Entrada a las naves de la antigua Hytasa, en El Cerro del Águila, en Sevilla.

Entrada a las naves de la antigua Hytasa, en El Cerro del Águila, en Sevilla. Europa Press.

Observatorio de la vivienda

La sociedad inmobiliaria de Blackstone se enreda en su gran pleito millonario, el caso Hytasal de Sevilla

Los suelos de Hytasal, en Sevilla, debían haberse urbanizado hace 20 años y tienen ahora un especial interés por la crisis de vivienda.

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Las claves

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Canvives, sociedad controlada por Blackstone, enfrenta una demanda de hasta 21 millones de euros por el caso Hytasal en Sevilla.

El conflicto surge por la obligación incumplida de urbanizar 100.000 metros cuadrados de suelos industriales que debían destinarse a nueva vivienda y uso industrial.

Canvives busca trasladar el pleito a Sevilla y que se tramite por la vía contencioso-administrativa, lo que podría prolongar la resolución del caso.

La disputa tiene especial relevancia por la revalorización de estos terrenos en el contexto de la crisis de vivienda que vive España.

Canvives, la sociedad inmobiliaria controlada por Blackstone, trata estos días de dar un golpe de efecto en el caso Hytasal, su gran pleito por el que le reclaman hasta 21 millones de euros en Sevilla y que está ganando rápidamente interés por la crisis de vivienda que atraviesa España.

Un golpe que consiste en pedir que la disputa judicial se resuelva en Sevilla y no en Madrid, y que sea por lo contencioso-administrativo y no civil. Dos cuestiones de forma que, en realidad, le enredarían al prolongar aún más los plazos para dar solución a un conflicto enquistado y por ello ya emblemático.

Se trata de la controversia por los suelos de Hilaturas y Tejidos Andaluces S.A.L. (Hytasal), unos 100.000 metros cuadrados que fueron industriales y gozaron de buena salud hasta la crisis textil de los años 70. Todavía hoy buscan una nueva vida aún incierta.

El plan para darles vida ha sido, desde hace veinte años, repartir estos terrenos, situados en un barrio de El Cerro del Águila, entendido como periférico pero muy revalorizado ahora por la crisis de vivienda. Una parte serían para nuevo uso industrial; el resto se destinarían a construir un barrio.

Parecía un acuerdo ventajoso. La parte industrial la retendría Hytasal, que transmitió 44.000 metros cuadrados para nuevas viviendas a Solurban Inversiones. Esta última los vendió un mes después a Inmobiliaria Vegas de Guadaira. Es el principio de la historia, año 2005.

También es el nacimiento del punto de desavenencia. Porque la clave de ceder tan ventajosa parcela era la siguiente: Vegas tendría que asumir el coste de urbanizar toda la parcela, no solo la parte en la que levantaría pisos.

Los años pasaron sin que nada avanzara, pero entre tanto los dueños de cada parte cambiaron. Hytasal entró en concurso y estas fincas pasaron a manos de Osprey a finales de 2022. Un año antes, Vegas vendió los terrenos a Canvives, inmobiliaria controlada por Blackstone.

La demanda

Llegamos así al actual escenario de combate. Desde que se puso al frente de los terrenos, Osprey ha intentado que Canvives cumpla con la parte del trato que se cerró hace veinte años, esto es, que asuma el coste de urbanizar.

Pero nada se ha movido en estos suelos, y Ospray acude a los tribunales. En Madrid y por lo civil, sus abogados arguyen que, al no acometer Canvives la urbanización, se incumple lo pactado y hay además perjuicio para ellos, puesto que tampoco pueden desarrollar los terrenos que le corresponden al no cumplirse la urbanización.

O sea, Osprey tiene entre manos una inversión parada, lamentan. Por ello piden que se les devuelva todo el suelo o que Canvives pague 21 millones de euros a Osprey, por ser esta la cantidad en la que se han valorado estos aprovechamientos.

El movimiento, realizado poco antes de Navidad, ha tenido respuesta reciente de Canvives, que pide trasladar el pleito a Sevilla y llevarlo por lo contencioso-administrativo.

Sostiene que esos presuntos incumplimientos de obligaciones que denuncia Osprey derivan de convenios urbanísticos e instrumentos de reparcelación de indudable naturaleza jurídico- administrativa, en los que, además, intervino una Administración Pública, el Ayuntamiento de Sevilla.

Así que debe resolverse por lo contencioso-administrativo y en la capital andaluza, apuntan. De salir adelante su pretensión, señalan fuentes jurídicas, la resolución del conflicto se alargaría considerablemente.

La reactivación de esta batalla con la sociedad controlada por Blackstone llega en un momento de explosión de proyectos urbanísticos en Sevilla, que no es ajena a la escasez de vivienda de España.

Demanda de vivienda

La capital andaluza trata de atender esa demanda y crecer levantando barrios enteros en zonas hasta hace poco años consideradas páramos fuera de la ciudad, tanto al sur de la misma como por el norte.

Pero también renueva el interés hacia terrenos dentro de la ciudad desaprovechados; fueron industriales y, tras su derrumbe operacional, olvidados. Su principal activo ahora es su ubicación.

Es el caso de la zona aledaña a la fábrica de Cruzcampo, donde ya se levantan bloques de pisos que superan sin dificultad los 400.000 euros; bastante más lejos, pero aún dentro de los barrios ya construidos de la ciudad, se urbaniza la parcela de La Algodonera, que cesó actividad a finales de los años 90.

Para nadie es por tanto un secreto que la batalla por Hytasal esconde un premio de enorme valor: suelo dentro de una periferia no tan periferia ahora que no hay casas suficientes, o sea, negocio redondo en ciernes si se resuelve a tiempo de aprovechar el momentum.