Es sensato a principios de un año prever lo que puede pasar. Como también es sensato pensar que esa predicción se puede cambiar con cualquier acontecimiento inesperado o por la acción de los gobiernos. Pero nunca se puede rectificar si antes no se ha establecido una visión previa.
Así que sería prudente definir los efectos sociales de la economía de España este año, para poder rectificar si hace falta.
Para el ciudadano corriente de clase media, la situación en 2026 puede ser igual que en 2025 ¿Qué significa eso?
Pues que los datos macroeconómicos seguirán una senda similar a 2025. Por ejemplo, el crecimiento del PIB crecerá algo más de lo que los expertos están augurando.
En lugar del 2,5%/2,6% pronosticado por los organismos internacionales y el propio Gobierno, se acercará al 2,8%/3,0%. Lo que permitirá al Gobierno asegurar que España crece por encima de los países desarrollados. En parte por el aumento de población migrante.
Una subida de salarios por encima del 5% podría dar lugar a una espiral salarios/precios que haga de España un país todavía más caro para los naturales y los extranjeros
¿Y qué? Puede preguntar con desconfianza ese ciudadano corriente de clase media. Pues que ese crecimiento se trasladará a los precios de los servicios y productos, porque la demanda agregada crecerá debido a que habrá más poder de compra. Una subida más alta en los consumos esenciales para la clase media: vivienda, cesta de la compra, educación, sanidad, ocio, vacaciones …
De manera que si la renta de ese ciudadano corriente de clase media no crece por encima del 5%, o más, puede que tenga la sensación de que la capacidad adquisitiva de sus rentas, especialmente las salariales, no sólo no crezca en 2026, sino que baje.
Una subida de salarios por encima del 5% podría dar lugar a una espiral salarios/precios que haga de España un país todavía más caro para los naturales y los extranjeros. Por tanto, es improbable que se produzca.
El INE dirá lo que quiera, pero la sensación del ciudadano corriente de clase media española es que su capacidad adquisitiva se reduce año a año.
Mientras las rentas altas tendrán una sensación contraria. No porque los precios sean menores para ellas, sino porque sus rentas subirán muy por encima de las de las clases medias
Sobre todo, si la voracidad de las Administraciones públicas sigue persiguiendo al contribuyente. El IVA de precios altos es un IVA alto. El IRPF, sin deflactar sus distintos niveles, es claramente expropiador. Las tasas de todo tipo abusan del consumidor. Los impuestos sobre los carburantes los encarecen sin que la clase media pueda defenderse de ellos…
Por todo ello, el ciudadano corriente de clase media está cada vez más agobiado. El volumen de sus ahorros bajará más. Una disminución que se verá compensada por la atracción de capital extranjero dispuesto a invertir en el sector inmobiliario español. En particular en los centros de las grandes ciudades, convirtiéndolas en zonas de turismo de lujo, expulsando de ellas a las clases medias.
Clase media, que para compensar la disminución de su capacidad de adquisición de sus rentas, ante la demanda extranjera y de otros sectores de renta alta, pensará en vender sus actuales hogares para comprar otros de menos precio.
Mientras las rentas altas tendrán una sensación contraria. No porque los precios sean menores para ellas, sino porque sus rentas subirán muy por encima de las de las clases medias. Habrá una sensación de inequidad favorable a las clases altas cada vez mayor.
Por el contrario, por debajo de la pirámide social, los miembros de las capas más desfavorecidas tendrán una sensación agridulce. Verán como las subvenciones que reciben en términos absolutos crecerán. Pero no tanto como para compensar su pérdida de poder adquisitivo, salvo algunos pequeños colectivos.
A cambio, la presión migratoria competirá por los puestos de trabajo que se creen ofreciéndose para cubrirlos a menor coste. El crecimiento del PIB necesita del aumento de la población. Pero eso no quiere decir que esa población aumente su renta real per cápita.
El paso de votantes del partido socialista directamente a VOX o a Alianza Catalana en Cataluña, es un síntoma de que todo esto está ocurriendo, tanto en la clase media como en los estratos más desfavorecidos.
Si el Gobierno no lo quiere ver es porque está ensimismado en su propia inanidad, incapaz de analizar la situación social. Algo mortal para un partido socialista.
** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.