La vivienda, el gran problema de los españoles para el que los políticos no tienen una solución
La vivienda, el gran problema de los españoles para el que los políticos no tienen una solución
El Gobierno anuncia sucesivas medidas sin lograr que los precios se contengan. Mientras el PP esboza su plan, Vox sube entre jóvenes sin esperanza.
Más información: Todos los anuncios de Sánchez en vivienda: 12 medidas, una ley y cinco reales decretos para construir y controlar el alquiler
Mes a mes, la historia se repite. Basta ir a una inmobiliaria, a un banco a preguntar por hipotecas o simplemente darse una vuelta por portales como Idealista: los pisos están cada vez más caros y, sin que parezca que haya medida para hacerle frente, sus precios ya son la primera urgencia de España.
Es la principal preocupación de los españoles, según el CIS. También el gran embrollo para la clase política, que no tiene aún la receta definitiva para acabar con el dolor de cabeza que supone su encarecimiento sin fin.
La subida es de un 45% en los últimos cinco años en compra de vivienda, tanto nueva como de segunda mano, según el INE. También ha subido de forma espectacular el alquiler, hasta un 35% desde entonces, de acuerdo con los análisis de plataformas como Idealista o Fotocasa.
Es una realidad de la que la sociedad es consciente desde hace años, y que ha ido monopolizando las conversaciones privadas hasta calar en el discurso político, desde donde se trata de tomar medidas que atajen el problema. Por ahora sin éxito.
La más relevante desde el Gobierno ha sido la aprobación de la ley de Vivienda, que pretendía ser el centro de la solución, pero que por ahora solo ha conseguido disparar más los precios de alquiler al generar miedo entre los propietarios a la inquiokupación.
Sin apoyos suficientes en el Congreso, Pedro Sánchez ha intentado avanzar con varios reales decretos para prorrogar desahucios, y ha anunciado baterías de medidas, muchas de las cuales no se han implementado.
Una situación límite
Frente a la parálisis efectiva, el problema se agrava mes a mes. En el último año, la compra se ha vuelto un 13,3% más cara y los alquileres, hasta un 9%. Como la previsión es que todo siga subiendo, quien puede corre a hipotecarse: las firmas están en máximos de 16 años, aunque en doce meses la cantidad que se pide al banco sea un 10% más.
Todo esto si se tiene ahorrada la entrada. En grandes ciudades como Madrid o Barcelona, hay que contar con al menos 120.000 euros para acometer la compra. De media, un español solo se convierte en propietario cuando tiene ya más de 40 años.
Este escenario, en suma, hace que la situación esté ya cerca de ser de 'emergencia', advierte el sector. La presión de la sociedad aumenta: este es ya el principal problema. Porque no lograr acceder a una vivienda impide la realización de un proyecto personal.
De ahí a la frustración, la desesperanza y, finalmente, la rabia que sacude urnas, hay un paso. Empieza a verse el cansancio, de hecho, con cada nuevo anuncio de Moncloa, que ya solo genera una andanada de críticas.
Ha quedado patente esta semana con el anuncio de nuevas medidas por parte del Gobierno para el mercado de alquiler, con una bonificación del IRPF para caseros que no suban rentas como principal iniciativa ante la urgencia del momento.
Porque la situación puede empeorar sustancialmente este año. El causante es la llamada 'Gran Renovación', como se ha llamado a las masivas expiraciones de contratos de alquiler de larga duración –5 años– que se prevén durante este 2026.
Son algo más de de 632.000 contratos –1,6 millones de inquilinos, según el Ministerio de Consumo– que tiemblan ante la posibilidad de que se actualicen a precios de mercado los alquileres que firmaron durante la Covid, o sea, cuando no existían las subidas tan pronunciadas de precio.
El resultado puede ser subidas de unos 1.735 euros anuales de media, o unos 144 euros al mes. En zonas muy pensionadas, como Baleares, ese encarecimiento se puede disparar hasta los 384 euros al mes.
Boom de alquiler de habitaciones
También ha anunciado Sánchez coto al alquiler de habitaciones, una alternativa en auge, precisamente, por el elevado desembolso que supone ya alquilar un piso entero.
La oferta de estas habitaciones se ha disparado un 50% solo durante el año pasado en plataformas como pisos.com. Y con la demanda, sube también el precio: en 2025 se han encarecido un 4% de media, según Idealista, que constata una subida del 19% en el número de este tipo de anuncios.
