La Encuesta de Población Activa (EPA) del IV Trimestre de 2025 sólo puede ser celebrada con alharacas por quienes confunden de manera deliberada o por la fe del carbonero la propaganda con la realidad. La tasa de paro del 9,93%, primer descenso del umbral psicológico del 10% en dieciocho años, es una aparente buena noticia, pero constituye un ejercicio de marketing que oculta la situación real del mercado laboral e ignora su potencial evolución a medio y largo plazo.
La cifra totémica del 9,93% de desempleo se ha visto acompañada por la destrucción neta de 32.500 puestos de trabajo en el sector privado, mientras la nómina de personal del Estado se ha incrementado en 108.700 nuevos efectivos. Se está ante una economía zombi, caracterizada por una vampírica extracción de sangre desde un sector de mercado cada vez más anémico hacia una burocracia hipertrófica.
A ello ha de añadirse, el aumento del empleo en los servicios, 78.300 personas versus su descenso en la industria, en donde se han perdido 37.800 puestos de trabajo. Ello refleja la configuración-consolidación de un modelo económico de baja productividad, poco valor añadido y escasa capacidad competitiva.
La expansión del empleo estatal se traduce en un incremento de la masa salarial del Estado y, en consecuencia, del gasto-déficit estructural, dado que aquella se incrusta de forma permanente en el corazón de las cuentas públicas. Con un coste laboral medio en el sector público (retribución bruta más cotizaciones sociales) de 50.440 euros anuales por ocupado, sólo las 108.700 personas incorporadas al aparato estatal en el último trimestre del año suponen un aumento del gasto público de 5.483 millones de euros/año, equivalente a 0,35 puntos porcentuales del PIB, un problema adicional para cumplir la senda de consolidación fiscal exigida por la Unión Europea.
Otra ficción sobre la idílica trayectoria del mercado laboral se sostiene sobre algo denunciado ad infinitum: el fraude semántico de la contratación indefinida, donde la figura del fijo-discontinuo ha sido elevada a categoría de dogma para ocultar la precariedad.
La EPA del IV Trimestre de 2025 muestra un descenso de la población activa de 59.900 personas
Si al dato oficial de desempleados en 2025 se le suman los aproximadamente 440.000 fijos-discontinuos que no trabajan, pero no computan como parados, la tasa de paro real escalaría hasta el 11,8%. La contabilidad creativa genera una brecha de casi dos puntos porcentuales entre la realidad material de las familias y la oficial del Gobierno.
La degradación del mercado laboral se manifiesta con crudeza en un subempleo cuyos niveles son inéditos en cualquier Estado de la UE y de la eurozona. En el IV Trimestre de 2025, la ocupación a tiempo completo ha descendido en 115.600 personas, cifra demoledora, «compensada» por la creación de 191.800 ocupaciones a tiempo parcial.
España es líder europeo en la infrautilización de su fuerza de trabajo. Se reparte la “escasez” creada por la hiper regulación del mercado laboral que hace imposible a un creciente número de españoles cubrir sus necesidades básicas con un único puesto de trabajo.
Por eso, el pluriempleo ha crecido de forma galopante. Cerca de 600.000 personas se ven obligadas a mantener más de una afiliación simultánea a la Seguridad Social para subsistir. El Gobierno presume de un récord histórico de afiliaciones, pero omite que ello no significa que trabajen más personas, sino que muchas han de tener más de un puesto de trabajo para poder sobrevivir.
La EPA del IV Trimestre de 2025 muestra un descenso de la población activa de 59.900 personas. La tasa de actividad ha retrocedido al 58,94% versus su alza en la media UE y en la zona euro al 75,4 y al 75,1% respectivamente. Este dato es otro jarro de agua fría al triunfalismo gubernamental.
Si la tasa de paro baja porque el denominador se contrae, la razón es clara: muchos individuos han perdido la esperanza de trabajar. Alrededor del 22% de los parados de larga duración han abandonado la búsqueda activa de empleo para pasar a la inactividad (el llamado efecto desánimo) y, en los mayores de 50 años, que, suponen el 53% de ese colectivo, la cifra se eleva al 38%.
Los indicadoresdel IV Trimestre no son positivos: una tasa de paro real del 11,8% frente al 9,93% estadístico; una pérdida de 115.600 empleos a jornada completa frente a la creación de 191.800 parciales; y una asfixia del sector privado que destruyó 32.500 empleos mientras el del sector público se expande en 108.700.
Pero ahí no acaba la historia ya que el balance global de 2025 es sencillamente malo. Se destruyeron 245.000 puestos de trabajo de 40 horas semanales y se crearon 410.000 a tiempo parcial.
El sector privado cerró con una pérdida neta de 85.000 empleos y el Estado contrató a 220.000 nuevos efectivos. Por cada puesto de trabajo privado desaparecido, el sector público creó casi tres.
En conclusión, los resultados de la EPA del IV Trimestre de 2025 y los del año en su conjunto no constituyen un hito de convergencia real del binomio empleo-paro hacia la media de la UE y de la eurozona, sino reflejan un proceso de descapitalización laboral y material de los trabajadores españoles y de degradación institucional del mercado de trabajo cuya evolución en el medio plazo sólo va a empeorar.
La combinación de un país de “trabajadores pobres” con un Estado que demanda cada vez más recursos para financiarse es un desastre.