanos, socialdemócratas y democratacristianos, que les precedieron.

Una gran lección para todos los países hispánicos. Incluida la propia España.

Países que han visto como lo que no consiguió en Cartagena de las Indias el almirante inglés Vernon en 1741, lo ha hecho Trump en dos días. 

Pero entonces el imperio era España y toda la América hispana estaba unida ¡Eran otros tiempos! Tiempos en los que los de un lado y otro del Atlántico se consideraban españoles de una sola nación, sin distinguir en donde vivían, de donde venían y a donde iban.  

Aviso a navegantes: cuando las barbas de tu vecino veas rapar, pon las tuyas a remojar.

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.