La dosis mortal de fentanilo en comparación con la punta de un lápiz.

La dosis mortal de fentanilo en comparación con la punta de un lápiz. Administración de control de drogas de Estados Unidos (DEA)

Observatorio de la sanidad

Rociado en folios que se recortan y se fuman: así se introduce el fentanilo en las cárceles españolas

El sindicato CSIF denuncia no disponer de los medios para la detección e incautación del material, así como de los equipos de protección necesarios.

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Las claves

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El fentanilo se introduce en cárceles españolas impregnando folios que luego son recortados y fumados por los reclusos.

El sindicato CSIF denuncia la falta de medios y solicita reactivos químicos y material de protección para detectar la droga.

La presencia de fentanilo representa un grave riesgo tanto para presos como para funcionarios, quienes pueden intoxicarse accidentalmente.

En 2023 se registraron 24 muertes por consumo de drogas en prisión, la cifra más baja de la última década, aunque la situación sigue siendo preocupante.

El fentanilo y otras drogas sintéticas están más presentes de lo que parece en las cárceles españolas y los medios actuales son insuficientes para hacerles frente.

Así lo denuncia el sindicato CSIF, que ha enviado un escrito a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias para que implante las medidas necesarias para contener esta amenaza tanto para los trabajadores como para los reclusos.

"Es una droga muy peligrosa, muy fácil de introducir y muy barata", afirma su responsable en prisiones, Jorge Vilas.

El procedimiento es muy simple. Se rocía un folio con un espray, se deja secar y se escribe en él, como si fuera una carta normal.

"Hoy en día, el uso del correo en papel está desfasado en todas partes menos en las prisiones, donde no se permite el móvil, así que a los reclusos les llegan cartas".

Los funcionarios "abrimos el sobre, examinamos la carta por si hubiera un objeto prohibido y le damos al preso el sobre con la carta".

A simple vista, es imposible distinguir si un folio normal ha sido rociado con una mezcla de fentanilo y otras drogas sintéticas.

Una vez en manos del recluso, recorta el folio en cuadritos y los vende para ser fumados.

Es cuando alguien muere por intoxicación o sobredosis en su cuarto cuando se se ve que estaba en posesión de esos papelillos y se puede identificar que la droga ha entrado en la prisión.

"Si se lo fuman en el patio a las cinco de la tarde y se encuentran mal, otros internos nos avisan y podemos llevarlo a urgencias", explica Vilas.

"Pero, si están en la celda a la hora del cierre y se lo fuman en la cama, al abrirla nos lo encontramos 'frito'. Y vemos que tienen un trozo o varios de papel".

El sindicalista explica que existen reactivos químicos que permiten detectar si un folio está impregnado de droga, pero no están disponibles en las instituciones penitenciarias.

Además, existe el peligro de que el propio funcionario, al manipular con sus manos desnudas estas cartas sin conocer su 'contenido' oculto, pueda intoxicarse también, o lo hagan las unidades caninas.

"Reclamamos a la Dirección de Ejecución Penal que nos posibilite los reactivos para detectar este tipo de droga a la mínima sospecha y que nos den material de protección necesario, como guantes de nitrilo o látex".

Además, reivindican la actualización de un protocolo de actuación frente a este tipo de situaciones, así como de manejo de la correspondencia externa.

La carencia de profesionales sanitarios en las instituciones penitenciarias es crónica. Esto genera situaciones paradójicas como que en la enfermería haya antídotos para las sobredosis pero nadie esté facultado para recetarlo.

"Hay prisiones que no tienen ni médico. No nos queda otra que [cuando ocurre una sobredosis] llamar cuanto antes a urgencias y sacar al recluso acompañado de la Guardia Civil", denuncia Vilas.

La cifra más baja de muertes

"Necesitamos profesionales con los medios adecuados y una mejor coordinación de los dispensarios y la medicación".

Según el último informe general de Instituciones Penitenciarias, del Ministerio del Interior, en 2023 murieron 24 fallecimientos por consumo de drogas en los centros (más otros tres de presos que estaban de permiso).

Es la cifra más baja de los últimos diez años: en 2018 hubo un pico de 61 muertes pero desde entonces se han mantenido por debajo de 40.

Jorge Vilas explica que las primeras actuaciones por sobredosis de fentanilo se hicieron en 2024, por lo que ya se había detectado antes.

La situación no ha escalado porque, "cuando hay varios incidentes, [los reclusos] le cogen miedo y paran durante una temporada. Pero luego pasa y todo vuelve a empezar".

La variabilidad en las sustancias y en las dosis hace que los efectos del consumo sean imprevisibles y obstaculiza la correcta reacción del personal sanitario y el resto de trabajadores de instituciones penitenciarias en caso de sobredosis.

Se necesitan meses para conocer los resultados de las autopsias en casos de fallecimiento, por lo que, "hagamos lo que hagamos, siempre vamos por detrás de los internos", lamenta Vilas.

CSIF denuncia que el manual sobre cómo manipular fentanilo que la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias editó en septiembre de 2024 se ha quedado desfasado y es "absolutamente insuficiente".

Una exposición accidental, ya sea por inhalación, contacto dérmico o ingestión indirecta, supone "un riesgo real e inmediato para el personal funcionario encargado de las labores de incautación, registro y custodia, lo que compromete la seguridad laboral y la eficacia del propio sistema penitenciario".