Mamografía a una paciente, imagen de archivo.

Mamografía a una paciente, imagen de archivo.

Observatorio de la sanidad

Un estudio relaciona los fármacos para perder peso con un 30% menos de riesgo de cáncer de mama

El trabajo analiza la incidencia en casi 100.000 mujeres postmenopáusicas con sobrepeso y ha sido presentado en la mayor reunión de oncólogos del mundo.

Más información: Europa confirma que Ozempic aumenta el riesgo de pérdida de visión en pacientes con diabetes

Publicada
Las claves

Las claves

Un estudio relaciona los fármacos para perder peso, como los análogos de GLP-1, con una reducción del 30% en el riesgo de cáncer de mama en mujeres con sobrepeso.

El análisis revisó historiales médicos de casi 95.000 mujeres entre 45 y 80 años, de las cuales el 15,9% había recibido este tipo de medicación.

La investigación ajustó los resultados por factores como edad, etnia, IMC e historial de diabetes, manteniéndose la reducción significativa del riesgo.

El estudio señala que, aunque la asociación es clara, no puede establecer causalidad y recomienda estudios prospectivos para profundizar en la relación.

Los beneficios de los nuevos fármacos para perder peso están alcanzando cotas difícilmente imaginables antes de su aparición, y no sólo en diabetes (para lo que estaban pensados en un principio) o la propia obesidad.

Un trabajo presentado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica, la más grande del mundo, los asocia con una reducción del 30% en la incidencia del cáncer de mama en mujeres con sobrepeso.

Los investigadores, liderados por Elizabeth McDonald, profesora de Radiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania (EEUU), realizaron un análisis retrospectivo de los historiales médicos de 94.827 mujeres a las que les habían hecho una prueba de imagen.

Estas mujeres tenían entre 45 y 80 años y un índice de masa corporal de 25 o más, esto es, estaban por encima del umbral del sobrepeso.

Entre enero de 2022 y junio de 2025, un 15,9% de ellas había recibido una prescripción de análogos de GLP-1, una clase de medicamentos representada por el archifamoso Ozempic.

En este periodo de tiempo, además, el 2,4% de ellas fue diagnosticada con un cáncer de mama.

Sin embargo, había una diferencia estadísticamente significativa (es decir, que es improbable que se deba al azar) en la incidencia del cáncer entre aquellas que tomaron GLP-1 y las que no.

Entre las expuestas a estos medicamentos -el trabajo no diferencia entre los distintos fármacos- hubo un 1,65% que desarrolló cáncer de mama.

En aquellas que no los tomaron, la incidencia fue del 2,6%. El riesgo relativo de desarrollar un tumor de este tipo fue un 35% menor en las mujeres del grupo de los GLP-1.

Ahora bien, cabría la posibilidad de que distintos factores de confusión pudieran influir en el resultado, por lo que los autores hicieron un emparejamiento entre mujeres de uno y otro grupo, para ajustar las diferencias por edad, etnia, IMC, densidad mamaria e historial de diabetes tipo 2.

Tras esta comparación ajustada, la incidencia seguía siendo notablemente menor en el grupo del GLP-1, del 30,5%.

Obesidad y cáncer

Con todo, la investigación no diferencia ni tipo de tumor ni estadio al momento del diagnóstico. Tampoco se filtró por tipo de medicación o tiempo de uso, ni se incluyeron factores de riesgo genéticos.

Al ser retrospectivo, el trabajo tampoco puede establecer una causalidad, sólo una asociación, y por eso McDonald sugiere que se continúe la labor con estudios prospectivos, en los que las variables estén controladas y se pueda aclarar aún más la relación.

Se sabe que la obesidad y el sobrepeso son factores de riesgo para numerosas enfermedades crónicas, entre ellas, el cáncer.

Ya a principios de los años 2000, un estudio en más de un millón de mujeres británicas que habían pasado la menopausia mostró que un índice de masa corporal aumentado elevaba significativamente el riesgo de cáncer de mama.

Esta asociación ha sido confirmada en trabajos posteriores, señalando que aquellas mujeres postmenopáusicas (en población más joven, el sobrepeso puede tener cierto efecto protector) con un IMC superior a 40 (el umbral de obesidad) tienen mayor riesgo de morir por cáncer de mama.

Se piensa que esta mayor incidencia está mediada por una mayor inflamación en las mujeres con sobrepeso, por lo que los análogos de GLP-1 contribuirían reduciéndola.

Al ser la obesidad un gran factor de riesgo para numerosas enfermedades, el uso de estos fármacos se ha relacionado una disminución de la incidencia en, por ejemplo, enfermedades cardiovasculares, metabólicas (más allá de la diabetes, por supuesto) o la artrosis.

Además, su mecanismo de acción parece ser beneficioso también para el manejo de adicciones como la del alcohol.

Pero no todo es jauja. Estos fármacos son capaces de lograr pérdidas de hasta el 30% o más de la masa corporal, pero puede existir un efecto rebote una vez la persona deja de tomarlos.

También se han asociado a efectos secundarios que, si bien son muy raros, pueden ser potencialmente graves, como la neuropatía óptica isquémica o NAION.

Los especialistas recuerdan que el uso de estos fármacos no debe banalizarse, que necesitan una prescripción médica y que deben acompañarse de cambios en los hábitos de vida para obtener efectos duraderos en el peso y la salud de los pacientes.