¿Están preparadas las empresas para la llegada del metaverso?

¿Están preparadas las empresas para la llegada del metaverso?

La tribuna

¿Están preparadas las empresas para la llegada del metaverso?

5 octubre, 2022 03:14

En los últimos años la innovación, la disrupción tecnológica y el cambio de hábitos por parte de los consumidores están dando paso a una convergencia cada vez mayor entre el mundo físico y el digital y todo apunta a que la llegada del metaverso cambiará nuestra manera de vivir. El concepto, tan valioso como ambiguo, supone una puerta al futuro y las empresas deben anticiparse y conocer cuál será el impacto de esta nueva disciplina en su negocio, adaptando sus estrategias, según lo que aspiran a ser en esta nueva realidad alternativa.

Existe un amplio consenso en que la web3 y el metaverso son la evolución natural de la web actual, lo que ha desembocado en inversiones billonarias por parte de los gigantes tecnológicos como Microsoft o Sony, entre otros. De hecho, la inversión total de los primeros meses de 2022 ha superado los 120.000 millones de dólares, frente a los 57.000 millones que se le destinaron a lo largo de 2021.

Es difícil vaticinar cuántos años faltan para que la realidad aumentada y virtual se conviertan en una parte relevante de nuestro día a día. Lo que sí está claro es que cuando los principales habilitadores estén (conectividad y dispositivos con buena experiencia de usuario a escala y contenido interesante), el crecimiento en la adopción será exponencial, por eso no es inteligente para las empresas esperar a que ya haya adopción masiva si no quieren perderse ese crecimiento exponencial.

Aun así, a pesar de que parece evidente la necesidad de sumergirse en la corriente y enfocar la inversión hacia este novedoso concepto, resulta necesario echar la vista atrás y revisar disrupciones tecnológicas anteriores para valorar la magnitud de los beneficios y perjuicios que podría traer consigo el metaverso y cómo las empresas pueden adaptarse a esta nueva disciplina para aprovechar todo su potencial.

La novedad de la Web 1.0 y 2.0 fue descubrir qué es lo que los clientes realmente querían. Y las empresas, desde entonces, comenzaron a dárselo. Amazon incorporó la política de devolución sencilla y sin preguntas, Facebook facilitó la conexión con viejos amigos y Google hizo posible la búsqueda de lo que se quería en Internet. Ahora, el reto del metaverso consiste en descubrir cuál será el factor que marcará la diferencia con respecto a las revoluciones anteriores en Internet. El ‘qué ofrecerá’ ha de enfocarse en ‘qué problema resolverá’.

Una de las lecciones más rescatables del boom y la quiebra de las ‘puntocom’ es que muchos negocios no valoraron sus estrategias con una perspectiva de viabilidad a largo plazo

Es posible que organizar una reunión en un espacio virtual con avatares no aporte más valor que el que proporciona actualmente Zoom, pero la posibilidad de realizar pruebas para un producto utilizando un gemelo digital, por ejemplo, sí que parece algo revolucionario y que el metaverso será capaz de ofrecer.

Aun así, al igual que ocurría en las primeras versiones de Internet a principios de los 90, las herramientas para lograr que la experiencia dentro de ese nuevo entorno virtual sea óptima aún no se han creado, por lo que todavía no está claro el momento en el que llegue su adopción masiva. No obstante, identificamos algunos requisitos capaces de acelerar la adopción, como la creación de un hardware cómodo y fácil de configurar, la optimización de la experiencia del usuario y un ancho de banda que permita las interacciones de la realidad virtual de calidad y en tiempo real.

Además, las compañías, como ya lo vienen haciendo, deberán adaptarse a los nuevos hábitos de los usuarios. Teniendo en cuenta que, de entre las más de 3.000 millones de personas en todo el mundo que ya tienen acceso a diferentes versiones del metaverso el 59% prefiere al menos una experiencia en el metaverso antes que en su vida alternativa física, las empresas deberán adaptar sus estrategias para también poder satisfacer a todos estos usuarios, tendrán que adoptar un enfoque omniverso, en el que el mundo físico y digital estén conectados, de manera que haya un óptimo aprovechamiento de ambos entornos.

Pero el buen resultado no sólo dependerá de cómo las empresas se adapten a esta nueva disciplina. El éxito del metaverso también estará supeditado a la implantación de una estrategia a largo plazo por parte de las empresas que den el salto al nuevo mundo virtual. Una estrategia de futuro.

Y es que una de las lecciones más rescatables del boom y la quiebra de las ‘puntocom’ es que muchos negocios no valoraron sus estrategias con una perspectiva de viabilidad a largo plazo. En este sentido, las empresas tienen que tener muy claro cómo y dónde conectar con los usuarios en el metaverso, estableciendo qué nuevas experiencias se van a adaptar al mundo virtual y cómo estas se van a transformar concretamente en ventas, donde los usuarios paguen por sus productos o servicios.

No obstante, no se puede dejar de lado que la tecnología también ha servido como amplificador de los aspectos negativos de las interacciones humanas, por lo que los riesgos asociados a Internet también se multiplicarán con la llegada del metaverso. Aspectos como la ciberdelincuencia, la falsificación o los asaltos virtuales serán varias de las principales amenazas que traerá consigo la nueva realidad alternativa, por lo que las empresas deberán prestar especial atención a los riesgos asociados y cómo evitarlos, preverlos o mitigarlos, a la hora de construir su presencia virtual.

En definitiva, el metaverso ha brindado a las compañías de todos los sectores la oportunidad de sumarse a la digitalización a través de un concepto innovador que aprovecha las ventajas de la realidad virtual e inmersiva, entre otras, para crear un nuevo ecosistema digital. El reto al que se enfrentan ahora las compañías reside en anticiparse y desarrollar una estrategia a largo plazo, capaz de identificar las oportunidades y los riesgos propios de esta nueva realidad alternativa para, finalmente, aprovechar al máximo todo su potencial en el futuro.

*** Emilio Capela, socio de McKinsey & Company. 

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