De media, vivir en una habitación alquilada en nuestro país cuesta 425€ al mes. Pero este precio también es dispar a lo largo de la geografía española. Barcelona sigue siendo la ciudad más cara, con unos 600 euros.
Le siguen Madrid y Palma. Alquilar allí una habitación sale de media por 575€ y 525€, respectivamente. En este contexto, Sánchez propone impedir que un propietario ingrese por el alquiler de varias habitaciones más de lo que obtendría si alquilase el piso entero.
Embrollo político
Las últimas propuestas del Gobierno han generado un alud de críticas tanto por parte de inquilinos, que no entienden la propuesta de 'regalo fiscal' a sus caseros, como por parte de los propietarios, que insisten en un punto: falta seguridad jurídica.
Demandan reglas claras y a largo plazo para saber a qué atenerse. Es lo mismo que piden quienes se dedican a la otra gran pata para afrontar el gran problema de España: la construcción.
El problema de la vivienda tiene muchos condicionantes pero la base para todo aquel que sepa algo sobre el asunto es inequívoca: los precios suben porque no hay suficiente oferta.
O sea, hay que construir más, y sobre todo más deprisa. El parón de la construcción tras el estallido de la burbuja ha provocado que a nuestro país le falten ahora algo más de 700.000 viviendas, según el consenso del sector y el Banco de España, que se elevarán en 160.000 cada año.
Porque ese es el volumen que falta para poder atender la creación de nuevos hogares en España, que han aumentado por el cambio de las familias, más pequeñas y segmentadas, y la llegada de migrantes, especialmente en los dos últimos años.
Así las cosas, si nada cambia para 2027, cuando según calendario habrá nuevas elecciones generales, el déficit de casas será de un millón. Resolver el problema es ya el gran desafío para la política.
El plan del PP
¿Qué hacer? Mientras el Gobierno sigue bloqueado en soluciones y su desarrollo por carecer de los apoyos necesarios en el Congreso, el PP va esbozando su plan.
Alberto Núñez Feijóo acaba de renovar su Plan Integral de Vivienda con 15 medidas para superar ese déficit "en la próxima legislatura", y que promete reducir drásticamente la burocracia y los trámites en construcción para que se tarde 4 años en levantar casas, en lugar de los 10 actuales; movilizar vilmente "todo el suelo disponible" y garantizar flexibilidad en operaciones de regeneración urbana.
También propone dar más financiación para las Comunidades Autónomas, que cuentan con las competencias en Vivienda; bajar del IVA del 10 al 4% a los jóvenes que compren vivienda nueva; dar una bonificación en el IRPF a los jóvenes.
Además, asegura que avanzará con una ley contra la ocupación para desalojar a los delincuentes en 24h y proteger la propiedad privada.
El tiempo, en todo caso, apremia. Porque mientras el problema siga agravándose, más crecerá la desesperanza en la sociedad que está impulsando a Vox en las encuestas.
Como la publicada esta semana por El Español, que muestra Alberto Núñez Feijóo superaría a Pedro Sánchez en 40 diputados si hoy se celebraran las elecciones generales, pero Vox se situaría ya a tan sólo otros 40 diputados del PSOE.
El partido sabe que el descontento le da aire. Para Miguel Ángel Quintana Paz, referente intelectual en la órbita de Vox, el crecimiento tiene que ver con el "empobrecimiento de las clases medias y bajas" y una "falta de expectativas" que empuja a buscar alternativas políticas.
"El nuevo eje del debate es el coste de la vida", ha remarcado recientemente a este periódico Óscar Álvarez, consultor en estrategia y comunicación política.
Y nada cuesta ya más que la vivienda. Un tercio del gasto anual medio de cada hogar se destina ya a pagar la casa y sus gastos (electricidad o agua). Es el doble de lo que se emplea en el siguiente apartado, alimentación.
En muchas casas hay que elegir si comer carne, pollo o pescado al menos cada dos días o calentar la casa.
Lo sabe también el Gobierno. "Con la respuesta que demos al problema de la vivienda nos jugamos el futuro de este país", sostuvo en septiembre la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, que advirtió de que sin una respuesta eficaz "estaremos echando a la juventud en manos de ultraderecha, que promete soluciones mágicas para problemas complejos".
Pero el laberinto solo se hace, por ahora, más profundo.