Alberto Baroja (en el centro) y su equipo del IMIB.

Alberto Baroja (en el centro) y su equipo del IMIB. Cedida

Observatorio de la sanidad

Estos son los españoles que quieren eliminar el rechazo inmune a los trasplantes a través de la dieta

Un equipo del IMIB presenta resultados del efecto de la dieta cetogénica en crear un ambiente tolerante con un órgano ajeno.

Más información: El primer trasplante de hígado de cerdo a humano fue un éxito y demuestra que el órgano puede funcionar unos días

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Las claves

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Un equipo español investiga cómo reducir el rechazo inmune a los trasplantes mediante la dieta, en lugar de solo recurrir a inmunosupresores.

El estudio se centra en dietas cetogénicas y de restricción calórica para promover la tolerancia inmunológica en pacientes trasplantados de hígado.

Los investigadores han observado en cultivos celulares, ratones y voluntarios sanos que estas dietas favorecen la actividad de linfocitos T reguladores, esenciales para evitar el rechazo.

El objetivo es que más pacientes puedan abandonar la medicación inmunosupresora, especialmente en los trasplantes de órganos como el hígado.

Las mejoras en los trasplantes en los últimos años han sido espectaculares: desde el trasplante en asistolia hasta los xenotrasplantes, pasando por la bioimpresión en 3D, están viviendo una edad de oro.

En el lado opuesto, sin embargo, se había avanzado bastante poco en uno de los principales problemas: la necesidad de 'silenciar' el sistema inmune para que no rechace el órgano.

Un equipo de científicos del Instituto Murciano de Investigación Sanitaria (IMIB-Pascual Parrilla), el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca y la Universidad de Chicago han planteado una novedosa solución: controlar el rechazo a través de la dieta.

"Nosotros somos un laboratorio de investigación básica", cuenta Alberto Baroja, investigador principal del proyecto.

"Pero estamos en contacto con clínicos que llevan trasplante de hígado, sobre todo el doctor José Antonio Pons", que lidera la Unidad de Trasplante Hepático en el Virgen de la Arrixaca.

Pons planteó, ya en los años 90, la "tolerancia operacional en el trasplante". Es decir, que los pacientes que hayan recibido un órgano puedan vivir sin necesidad de inmunosupresión.

La ciclosporina, que apareció en los años 80, aumentó de forma radical la supervivencia de los receptores de trasplante al inhibir el sistema inmune.

"Se lograban supervivencias del 90% el primer año y el 80% en los cinco primeros", comenta Baroja.

Pero, al tener que tomar un fármaco tan potente de por vida, su toxicidad acababa provocándole problemas hepáticos, renales, del corazón e incluso algún tumor.

Al tiempo que se intentaba ofrecer dosis menores pero eficaces, pasó algo revelador.

"Algunos pacientes trasplantados de hígado decían que habían dejado de tomar la medicación porque se les olvidaba, no sabían que había que tomarla durante toda la vida, o directamente les sentaba mal. Y no les pasaba nada".

En torno al 30% de los trasplantados hepáticos (el hígado tiene una menor respuesta al sistema inmune que otros órganos) pueden vivir sin inmunosupresión, explica el investigador.

"Aunque se conoce bien, esto solo se ha probado en ensayos clínicos, en que los pacientes están muy controlados ya que vienen cada 15 días al hospital".

Dieta cetogénica

El investigador del IMIB explica que las células del sistema inmune más implicadas en el rechazo son dos tipos de linfocitos T: los efectores, que atacan al órgano extraño, y los reguladores, que median la respuesta.

La función de estos últimos es esencial. "Hay un punto en que hay que terminar el ataque. Si no, estaríamos todo el día inflamados, con fiebre, etc."

Al estudiar el metabolismo de ambas células, observaron que los linfocitos T efectores consumían glucosa muy rápido y en grandes cantidades, "como las células tumorales", mientras que los reguladores tienen otro tipo de metabolismo, incluso pueden utilizar ácidos grasos.

Así que probaron a restringir la proliferación de unos y aumentar la de los otros mediante dietas de restricción calórica y cetogénicas, aquellas muy bajas en hidratos, un consumo moderado de proteínas y un alto contenido en grasas.

Lo han probado en cultivos celulares, luego en ratones y, finalmente, en voluntarios sanos a los que se les aplicó durante 15 días una estricta dieta de este tipo.

Así, observaron que el sistema inmune reprogramaba su actividad para generar un entorno más favorable a la aceptación, con una mayor estabilidad funcional de linfocitos T reguladores y con los efectores en perfil bajo.

Baroja y sus compañeros están presentando los resultados de su trabajo en el IX Congreso de la Sociedad Española de Trasplante, que tiene lugar estos días en A Coruña.

Según la aceptación que tengan sus hallazgos entre sus pares, plantearán la siguiente fase, estudiar estas restricciones metabólicas en personas trasplantadas de hígado.

"Se trata de un órgano inmunoprivilegiado. Hay algunos pacientes que llevan más de 12 años viviendo sin inmunosupresión y funcionan bastante bien, y queremos ver si podemos aumentar la proporción de aquellos que pueden dejar la medicación".

La idea no es mantener una dieta cetogénica para siempre, porque esto puede dar lugar a sus propios problemas, pues se piensa que puede acabar siendo dañina, precisamente, para el hígado.

Consistiría, más bien, en pautar una dieta al paciente que le pueda inducir tolerancia inmunológica y le ayude, posteriormente, a abandonar la medicación.

Baroja cree que esta idea se puede extender a otro tipo de trasplantes como el de riñón, donde "hay mucha bibliografía sobre tolerancia", pero sería más complicado en otros como el corazón, donde "hay mucho riesgo y nadie se atrevería".