La carrera por las habitaciones compartidas.

La carrera por las habitaciones compartidas. Istock

Observatorio de la vivienda

Los universitarios pagan 'caro' retrasar la búsqueda de habitación: el precio sube un 12% más si lo dejan para agosto

Las reservas suben un 22,7% en septiembre y la habitación media cuesta 425€.

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Las claves
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Retrasar la búsqueda de habitación hasta agosto supone pagar un 12% más de alquiler que si se reserva en junio, según Spotahome.

El precio medio de una habitación en España es de 425 euros al mes, pero en ciudades como Barcelona puede alcanzar los 600 euros.

La demanda de habitaciones para septiembre ha crecido un 22,7% respecto al año anterior, aumentando la competencia y encareciendo los precios.

Esperar para buscar habitación no solo implica pagar más, sino también tener que mudarse a zonas más alejadas y asumir mayores gastos de transporte.

Septiembre no sólo trae la vuelta a las aulas. También devuelve cada año la carrera por encontrar una habitación. Y en un mercado del alquiler cada vez más complicado, llegar tarde puede salir caro.

Este año, haber esperado hasta agosto para reservar una habitación con entrada en septiembre u octubre ha supuesto pagar 64 euros más al mes que hacerlo en junio, según datos de Spotahome.

El precio medio de los contratos cerrados pasó de 550 a 614 euros en apenas dos meses. Una diferencia que alcanza ya un 11,6% más.

No es que las habitaciones suban de golpe cuando septiembre aparece en el calendario. El problema está en lo que queda disponible para los estudiantes cuando empieza el nuevo curso.

Las opciones más económicas vuelan primero. Quienes retrasan la decisión de mudarse empiezan a buscar más tarde y llegan a un mercado con menos oferta asequible.

"La demanda de verano suele ser para comenzar con el curso escolar", explica Ana Solozábal, presidenta de la patronal inmobiliaria de la Comunidad de Madrid (AMADEI). Y es que ante la situación que vive el mercado, asegura, las búsquedas cada vez arrancan antes.

Así, el momento de mayor tensión llega entre finales de agosto y septiembre. Para entonces, buena parte de las operaciones ya están cerradas.

Pero este año, además, hay más gente llamando a la misma puerta. Según detalla el informe elaborado por Spotahome, las solicitudes de reserva para entrar en septiembre han aumentado un 22,7% frente al mismo periodo de 2025.

Septiembre y octubre concentran alrededor de una de cada tres reservas confirmadas durante los últimos tres años.

La presión llega en plena crisis de acceso a la vivienda. Y es que ante los precios desorbitados y la falta de oferta disponible, compartir piso ya no es sólo una fórmula ligada a la universidad.

Para muchos residentes en España se ha convertido en una de las pocas alternativas frente al coste de alquilar una vivienda completa.

Así lo explica Eva López, CEO y fundadora de Fincas Eva, a EL ESPAÑOL-Invertia, quien asegura que no dejan de aparecer nuevos perfiles de demandantes.

"Vemos cada vez más parejas y personas con hijos buscando habitación", detalla. El precio de un piso completo y las garantías que exigen los propietarios dejan fuera a parte de estos hogares. Y la única opción viable es una habitación.

Un mapa desigual

Sin embargo, tampoco es ya una opción barata. Idealista sitúa el precio medio en España en 425 euros al mes.

Barcelona encabeza la lista con 600 euros. Madrid y Palma alcanzan los 550 euros. San Sebastián llega a 500 euros y Málaga y Bilbao se sitúan en 450.

El mapa universitario, sin embargo, ofrece grandes diferencias. Estudiar fuera de casa no obliga siempre a asumir los precios de Madrid o Barcelona.

Según el último informe de Idealista, Jaén y Badajoz se sitúan en 250 euros, Cáceres en 260 y Ciudad Real en 270. Pamplona, en cambio, se acerca más a los grandes mercados, con 440 euros al mes.

El precio es menor, pero eso no significa que falten interesados. La presión está creciendo con fuerza en varias ciudades con presencia universitaria.

En Zaragoza, el número de personas interesadas por cada habitación se ha disparado un 96% en un año. En Soria aumenta un 89% y en Huelva, un 80%. En Barcelona, el incremento alcanza el 22%.

Es decir, la carrera por una habitación se extiende por el mapa, aunque la factura cambia mucho según el destino.

Madrid es un buen ejemplo. Según Spotahome, quienes cerraron en junio una habitación para entrar al comienzo del curso pagaron de media 600 euros. Los que esperaron hasta agosto desembolsarán 45 euros más cada mes.

En Barcelona, el precio pasó de 675 a 690 euros durante el mismo periodo. Y en Valencia avanzó de 425 a 450 euros.

El precio desplaza

Cuando el presupuesto aprieta, la ubicación es una de las primeras cosas que se sacrifican. "Es la variable con la que los estudiantes juegan más", explica Emiliano Bermúdez, subdirector general de la inmobiliaria donpiso.

En estos casos, vivir cerca del campus pierde peso. La búsqueda se amplía a barrios más alejados, siempre que tengan una buena conexión en transporte público.

Eva López también detecta este cambio. "Más que pagar más por lo mismo, lo habitual es que acaben en una ubicación distinta", asegura.

Una habitación cercana a la universidad y a buen precio puede estar disponible en junio y haber desaparecido en agosto.

Por eso, esperar no siempre se traduce únicamente en pagar un alquiler más alto. La factura también puede aparecer en forma de más gasto en transporte y más tiempo de trayecto cada día.

La presión continúa

Todo ello ocurre pese a que hay más habitaciones anunciadas. La oferta ha crecido un 12% en España durante el último año, según Idealista. En Madrid avanza un 17% y en Valencia se dispara un 52%.

El problema es que la demanda también crece. El número de interesados aumenta un 12% en el conjunto del país.

Y esa mayor oferta no ha sido suficiente para aliviar la presión existente.

El precio medio nacional todavía sube un 1% interanual. En Madrid lo hace un 4% y en Barcelona, un 5%.

Esto termina así jugando en contra de quienes apuran la búsqueda hasta el último momento. Y es que "cuanto más se tarda en buscar, menos oferta a precios asequibles queda", resume Bermúdez.

Por ello, hay que tener en cuenta que buscar antes no asegura encontrar una ganga. Sin embargo, esperar sí que puede acabar teniendo costes: pagar más, vivir más lejos o renunciar a parte de lo que se buscaba.