Imagen de archivo de un hospital en Andalucía.

Imagen de archivo de un hospital en Andalucía. E.P

Observatorio de la sanidad

El termómetro de las urgencias en verano: ocho guardias al mes, amenazas e insultos y más de 24 horas de espera hasta el ingreso

Se atienden hasta 450 pacientes diarios.

"Suele ser común verlos en camas distribuidos por el pasillo".

Más información: La sanidad española se va de vacaciones: plantillas a la mitad y más de 10.000 camas cerradas este verano

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Las claves

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Las urgencias hospitalarias en verano están al límite, con esperas de hasta 24 horas para ingresos y pacientes en pasillos debido al cierre de camas y la falta de personal.

Los profesionales sanitarios afrontan una sobrecarga de trabajo, realizando el doble de guardias habituales, y sufren amenazas, insultos y un aumento del agotamiento y burnout.

El déficit de personal se agrava por las vacaciones, lo que obliga a los sanitarios a asumir más funciones y prolongar jornadas para garantizar la atención.

El aumento de la demanda, especialmente en zonas costeras, y la falta de planificación de recursos provocan tensiones tanto para los pacientes como para los profesionales.

Un año más, la historia se repite: las urgencias de todo el país están al límite. En redes sociales y medios de comunicación se vislumbran imágenes de pacientes esperando horas y horas en pasillos y salas para ser atendidos o recibir una cama para ingresar en planta.

Los profesionales sanitarios, quienes por desgracia ya están acostumbrados a este goteo diario de pacientes, cuentan a este periódico el coste de su trabajo durante los meses de verano. Su carga asistencial viene acompañada de una media de ocho guardias al mes, amenazas e insultos. Y todo ello con la plantilla a mínimos por las vacaciones.

Ante la dificultad de poder absorber esta demanda asistencial, decenas de pacientes esperan en urgencias hasta más de 24 horas para recibir un ingreso.

"La media suele estar entre 12 y 24 horas. Depende un poco de la hora que sea. Si llegan a las 6 de la tarde y hasta al mediodía del día siguiente no le dan el alta a un paciente de la planta, puede que estén esperando hasta ese momento. Entonces, suelen estar en observación, en el pasillo. Sobre todo en picos de alta demanda, es común ver a los pacientes en camillas distribuidos por el pasillo", cuenta Catalina Durán, pediatra y coordinadora del centro de salud de Arroyo de la Luz (Cáceres).

La especialista, que suele realizar guardias en el hospital San Pedro de Alcántara, cuenta a este diario que, a pesar de no estar en una zona costera, el servicio también experimenta una mayor actividad asistencial debido al retorno de personas a sus lugares de origen.

"Los que se quedan trabajando tienen que asumir las funciones de los que están de vacaciones. Entonces cuando normalmente en una quincena sueles hacer tres guardias, en verano se hacen el doble: las tuyas y las de tu compañero", indica.

Así, precisa que en verano la asistencia sanitaria no cesa. "Parece que como en invierno hay muchas infecciones respiratorias (gripe, covid, neumonías) hay más sobrecarga, pero en verano también hay que atender otro tipo de urgencias como golpes de calor, ahogamientos, infecciones, picaduras".

"Las urgencias se están convirtiendo en la puerta de entrada del paciente y se espera que éstas atiendan a 400-450 pacientes al día con problemas crónicos y enfermedades complejas y al mismo tiempo la burocracia", explica, por su parte, Alberto Kramer, coordinador del servicio de Urgencias del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca en Murcia.

Al igual que su compañera de gremio, explica que el tiempo estimado de ingreso depende de la tasa de ocupación de camas hospitalarias. Una tasa que se ve reducida en los meses estivales. Cada año, de media, se suelen cerrar más de 10.000 camas. Esto viene impulsado por la falta de especialistas en verano que no se suplen, por lo que los servicios se ven abocados a cerrar plantas.

Servicios de urgencia del Hospital Gregorio Marañón. Los pacientes esperan su hospitalización en los pasillos.

