El impacto de la IA
Pocas cosas hay menos innovadoras que empezar el año haciendo una lista de predicciones tecnológicas para los próximos doce meses. También es tradicional fallar en todas, o en casi todas. Porque si algo ha demostrado 2026, en solo tres días, es su capacidad para sorprender al mundo entero. Nada hay seguro en el nuevo orden internacional.
Sin embargo, y a pesar de los vaivenes que pueda dar la política internacional, los economistas auguran un buen año para el conjunto del planeta. En términos macroeconómicos, el consenso de expertos apunta a que la economía global no solo evitará una recesión, sino que crecerá a un ritmo moderado pero sostenible.
El Goldman Sachs Research proyecta que el producto interior bruto (PIB) mundial aumentará alrededor de un 2,8% en 2026, una cifra que supera ligeramente las estimaciones de consenso y refleja una recuperación equilibrada tras los desafíos de inflación y disrupciones del último lustro.
Es la hora, dicen algunos, de que la inteligencia artificial capture su valor real. Que pase del laboratorio y los experimentos al corazón de la economía real. De que finalice la era del entusiasmo mediático.
Los modelos de IAG (IA Generativa) ya nos han sorprendido a todos, y ya hemos tenido tiempo de aprender a usarlos. Ahora es el momento de que se conviertan en el motor de la economía mundial.
En todos los sectores, la IA está pasando de responder preguntas a colaborar activamente con las personas y ampliar sus conocimientos. En menos tiempo de lo esperado, la IA generativa ha dejado de ser una curiosidad experimental para convertirse en un motor de negocio.
Desde asistentes automáticos que generan código hasta plataformas que optimizan procesos internos, las aplicaciones comerciales de los modelos de IAG ya aportan cifras de ingresos medibles a empresas de software, publicidad, comercio electrónico y servicios digitales.
La importancia económica de esta transformación se ve reforzada por otros pronósticos: Goldman Sachs Research anticipa que la inversión global en inteligencia artificial podría superar los 500.000 millones de dólares en 2026, impulsada por los grandes hiperescaladores de infraestructura.
Ese nivel de gasto —que incluye expansión de centros de datos, contratación de talento especializado y desarrollo de nuevas aplicaciones basadas en IA— no es un simple despliegue de recursos, sino una apuesta estratégica por transformar productos, servicios y modelos de negocio enteros.
El año de la IA agéntica
En lo que parecen coincidir todas las predicciones es en destacar que 2026 será el año del desarrollo de la IA agéntica. Deloitte prevé que, para finales de este año, hasta un 75% de las empresas podrían estar invirtiendo en estas herramientas (sistemas autónomos que pueden planificar, actuar y adaptarse con una supervisión humana limitada).
Estos agentes de IA están llamados a convertirse en “compañeros de trabajo digitales”, ayudando a los equipos pequeños a rendir por encima de sus posibilidades. Microsoft prevé un futuro en el que un equipo de marketing de tres personas pueda lanzar una campaña global en cuestión de días, con la IA encargándose del procesamiento de datos y la generación de contenidos, mientras que los humanos dirigen la estrategia.
Hasta un 75 % de las empresas podrían estar invirtiendo en IA agéntica a finales de 2026
Un estudio de IBM, presentado en octubre de 2025, respalda esta visión. Según los resultados, el 61% de los ejecutivos españoles afirman que sus organizaciones ya han logrado mejoras significativas en la productividad operativa utilizando IA. El optimismo es aún mayor en torno a los agentes de IA: el 92% de los responsables encuestados espera en que la IA agéntica ofrecerá un ROI medible en los próximos dos años.
En cuanto a las áreas donde la IA está generando mayores ganancias de productividad, destacan en España los Recursos Humanos y la formación (31%), el desarrollo de software e IT (30%), y publicidad y marketing (29%).
Al mismo tiempo, los ejecutivos españoles señalaron que los tres principales beneficios de la mejora en productividad son una mayor eficiencia operativa (54%), una mejor toma de decisiones (53%) y una mayor optimización y modernización en el área IT (50%), así como la modernización de aplicaciones o en programación.
Tras años de expectación, por fin se espera que las ganancias de productividad derivadas de la IA se materialicen de forma cuantificable. Morgan Stanley señala la eficiencia impulsada por la IA como uno de los seis factores clave de sus optimistas perspectivas de beneficios.
El año del “show me the money”
Con todo, no faltan advertencias sobre la sostenibilidad del ciclo de inversión en IA. Algunos analistas financieros han descrito la posibilidad de una “burbuja” en este sector y han señalado que el mercado podría ajustar esas valoraciones si no se traducen en resultados económicos concretos.
2026 se perfila como un año definitorio para la tecnología y, en especial, para la inteligencia artificial. Ya no se trata únicamente de promesas tecnológicas o de la fascinación por modelos avanzados, sino de evaluar cuánto valor económico tangible están aportando estas herramientas al tejido productivo global.
Si 2025 fue el año de la adopción, 2026 será el del “muéstrame el dinero”
Los pronósticos económicos de este año —desde el crecimiento del PIB global hasta las proyecciones de ingresos de IA generativa y el estructural impulso de inversión tecnológica— pintan una imagen compleja pero optimista: una economía mundial en expansión moderada, alimentada en parte por una adopción más profunda de la inteligencia artificial, pero también sujeta a riesgos de valoración y ajuste de expectativas.
Si 2025 fue el año de la adopción, 2026 será el del “muéstrame el dinero”. El momento en que la tecnología debe probar que no solo transforma procesos, sino que crea valor económico real y sostenible en toda la economía.
*** Alicia Richart es directora general de Afiniti para España y Portugal.