Una persona mayor practica su capacidad cognitiva resolviendo un puzle.

Una persona mayor practica su capacidad cognitiva resolviendo un puzle. Confeafa

Observatorio de la sanidad

Los pacientes con alzhéimer se plantean endeudarse para acceder a los nuevos fármacos que Sanidad rechaza financiar

Varias clínicas privadas han comenzado a ofrecer estos fármacos.

En Europa, buena parte de los países ha rechazado su financiación.

Más información: El fracaso de los medicamentos contra el alzhéimer y su alto precio desinflan las previsiones de crecimiento del sector

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Las claves
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Los nuevos fármacos contra el alzhéimer, donanemab y lecanemab, aprobados por Europa, no están financiados por la sanidad pública española.

Pacientes y familias se plantean endeudarse para acceder a estos tratamientos en clínicas privadas, cuyo coste oscila entre 20.000 y 80.000 euros anuales.

Solo un 5% de los pacientes serían candidatos a estos fármacos, que tienen un efecto leve sobre la progresión de la enfermedad y riesgos asociados.

La negativa a financiar estos medicamentos en España se repite en otros países europeos, mientras que sí están disponibles en Estados Unidos, Japón y China.

Varios grupos sanitarios privados españoles han comenzado a ofrecer los medicamentos contra el alzhéimer que Europa aprobó en la primavera de 2025 y que todavía no han entrado en la sanidad pública.

Esto está haciendo que pacientes y familiares busquen acudir a las clínicas privadas para poder acceder a los mismos. El problema es que son fármacos muy caros, por encima de los 20.000 euros anuales, por lo que obligaría a endeudarse a muchos de ellos.

Se trata de donanemab (Kisunla) y lecanemab (Leqembi), los primeros fármacos dirigidos a tratar el alzhéimer en décadas y los primeros que han mostrado ralentizar su progresión, aunque, eso sí, de manera leve.

Los dos han pasado un par de veces por la Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos, el órgano integrado por los ministerios de Sanidad, Industria, Economía y Hacienda, así como por representantes de las comunidades autónomas y que decide qué medicamentos financia la sanidad pública y a qué precio, sin éxito.

"La decisión de la Comisión del 15 de julio de 2026 ha puesto fin al presente proceso administrativo de precio y financiación", declara a EL ESPAÑOL-Invertia el laboratorio Eisai, que comercializa lecanemab. "Eisai está valorando distintas posibilidades para reabrir un nuevo proceso de precio y financiación lo antes posible con el fin de permitir el acceso de los pacientes al nuevo tratamiento del Sistema de Salud".

Esta semana se celebró la reunión mensual de la Comisión sin que se presentaran nuevas ofertas de precio. Los pacientes y médicos con los que ha contactado este medio se muestran pesimistas con la idea de que una decisión positiva llegue antes de fin de año.

"No estoy convencido de que la situación actual pueda cambiar antes de las próximas elecciones generales", lamenta Jesús Rodrigo, director ejecutivo de la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de personas con Alzhéimer y otras Demencias, Ceafa. Es decir, no cree que los medicamentos puedan llegar antes del verano del año que viene.

Pedir un préstamo

Ante esta tesitura hay pacientes que están planteando acudir a las clínicas privadas para tratarse, si bien no son fármacos baratos: aunque el precio no es público, se estima que están en una horquilla entre los 20.000 y los 80.000 euros anuales.

"Nos llegan consultas de pacientes y familias que están planteándose pedir un préstamo para costearlos", indica Rodrigo, que denuncia la inequidad que produce esta brecha entre la sanidad pública y la privada.

Algo similar le pasa a Raquel Sánchez del Valle, coordinadora del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

"Los pacientes nos preguntan y lo único que podemos hacer es darles los datos de que disponemos de la eficacia y seguridad de estos fármacos".

Ahí está la cuestión. Para ser fármacos caros, el efecto que tienen sobre la progresión del deterioro cognitivo es pequeño, mientras que hay ciertos riesgos serios (micro-hemorragias cerebrales) que deben ser tenidos en cuenta.

Además, están indicados para aquellas personas en fases tempranas del alzhéimer. "Estimamos que solo un 5% de los pacientes serían candidatos a recibirlo. Aun así, hay que tener en cuenta que, cuando se deniega la financiación de un fármaco suele argumentarse que existen otras alternativas terapéuticas. En el caso del alzhéimer, no tenemos nada más".

Sánchez del Valle considera que, aunque estos fármacos no son perfectos, sí que es necesario conocerlos y tener experiencia con ellos "para estar preparados cuando lleguen otros mejores (ahora mismo, están en ensayos clínicos) que utilizan los mismos mecanismos de acción".

El caso español no es único. A pesar de que ha pasado más de un año desde que la Comisión Europea autorizara la comercialización de Kisunla y Leqembi, son muchos países los que han cerrado la puerta a incluirlos en la sanidad pública.

Según Alzheimer Europe, que aglutina las asociaciones de pacientes de cerca de una cuarentena de países, las agencias evaluadoras de Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos, España e Italia han emitido recomendaciones negativas para ambos fármacos.

Jesús Rodrigo, de Ceafa, señala que hay medio centenar de países que sí están comercializándolo, como Estados Unidos, Japón, China o Corea del Sur, y que Reino Unido, que en principio rechazó incluirlo en la financiación pública, está estudiando hacerlo finalmente.

"En Alemania también se ofrece, aunque allí el sistema es distinto, se incluye un fármaco hasta que haya una resolución que lo ratifique o lo saque. Austria y Luxemburgo también tienen sistemas para incluirlo en los presupuestos de los hospitales, al igual que Suiza, aunque este país no forma parte de la UE".

Esta situación genera una nueva inequidad: pacientes cubiertos en algunos países, pero en otros no. Y, como señala la neuróloga Raquel Sánchez Valle, "mientras que estos fármacos llegan a la sanidad pública, hay pacientes cuya enfermedad progresa y ya no podrán beneficiarse de su efecto, por pequeño que sea".