Servicios de urgencia del Hospital Gregorio Marañón. Los pacientes esperan su hospitalización en los pasillos. Fotografía cedida a E.E

"Siempre se ha vendido la idea de que no hay médicos suficientes, y lo que no hay son condiciones laborales que animen a los profesionales a colaborar con guardias extra, con refuerzos... Hay una sensación de hartazgo y de cansancio que se va repitiendo año tras año", continúa Kramer.

"El problema es que el sistema depende demasiado de la disponibilidad y del esfuerzo extraordinario de los profesionales que permanecen trabajando. Cuando una ausencia no se sustituye, el trabajo no desaparece, sino que se reparte entre menos personas. No deberíamos normalizar que el sistema funcione apoyándose constantemente en su sacrificio personal", incide.

Insultos y amenazas

En periodos de mayor saturación, como puede ser en verano, los casos de agresiones a profesionales sanitarios puede elevarse.

"Las esperas prolongadas, la falta de información y la preocupación por un familiar generan frustración. Podemos entender eso, pero esto nunca puede justificar los insultos, las amenazas ni las agresiones", precisa el médico de urgencias.

El especialista relata cómo varios de sus compañeros han necesitado coger una baja laboral por burnout, reducir su actividad o renunciar temporalmente a responsabilidades de coordinación porque ya no podían mantenerlas junto con la carga asistencial.

El burnout "no consiste simplemente en estar cansado después de una guardia". Es un desgaste mantenido que puede manifestarse como agotamiento emocional, insomnio, irritabilidad, dificultad para desconectar, pérdida de motivación o sensación de no poder ofrecer la calidad asistencial que uno considera adecuada.

"En Urgencias estamos expuestos de manera continuada al dolor, la incertidumbre, la muerte y el conflicto. Si a esa presión emocional le añadimos jornadas prolongadas, falta de descanso, sobrecarga y dificultad para conciliar, el riesgo aumenta", cuenta Kramer.

El problema es "que muchos profesionales intentan aguantar hasta que ya no pueden más. Existe una cultura en la que parece que pedir ayuda es una muestra de debilidad, cuando debería interpretarse como una señal de que las condiciones de trabajo han superado límites razonables".

Residentes

En la misma línea se manifiesta Javier Camacho, residente de Medicina de Familia del Centro de Salud La Granja en Jerez de la Frontera (Cádiz), que también hace guardias en urgencias.

"En especial, se nota un aumento de la agresividad en general con el paso del tiempo y más aún tras las sucesivas convocatorias de huelga que hemos tenido. El ambiente está muy tenso y lo están pagando los sanitarios", precisa.

Camacho expone también cómo en zonas costeras la situación se vuelve prácticamente insostenible. "La población se llega a triplicar con la consiguiente carga de trabajo, sobre todo a partir de mediados de julio y durante todo agosto".

"El verano en urgencias, y sobre todo en sitios de costa, es probablemente la peor época del año. Se junta la escasez de compañeros, con el aumento de la demanda y la necesidad de aumentar el número de horas de trabajo", termina el residente.

Jornadas prolongadas

La reducción de la mitad de la plantilla en verano provoca que los profesionales tengan que prolongar con frecuencia su jornada para garantizar la continuidad asistencial.

"Muchas veces no es cuestión de hacer más horas programadas, sino de no poder marcharte cuando termina tu turno porque todavía quedan pacientes pendientes de valoración o situaciones críticas que resolver. En urgencias es muy difícil decir: 'me voy y lo dejo para mañana'", aclara María del Mar Torrecillas, que también trabaja en el servicio de urgencias del Hospital Virgen de la Arrixaca (Murcia).

En definitiva, "la solución no pasa por pedir un esfuerzo todavía mayor a los profesionales, porque ese esfuerzo ya se está haciendo desde hace años".

"La solución pasa por planificar mejor los recursos, reforzar las plantillas y apostar decididamente por la Atención Primaria, que sigue siendo la puerta de entrada al sistema y una pieza fundamental para evitar que las urgencias trabajen permanentemente al límite", reclama.