Imagen de archivo de un sanitario vacunando a una persona adulta.

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Observatorio de la sanidad

El análisis de un brote de sarampión en Alicante con 34 casos evidencia los huecos inmunitarios de España

Las autoridades no han podido trazar el origen fuera de nuestras fronteras del primer caso, por lo que se considera endémico.

Más información: Así ha pasado el sarampión de eliminado a endémico en España: "Hay muchos agujeros por donde se cuela el virus"

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Las claves

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Un brote de sarampión en Alicante dejó 34 casos, dos hospitalizados y sin un origen claro identificado.

El análisis revela huecos de inmunización en adultos nacidos entre finales de los 70 y finales de los 80, muchos de los cuales no saben su estado vacunal.

El brote evidencia la falta de familiaridad clínica con el sarampión en España tras una década sin casos endémicos, lo que dificulta su detección.

Las autoridades implementaron aislamiento, vacunación y medidas preventivas para los empleados y contactos cercanos afectados por el brote.

A final de enero de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunciaba que había retirado a España el estatus de país libre de sarampión.

Al mismo tiempo, se reportaba en Alicante un caso de la misma enfermedad. Era el primero de un brote que acabaría en más de tres decenas de casos, dos hospitalizados y un origen incierto.

El análisis del brote, publicado en la revista europea de epidemiología Eurosurveillance, muestra, además, las vulnerabilidades de un país en que, a pesar del alto porcentaje de inmunizados, hay huecos de vacunación entre personas de mediana edad que pueden generar problemas de salud pública.

El pasado 27 de enero, un hospital de Alicante informaba al centro local de salud pública de un caso de sarampión confirmado por su laboratorio.

El paciente era un residente de la ciudad que no tenía historial reciente de viaje.

Nuestro país llevaba diez años con el sarampión 'eliminado'. Esto quiere decir que los casos esporádicos que se detectaban tenían su origen fuera de nuestras fronteras o derivaban de uno que sí.

No había casos endémicos o, al menos, no se admitía: en las estadísticas de 2025 se observaba un aumento del sarampión, con muchos casos donde no se había podido determinar el origen, aunque no se utilizara la palabra 'endémico'.

Los responsables de salud pública de Alicante comenzaron a tirar del hilo y contactaron con la empresa en la que trabajaba este paciente.

Había 13 individuos sospechosos de sarampión, por lo que, el 28 de enero, se declaró un brote y se inició la investigación.

El 29 de enero se confirmó por laboratorio un nuevo caso. Se trataba de un individuo que trabaja en una compañía cuyas oficinas comparten espacio en la misma planta que la empresa del primer caso.

Ambas comparten áreas de trabajo y de descanso comunes. Entre las dos suman 418 empleados.

Cuando se declaró el fin del brote, a principios de abril, se habían contabilizado 34 casos: 16 en la primera empresa, 13 en la segunda y otros cinco derivados de estos.

Se enviaron al Centro Nacional de Microbiología 29 muestras para ser secuenciadas genéticamente: todas pertenecen a la cepa Mvs/Ontario.CAN./47.24 (D8), que había estado circulando por varios países del continente americano en los meses previos al brote.

Pistas sobre el origen

Sin embargo, los investigadores no pudieron identificar ningún vínculo con un caso importado. Es más, aunque lo más probable es que los 34 casos estén relacionados, no pueden descartarse diferentes cadenas de transmisión.

El 12 de febrero hubo una nueva pista que podía ayudar a esclarecer el origen.

La Comunidad de Madrid informó ese día de un caso de sarampión que había requerido hospitalización entre el 4 y el 8 de enero.

El paciente, cuyos síntomas comenzaron el 31 de diciembre, había tenido contacto un día antes con el primer caso de Alicante.

El problema es que este otro paciente tampoco había salido del país recientemente. El origen de la infección se había perdido por completo.

Había un problema adicional. Entre los síntomas y el aviso de las autoridades pasó más de un mes.

El sarampión había pasado desapercibido hasta que, en una revisión posterior al alta, el 4 de febrero, se le pidió a este paciente una prueba serológica que dio positivo a anticuerpos del virus cinco días después.

Los investigadores advierten del riesgo de que, tras una década libre de sarampión, muchos clínicos españoles no están acostumbrados al virus y, por tanto, no se les pasa por la cabeza esta posibilidad cuando ven síntomas como fiebre y sarpullidos.

El hecho de que el sarampión no fuera sospechado desde el principio "ilustra cómo la enfermedad puede ser pasada por alto en adultos", particularmente "en entornos donde ha sido eliminado y en que la baja incidencia reduce la familiaridad clínica con la presentación del sarampión".

El brote alicantino es, además, ilustrativo de un problema silencioso, el de aquellas personas nacidas entre finales de los 70 y finales de los 80, cuando la introducción de la vacuna redujo la circulación del virus y, por tanto, pueden no haber estado expuestos al sarampión pero tampoco haber sido vacunados.

De hecho, las edades de los afectados por este brote están comprendidas, en su mayoría, entre los 43 y los 47 años, coincidiendo con la franja temporal en que el virus comenzó a descender y la vacuna no había llegado a todos los niños.

De los 34 casos, 22 desconocían su estatus vacunal, 6 estaban sin vacunar y 4 solo habían recibido una dosis.

Solo dos personas estaban vacunadas con dos dosis, la pauta completa.

Además de rastrear los contactos, las autoridades alicantinas decretaron el aislamiento de los casos y la vacunación de estos y sus contactos.

Todos los empleados del edificio afectado se consideraron contactos potenciales, por lo que se vacunó a aquellas personas susceptibles y se recomendó el uso de mascarilla y el teletrabajo en la medida de lo posible.

Además, se dio instrucciones a los centros de salud de la zona para que estuvieran atentos a la aparición de sintomatología sospechosa.

Huecos de inmunidad

Según un estudio de 2018, el 91,5% de los españoles nacidos entre 1978 y 1987 tenían anticuerpos frente al sarampión, indicando que, o bien lo habían pasado, o bien habían sido vacunados.

Aunque se trata de un porcentaje alto, los expertos advierten de que sigue habiendo huecos de inmunidad en los que el sarampión, uno de los virus más transmisibles que se conocen, puede medrar con facilidad.

Tras la retirada del estatus de libre de sarampión endémico, España está actualizando su plan de actuación frente a la enfermedad.

No es el único país que lo está haciendo, pues la OMS retiró el estatus a varios estados europeos al mismo tiempo. Tras la pandemia, el número de casos del virus ha crecido en países donde se tenía controlado, especialmente en Estados Unidos.

En 2025 España registró 401 casos de sarampión, casi el doble que el año anterior. La mitad de ellos, en personas de 30 o más años.

El 56,5% de los casos no estaban vacunados, mientras que el 8% tenía una dosis de la vacuna y 12% tenía las dos.

Un análisis de la situación realizado por el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad concluía que el riesgo que supone el sarampión para la población general es bajo debido a las altas tasas de vacunación.

Sin embargo, este riesgo "no es homogéneo. A medida que aumenta la exposición, se incrementa la probabilidad de transmisión en grupos de población susceptible, especialmente en colectivos con coberturas de vacunación insuficientes o con brechas de inmunidad".