Centro de datos

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Opinión

Las fábricas del dato: la industria que España no puede dejar escapar

Markel Gruber
Publicada

En la economía digital no hay sanidad, industria o administración pública sin infraestructuras capaces de procesar y almacenar datos a gran escala. No hay inteligencia artificial ni servicios en la nube sin centros de datos.

En los últimos años nuestro país ha pasado de ser un mercado emergente a consolidarse como uno de los hubs de centros de datos más dinámicos de Europa. Grandes inversores han anunciado proyectos por miles de millones de euros, convertidos ya en una infraestructura estratégica equiparable a la logística, el transporte o la energía.

Quienes llevamos más de un cuarto de siglo operando centros de datos y redes críticas en España y en otros mercados sabemos que este crecimiento no es una moda pasajera. Es la respuesta natural a tres fuerzas entrelazadas: la digitalización de todos los sectores, la expansión de la inteligencia artificial y la necesidad de garantizar la soberanía del dato dentro de la UE.

Nuestra posición geográfica nos convierte en puerta natural entre Europa, África y América; los cables submarinos que aterrizan en nuestras costas nos sitúan en el mapa global de la conectividad. A ello se suma una de las canastas de energías renovables más competitivas del continente, con abundante recurso solar y eólico y un tejido empresarial energético experimentado.

Esta combinación nos convierte en un lugar idóneo para alojar grandes infraestructuras digitales. Pero no estamos solos: Portugal se mueve rápido para atraer inversiones y posicionarse como hub alternativo en la fachada atlántica.

España tiene la oportunidad de consolidarse como hub de datos y no podemos perder este tren

La competición es positiva, pero obliga a España a actuar con decisión si no quiere ver cómo parte de ese flujo de inversión cruza la frontera.

El Primer Barómetro de Percepción Social de los Centros de Datos en España muestra, además, que la ciudadanía va por delante. Un 85% de la población conoce estas infraestructuras y entiende su importancia, a pesar de las preocupaciones en términos de protección de datos y ciberseguridad.

Es decir, la sociedad entiende que sin centros de datos no hay servicios digitales, pero exige garantías y transparencia.

El cuello de botella ya no es la demanda digital, sino la capacidad de la red eléctrica para acompañar proyectos de muy alta potencia concentrados en pocos puntos. Por eso es esencial que los planes de redes prioricen los proyectos maduros que cuentan con infraestructuras y permisos adecuados.

No se trata solo de conectar más megavatios, sino de hacerlo allí donde el impacto económico, social y tecnológico va a ser mayor y más rápido. Desde la perspectiva de quien lleva décadas invirtiendo y operando centros de datos en el país, la receta es clara: reglas estables, procesos ágiles y prioridad a los proyectos que aportan certeza y no desplazan inversiones.

La cuestión energética merece una reflexión aparte. Los grandes campus de datos en España somos “nativos sostenibles”: se diseñan con contratos de suministro renovable a largo plazo, integración de fotovoltaica y eólica y soluciones avanzadas de refrigeración y eficiencia. Lejos de ser “consumidores pasivos”, pueden actuar como demanda flexible, ayudando a estabilizar el sistema, maximizando la productividad de los centros de datos sin renunciar a la descarbonización.

Pero el debate no es solo energético. Es también industrial y territorial. Los centros de datos son fábricas modernas que requieren ingenieros, técnicos de operaciones, especialistas en ciberseguridad, mantenimiento eléctrico y mecánico de alto nivel. Generan empleo estable y cualificado y pueden convertirse en palanca para vertebrar el país, situando infraestructuras en territorios estratégicos y evitando la fuga de talento.

Madrid y Barcelona siguen siendo los nodos principales, pero nuevas localizaciones del interior peninsular empiezan a configurarse como polos de nube e inteligencia artificial gracias a la disponibilidad de energía renovable y espacio.

Esta diversificación territorial no resta importancia a Madrid; al contrario, la refuerza como corazón de un ecosistema donde confluyen empresas tecnológicas, servicios financieros, sedes corporativas y centros de decisión. La capital está especialmente bien posicionada por la altísima demanda que generan las compañías instaladas en la ciudad y su área metropolitana.

España tiene la oportunidad de consolidarse como hub de datos y no podemos perder este tren.

Por todo ello, la prioridad de la política debería ser clara y reconocer a los centros de datos como infraestructuras estratégicas, garantizarles un marco regulatorio estable y predecible, agilizar la tramitación de los proyectos maduros y alinear la planificación de redes con la realidad del despliegue digital y de la transición energética. 

España tiene la oportunidad de consolidarse como gran hub de datos del sur de Europa y operadores consolidados y de reconocido prestigio como Global Switch están bien posicionados para ayudar al gobierno a cumplir sus ambiciones de tener soberanía sobre la IA y el dato de sus ciudadanos. Por eso, no podemos perder este tren.

*** Markel Gruber, Director General de Global Switch en España.