Wall Street.

Wall Street. CARLO ALLEGRI Thomson Reuters

La tribuna

Las bolsas y el experimento del mentos en la Coca-Cola

5 abril, 2021 03:29

Alan Greenspan se refirió al hedge fund Long Term Capital Management (LTCM) como el guión más dramático para un naufragio financiero que ni siquiera Hollywood podría haber escrito. LTCM fue un hito en su momento. Constituido como un selecto club de inversión para ricos, reunió algunas de las mentes más lúcidas entre las cuales se incluían dos premios nobel, Myron Scholes y Robert Merton. El propio Warren Buffett dijo que "sería imposible encontrar a otro grupo de personas con más inteligencia en Estados Unidos trabajando juntos en una oficina". En total eran 16 financieros y matemáticos con un excelente currículum y una trayectoria brillante, pero en resumen: quebraron. ¿El motivo? No fue la avaricia, ni un exceso de ambición, simplemente arriesgaron el dinero que tenían y necesitaban para ganar un dinero que no necesitaban.

Aquello ocurrió en 1998. Recuerdo que por aquel entonces recién empezaba mi carrera y fue entonces donde tuve mi primer contacto con una gran crisis. Aunque para la gran mayoría de los noveles inversores de hoy la historia no les suene, tengo que decirles que fue realmente impactante. Por resumir muy brevemente, su estrategia consistía en invertir en una proporción de 35 a 1 cada dólar. Aquello me pareció alquimia.

23 años después hemos tenido episodios parecidos, si no idénticos, lo que demuestra que el hombre, en concreto la subespecie inversora, no aprende jamás de sus errores.

Hace apenas unos días conocimos que un hedge fund de nombre tan exótico, y tengo que decir que bien elegido atendiendo a su etimología latina ("autor"), como Archegos Capital, liquidaba de manera apresurada sus posiciones tras sufrir un margin call. Como de este término ya estamos sobrados de conocimiento después de la muy reciente experiencia de Melvin Capital y GameStop, no hace falta añadir mucho más sobre lo que significa reponer márgenes.

Las pérdidas derivadas por las caídas en sus posiciones apalancadas se irán conociendo poco a poco, pero me quedo con la idea de que el apalancamiento era de alrededor de diez veces, aunque tampoco hay certeza sobre esto. Y más que el apalancamiento, lo que me asombra de todo esto es que empiezan a sucederse quiebras masivas de fondos apalancados ante la impasible mirada de los inversores, que ven esto como algo anecdótico.

Obviamente, ante un hecho de estas características lo que no podemos hacer tampoco es de entrar en histeria y empezar a liquidar las posiciones de contado, es decir, inversiones directas no apalancadas. Pero dado que no es un hecho aislado, como sí lo fue la quiebra del LTCM, conviene reflexionar.

En 1998, la Fed de Nueva York se escudó en que dado que su cometido es "ayudar" a mantener el orden en los mercados, le llamó especialmente la atención el efecto que podría generar en los inversores una quiebra como la del LTCM. Adivinen qué ocurrió. Exacto, con la autorización del propio Greenspan, la Fed intervino reuniendo a los altos cargos de los bancos y firmas de inversión más poderosos y les urgió a una solución consistente en una inyección de 3.500 millones de dólares de forma que la liquidación se llevase de forma ordenada.

En otras palabras, fue el primer “too big to fail”. Lamentablemente, la historia se repite demasiadas veces. Hasta tal punto, que hoy no hay una idea de lo grande que tiene que ser una entidad para ser rescatada. Pase lo que pase en los mercados norteamericanos, la Fed intervendrá. Ese mantra es lo que provoca que en una semana en la que, como mínimo, se debería haber realizado una pausa para reflexionar si no hemos llegado demasiado lejos, los inversores se fumaron un puro. No solo eso, han llevado al índice S&P500 a superar, por primera vez en su historia, los 4.000 puntos. Definitivamente, estamos locos.

La complacencia va a matar a los mercados, que, para mí, ya se comportan como zombies. Esto no va ya de burbujas, de valoraciones o de estilos value vs growth. No va de tipos de interés negativos y la búsqueda del santo grial del yield. Va de que a los inversores se les ha olvidado lo que es el riesgo. Simple y llanamente.

La banca de inversión vive una etapa de esplendor y los bonus de los banqueros un florecimiento que sin embargo deja un ligero tufillo a que esto se les ha ido de las manos.

Esta semana, debutó en bolsa Coursera. Quién no ha solicitado un curso en esta plataforma en los últimos diez años. Siendo un negocio corriente y sin barreras de entrada simplemente destaca porque fueron pioneros en el desarrollo del e-learning accesible. Su debut en bolsa fue, como no podía ser de otra manera, espléndido. Y repito, sin haber sido una disrupción ni ser una start-up prometedora, lo hizo con un espectacular valor de mercado que supera en 14 veces sus ingresos.

Y Deliveroo. Qué decir de una compañía que no es capaz ni de pasar el tamiz del ESG, un rodillo que hoy tritura las compañías y de la que renegaron gestoras británicas de renombre y firmas de inversión reputadas. Sus caídas fueron tan llamativas como lógicas. Pero al margen de esos movimientos, lo que me asombró es que los bancos consiguieran reunir inversores a los que "colocar", semejante muerto. Bravo por los banqueros que lo consiguieron, por su audacia y por el bonus que se han llevado.

Vivimos días de vino y rosas para los mercados. Definitivamente, las bolsas se han convertido desde hace tiempo en el experimento del mentos en la coca-cola.

***Alberto Roldán es socio de Divacons-Alphavalue.

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