Escáner cerebral.

Escáner cerebral. HM Hospitales

Observatorio de la sanidad

Relacionan el humo del tabaco y las chimeneas con un 30% menos de riesgo de enfermedad de Parkinson

Son datos de un estudio en medio millón de personas.

El monóxido de carbono podría jugar un papel neuroprotector.

Más información: El imparable avance del párkinson: en 2050 lo sufrirán más de 25 millones de personas, un 112% más que en 2021

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Las claves

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Un estudio con más de 500.000 adultos durante 12 años halló que el riesgo de párkinson era un 30% menor en fumadores y personas expuestas al humo de chimeneas.

El monóxido de carbono, presente en el humo del tabaco y chimeneas, podría estar relacionado con un efecto neuroprotector frente al párkinson.

El tabaquismo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón, cardiopatía e ictus, por lo que los expertos insisten en que estos hallazgos no justifican fumar.

El estudio, centrado en población china, requiere más investigaciones para confirmar los resultados y entender los mecanismos implicados.

El seguimiento de más de medio millón de adultos a lo largo de más de una década concluyó que el riesgo de párkinson era un 30% menor entre las personas que fumaban que entre las que no lo habían hecho.

Además de los fumadores, aquellas personas expuestas al humo de las chimeneas de los hogares mostraron una incidencia menor de la enfermedad neurológica.

Los resultados acaban de publicarse en la revista JAMA Neurology e invitan a pensar en el papel del monóxido de carbono (un gas tóxico que se produce al quemar el tabaco) para esta enfermedad.

Los investigadores, liderados por Clara Bueno López, de la Universidad de Oxford (Reino Unido) eran conscientes de que estudios previos habían mostrado una relación entre el tabaquismo y una menor incidencia de párkinson. Sin embargo, experimentos con la nicotina no habían demostrado beneficio alguno.

Por eso, acudieron a una base de datos clínicos china y recogieron información de 512.701 adultos de entre 30 y 79 años, tanto fumadores como no fumadores, a lo largo de 12 años, midiendo el nivel de monóxido de carbono que exhalaban. Al examinarlos, comprobaron que el tabaco se asoció con un mayor riesgo de cáncer de pulmón, cardiopatía isquémica, ictus y, en general, una mayor mortalidad.

Sin embargo, vieron que la incidencia del párkinson se reducía hasta un 30%, no así la de otras enfermedades neurodegenerativas.

Este no era el único grupo que mostraba una disminución del riesgo de desarrollar la enfermedad: aquellas personas que, pese a no ser fumadoras, mostraban niveles altos de monóxido de carbono exhalado (al estar expuestas, por ejemplo, al humo de las chimeneas caseras), también mostraban una incidencia menor de párkinson.

En declaraciones al Science Media Centre, Salvador Ventura, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat Autònoma de Barcelona, indica que "el monóxido de carbono podría participar en algún mecanismo de protección o limitarse a señalar otros procesos biológicos o exposiciones que sí influyen en el riesgo", ya que el estudio no distingue entre ambas cosas.

Con todo, el mecanismo "es plausible. Producimos monóxido de carbono de forma endógena a través de la hemooxigenasa y existen resultados experimentales que lo relacionan con la respuesta al estrés oxidativo y con efectos neuroprotectores, disminuyendo la agregación de α-sinucleína en modelos animales".

Pero, como señala al mismo medio José A. Obeso, catedrático de Neurología en la facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo y director del Centro Integral de Neurociencias HM CINAC, este hallazgo "no debería en absoluto" motivar a fumar.

"Como repetimos habitualmente, este es un dato de valor científico que puede servir para entender la relación con el tabaco y un posible efecto neuroprotector del CO, que habría que explotar de otra manera". Para los que ya tienen párkinson, "no tiene en absoluto ningún sentido comenzar a fumar, que casi con seguridad redundaría en un empeoramiento de la salud en general y del estado neurológico".

Aunque se considera un estudio de alta calidad que abre la puerta a nuevas investigaciones, otros autores, como Jannette Rodríguez Pallares, profesora titular de la Universidade de Santiago de Compostela y coinvestigadora principal del Grupo de Neurobiología Celular y Molecular de la Enfermedad de Parkinson en el Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (CiMUS), apuntan a ciertas limitaciones.

"Se necesitan más investigaciones para conocer los mecanismos implicados y determinar si los resultados serían extrapolables a otras poblaciones, ya que el estudio se centró en una muestra poblacional en China, con características socioeconómicas, ambientales, culturales y genéticas específicas".