Mujer contemplando unos edificios.

Mujer contemplando unos edificios. Istock

Observatorio de la vivienda

La vivienda ya es un lujo también para los mayores de 40 años: más de dos millones no pueden ni comprar ni alquilar

GAD3 alerta de que la vivienda ya marca la mayor brecha social en España.

Más información: Los decretos de Sánchez protegerán a los inquilinos que tienen contrato ahora mismo a costa de quienes buscan casa

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Más de dos millones de españoles mayores de 40 años no pueden comprar ni alquilar una vivienda debido a los altos precios y la falta de oferta, convirtiéndose en una brecha de desigualdad clave.

Las barreras económicas son el principal obstáculo para el 41% de los ciudadanos, mientras que el precio de la vivienda ha subido un 12,2% interanual y cada piso de alquiler recibe 133 interesados.

El 54% de los inquilinos ha tenido que renunciar a un piso por no cumplir con las elevadas condiciones de los propietarios, cifra que sube al 68% en el tramo de edad de 30 a 44 años.

La crisis residencial impacta en el ámbito personal: un 38% siente inseguridad sobre su estabilidad familiar y un 12% ha pospuesto o renunciado a la decisión de formar una familia.

El III Barómetro de Vivienda y Dignidad atribuye ese bloqueo a precios crecientes, escasez de oferta y dificultades de financiación; además, los ingresos de muchos hogares no siguen el ritmo de la subida de precios.

Ya han ocurrido pérdidas de oportunidades de acceso que aumentan la competencia por menos pisos; en el futuro podría agravarse la exclusión residencial y la dificultad para planificar familia y estabilidad.

Narciso Michavila preside GAD3 y presentó el III Barómetro de Vivienda y Dignidad; sus sondeos sirven como referencia para medir percepciones sociales y alimentar el debate público y político sobre vivienda.

El repunte del Euríbor ha encarecido hipotecas variables, aumentando cuotas y empujando a muchos a buscar tipo fijo o a posponer compra; eso reduce la capacidad de ahorro y el acceso a la compra en ese grupo.

Cambios regulatorios, inseguridad jurídica y limitaciones a propietarios están motivando salidas del mercado según agentes del sector; eso reduce oferta y aumenta presión sobre precios y competencia.

La crisis de vivienda en España ya no es sólo un problema de jóvenes. Y es que tener más de 40 años, un trabajo y cierta estabilidad económica tampoco garantiza poder acceder a una casa como muchos piensan hoy en día.

Los elevados precios de compra y alquiler, junto a la escasez de oferta, están dejando fuera del mercado a gran parte de la población, pese a haber superado la edad habitual de emancipación.

Una situación de máxima presión sobre el mercado inmobiliario que el PSOE utiliza ahora como baza electoral de cara a las elecciones del próximo 29 de noviembre.

Las cifras reflejan hasta qué punto se ha complicado la situación. Más de dos millones de españoles mayores de 40 años quieren acceder a una vivienda, pero no pueden permitirse ni comprarla ni alquilarla.

Así lo ha advertido Narciso Michavila, presidente de GAD3, durante la presentación del III Barómetro de Vivienda y Dignidad, elaborado junto al Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE).

Y es que el problema ya no es únicamente la dificultad de los jóvenes para abandonar el hogar familiar. La falta de vivienda asequible también afecta a personas de mayor edad y amenaza con ampliar la distancia entre quienes tienen una casa en propiedad y quienes todavía no han conseguido acceder a ella.

Michavila señala que la vivienda se ha convertido en la principal brecha de desigualdad en España, por delante incluso del empleo.

Durante décadas, tener o no tener trabajo marcaba buena parte de las diferencias sociales. Sin embargo, ahora, según el presidente de GAD3, esa división se produce principalmente entre quienes tienen una vivienda en propiedad y quienes no.

Una situación especialmente preocupante en un país donde la vivienda es ya la principal preocupación para el 54% de los ciudadanos, doce puntos más que en 2025, tal y como detalla el estudio.

Y es que las dificultades económicas siguen siendo el principal obstáculo para acceder a una vivienda. Los precios no dejan de subir y los ingresos de muchos hogares no consiguen seguirles el ritmo.

Según el barómetro, el 41% de los encuestados señala los problemas económicos, laborales o de ingresos como una de las principales barreras. A ello se suma la falta de oferta adecuada (32%) y las dificultades para conseguir financiación (31%).

Una situación que se agrava ante el fuerte encarecimiento de la vivienda. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el precio de la vivienda aumentó un 12,2% interanual en el segundo trimestre de 2026, con una subida del 12,9% en el caso de la segunda mano.

Mientras tanto, el mercado del alquiler tampoco ofrece muchas alternativas. La escasez de viviendas disponibles ha disparado la competencia entre quienes buscan piso.

Según el último Barómetro del Alquiler del Observatorio del Alquiler, cada vivienda anunciada recibe una media de 133 interesados en apenas diez días.

Mientras, la oferta continúa reduciéndose en un contexto de inseguridad jurídica por los continuos cambios normativos, las limitaciones a los propietarios y las dificultades para recuperar sus viviendas, que, según las organizaciones del sector, está llevando a algunos propietarios a retirar sus inmuebles del mercado.

Pese a este escenario, el interés por acceder a una vivienda no desaparece.

El 31% de los españoles tiene intención de comprar una casa en los próximos cinco años, mientras que otro 8% se plantea alquilar.

Sin embargo, encontrar una vivienda a un precio asumible no es el único obstáculo. Y es que incluso cuando aparece un piso que encaja con el presupuesto, muchos interesados terminan quedándose fuera por las condiciones que exigen los propietarios para firmar el contrato.

El estudio revela que el 54% de los inquilinos ha tenido que renunciar alguna vez a una vivienda por no cumplir las condiciones solicitadas.

Entre los inquilinos de 30 a 44 años, el porcentaje alcanza el 68%, mientras que entre los de 45 a 64 años se sitúa en el 52%.

Una presión que, sin quererlo, acaba teniendo también consecuencias personales.

Entre quienes no pueden acceder a una vivienda por motivos económicos, el 38% reconoce sentir inseguridad sobre su estabilidad personal o familiar y el 26% tiene dificultades para planificar su futuro.

Y es que no disponer de una vivienda propia o de un alquiler asequible supone también vivir con la incertidumbre de no saber dónde se podrá residir a medio o largo plazo. Una situación que dificulta tomar decisiones importantes y construir un proyecto de vida estable.

De hecho, el barómetro revela que el 13% de las personas que encuentran barreras económicas para acceder a una vivienda ha retrasado la decisión de tener hijos, mientras que otro 12% ha pospuesto o renunciado a formar una familia.

Unos datos que demuestran que la crisis residencial que atraviesa el país está dejando de ser un problema ligado exclusivamente a la emancipación para convertirse en un obstáculo que acompaña a los españoles durante buena parte de su vida adulta.