G7: expectativas económicas y cambio fiscal

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La tribuna

G7: Ajustar la fiscalidad a las necesidades del siglo XXI

19 junio, 2021 02:26

Pensamos que el acuerdo fiscal del G7 es, en primer lugar, una señal política a favor del multilateralismo. El Gobierno de Biden está dispuesto a dejar que otros países graven a los gigantes tecnológicos estadounidenses a cambio de poner fin a la carrera a la baja en la fiscalidad internacional de las empresas, introduciendo un tipo impositivo mínimo de al menos el 15%.

De este modo, también se reduce el riesgo de una fiscalidad internacional muy heterogénea y confusa y la aparición de una "guerra fiscal". Esto da claridad a las empresas que operan internacionalmente.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la propuesta sólo afecta a un pequeño número de empresas ("al 20% de los beneficios que superen un margen del 10% para las empresas multinacionales más grandes y rentables"). Esto limita el impacto, ya que, por ejemplo, Amazon no entraría en este criterio.

Además, el proceso no ha hecho más que empezar. La próxima parada es la reunión del G20 del 30 al 31 de octubre en Roma. Y cuando llegue a la UE, es probable que haya una fuerte resistencia por parte de los paraísos fiscales como Irlanda, ya que las decisiones sobre la política fiscal de la UE requieren unanimidad.

En el Congreso de EEUU dos tercios deben dar su aprobación y el acuerdo ya se enfrenta a la oposición. También está por ver cómo se concreta el pacto. El Reino Unido ya exigió exenciones para los servicios financieros, y queda por ver cuántas lagunas serán necesarias al final para fijar el acuerdo a nivel internacional.

Por último, es probable que la introducción progresiva de esta normativa lleve tiempo una vez acordada. Aunque es probable que el impacto económico inmediato sea bajo, se tomará como una señal de que la lucha contra los paraísos fiscales ha pasado de ladrar a morder.

Se reduce el riesgo de una fiscalidad internacional muy heterogénea y confusa y la aparición de una "guerra fiscal"

Teniendo en cuenta que solo afectará al 20% de los beneficios que superen un margen del 10% para las empresas multinacionales más grandes y rentables, el universo de empresas afectadas parece ser bastante limitado.

La propuesta inicial de EEUU consistía en afectar únicamente a las 100 empresas más rentables. Conjeturamos que estas empresas pueden digerir relativamente bien esa imposición adicional y que siguen siendo atractivas. En cambio, no embarcarse en una evasión fiscal agresiva forma parte de los criterios ESG.

En este contexto, las empresas más rentables que pagan impuestos también podrían ganar reputación ante los gobiernos de las economías más pequeñas o más pobres. La evolución del mercado bursátil justo después del anuncio del acuerdo fiscal también respalda la idea de un impacto reducido.

Está claro que una mayor fiscalidad per se no es una ventaja para ningún sector o empresa. Las empresas que pagan tipos impositivos efectivos bajos y tienen una elevada exposición a los ingresos extranjeros son las más afectadas potencialmente. Aquí pensamos en primer lugar en las empresas tecnológicas y sanitarias. Es poco probable que el impacto en los beneficios de estas empresas sea fuerte.

Las decisiones de inversión directa en el extranjero de las empresas se guían por un conjunto de factores, entre los que destacan la proximidad del mercado en cuestión, la disponibilidad de mano de obra cualificada y un sistema social (político, jurídico) estable.

Entre los países de la OCDE, el tipo general del impuesto de Sociedades sólo es inferior al 15% en Hungría (9%) e Irlanda (12,5%) y es dudoso que un aumento de este umbral tenga un efecto decisivo sobre la inversión directa.

Sin embargo, los paraísos seguros que presentan un tipo impositivo global cero en el impuesto de sociedades (por ejemplo, las islas Caimán, la isla de Man, etc.) perderán atractivo, como se pretende.

Hasta ahora, la imposición de los factores de movilidad en la producción se consideraba problemática, por lo que había que gravar en primer lugar los factores de producción relativamente inmóviles, como el trabajo.

Con los últimos cambios tecnológicos tectónicos (inteligencia artificial, automatización) hay razones para esperar que no sólo la producción sea muy intensiva en capital, sino que también el rendimiento del capital (TI, capital humano altamente especializado) siga siendo alto e incluso pueda aumentar.

En este entorno, se espera que el problema de la desigualdad se convierta en un tema dominante y es probable que también se aborde desde el punto de vista fiscal.

Los políticos buscarán formas inteligentes de mantener la paz social controlando el grado de desigualdad al tiempo que digieren el impacto de Covid-19 en las finanzas públicas. En este contexto, el acuerdo fiscal del G7 es un comienzo para revisar el sistema fiscal mundial y ajustarlo a las necesidades del siglo XXI. 

*** Martin Wolburg ES economista senior de Generali Insurance AM.

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