Imagen de un escáner cerebral.

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Observatorio de la sanidad

Gobierno y CCAA rechazan financiar el primer fármaco que ralentiza la progresión del alzhéimer: "Es bochornoso"

La Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos toma la decisión por "criterios de racionalización del gasto público".

Más información: El primer fármaco contra el alzhéimer en décadas en Europa 'solo' servirá para 20.000 pacientes en España

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Las claves

La Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos ha rechazado financiar Leqembi, el primer fármaco que ralentiza la progresión del alzhéimer, por criterios de racionalización del gasto público.

Leqembi ha demostrado eficacia en la ralentización del alzhéimer en fases leves, pero su uso requiere cambios organizativos y diagnósticos avanzados en los servicios de Neurología.

El alto coste del tratamiento, estimado en hasta 24.000 euros anuales por paciente, y la necesidad de recursos hospitalarios adicionales complican su incorporación al sistema público.

Médicos y asociaciones de pacientes critican la decisión, alertando que el retraso en la financiación puede hacer que muchos pierdan la ventana terapéutica para beneficiarse del medicamento.

La Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos ha rechazado financiar Leqembi (lecanemab), comercializado por la farmacéutica Eisai, por "criterios de racionalización del gasto público".

No se trata de un medicamento cualquiera: es el primer medicamento para el alzhéimer en décadas y el primero autorizado que ha demostrado ralentizar la progresión de la enfermedad en pacientes con demencia leve.

Médicos y pacientes se muestran decepcionados por la decisión de este órgano, formado por representantes de los ministerios de Sanidad, Hacienda, Economía e Industria, así como por tres comunidades autónomas (ahora son Castilla y León, Andalucía y Comunidad Valenciana, pero van rotando).

En la actualidad, la compañía comercializadora (Eisai) se encuentra en proceso de alegaciones a la decisión tomada por la Comisión.

"Para los pacientes, la consecuencia más crítica de cualquier retraso en la implementación es, sencillamente, la pérdida de la ventana terapéutica", explica el neurólogo David Pérez Martínez a EL ESPAÑOL-Invertia.

"Es fundamental precisar que estas nuevas terapias han demostrado eficacia exclusivamente en fases precoces, y muy precoces, del alzhéimer".

Por tanto, si el acceso se retrasa, "corremos el riesgo de que el paciente evolucione clínicamente hacia estadios más avanzados", con lo que no podría tratarse con el fármaco.

Más allá de lo económico

Para los profesionales, "la situación genera un escenario de frustración clínica. Supone realizar un esfuerzo diagnóstico de precisión para llegar a tiempo, sabiendo que la herramienta terapéutica existe, pero aún no está disponible".

La motivación económica del rechazo no convence a Jesús Rodrigo, CEO de la Confederación Española de Alzheimer y otras demencias (Ceafa), que califica el rechazo a la financiación como "una situación bochornosa".

"Creemos que no es tanto una cuestión económica sino que les da un poco de miedo evidenciar las carencias de los sistemas de salud autonómicos", afirma a este periódico.

La llegada de Leqembi supone un reto a todos los niveles para la sanidad pública. Aunque no se sabe el coste que tendrá el fármaco en nuestro país, se estima que, anualmente, puede llegar a los 24.000 euros por paciente.

Aunque hay unos 800.000 pacientes con alzhéimer en España, la Sociedad Española de Neurología calculó que solo unos 20.000 se beneficiarían del tratamiento.

Sin embargo, con ese coste, la terapia supone un fuerte esfuerzo inversor del sistema de salud.

Pero no se trata únicamente de dinero. Leqembi exige un cambio organizativo en los servicios de Neurología.

Primero, porque es una medicación intravenosa que se administra de forma periódica, lo que implica tener que habilitar espacio en los hospitales de día para estos pacientes.

Segundo y más importante, el fármaco requiere una serie de pruebas para su diagnóstico y seguimiento (tests genéticos, resonancias magnéticas) que implican un aumento más que notable de los recursos y las cargas de trabajo del servicio.

Hay una cuestión adicional: el temor a efectos secundarios graves, microhemorragias cerebrales que pueden conllevar riesgo de muerte.

Turismo sanitario

Por suerte, "el perfil de efectos adversos en la vida real no difiere del observado en los ensayos clínicos", explica David Pérez, que es jefe de Neurología en el Hospital La Luz, entre otros cargos.

En Estados Unidos se lleva utilizando este fármaco de forma regular desde que se aprobó en 2023, y ya hay datos sólidos sobre su uso más allá de los ensayos clínicos, en los que el criterio de selección de los pacientes restringe la diversidad que se encuentra en el día a día.

Sin embargo, "en algunos registros y centros especializados, los datos de seguridad parecen incluso mejorar. Esto nos da una gran confianza y evidencia que, aplicados bajo criterios clínicos estrictos y con una monitorización radiológica adecuada, son tratamientos seguros".

En Europa, Leqembi se aprobó en 2025, dos años después que en EEUU. Las autoridades del continente se mostraron más prudentes, pues el beneficio del fármaco ralentizando la progresión de la enfermedad es pequeño y no tenían claro si superaba a los riesgos.

Eso hace que haya menos experiencia de uso. "Hasta donde sabemos, países como Alemania y algunas naciones del norte de Europa están comenzando a prescribirlos, aunque todavía no disponemos de una experiencia clínica publicada consolidada en nuestro continente".

Precisamente, que el fármaco esté usándose en países de nuestro entorno hace temer a Jesús Rodrigo, de Ceafa, que haya quien se esté planteando una nueva forma de turismo sanitario.

"Estoy en Lyon, en la Conferencia Internacional sobre Alzheimer, y se ha puesto sobre la mesa el tema, es una realidad que existe y va a llegar", admite.

Ceafa contactará tanto con responsables ministeriales como de las comunidades autónomas para trasladarles las demandas de los pacientes.

"La sensación es que pasan la pelota unos a otros", lamenta, "cuando todos estábamos avisados desde hace años de que estos tratamientos iban a llegar y han tenido margen para analizar la situación y tomar las medidas necesarias".

Por eso, el hecho de que en España no se haya acordado todavía su financiación "es una situación bochornosa. Si la parte médica está convencida, por qué no hacen caso a los que saben, es inconcebible".