Juan Yermo, director general de FarmaIndustria, durante su intervención en el VI Observatorio de la Sanidad

Juan Yermo, director general de FarmaIndustria, durante su intervención en el VI Observatorio de la Sanidad David Morales

Observatorio de la sanidad

Las farmacéuticas españolas temen un shock de costes por el conflicto en Irán similar al de la guerra de Ucrania

La crisis en Ucrania tuvo un impacto para las compañías de 900 millones de euros por costes energéticos y encarecimiento de las materias primas.

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Las claves

Las farmacéuticas españolas temen un aumento de costes por el conflicto en Irán, similar al experimentado tras la guerra de Ucrania.

Una crisis prolongada podría afectar el acceso a medicamentos debido al encarecimiento de energía, materias primas y transporte internacional.

El sector farmacéutico opera con precios regulados, por lo que no puede trasladar los sobrecostes al consumidor y debe asumirlos directamente.

La amenaza de nuevos aranceles desde Estados Unidos y la inestabilidad geopolítica ponen en riesgo la competitividad, la inversión en I+D y la autonomía del sector europeo.

La industria farmacéutica española está empezando a vaticinar las consecuencias del conflicto en Irán. Las compañías temen un shock de costes similar al que sufrieron tras la guerra de Ucrania si la crisis se alarga.

Aunque, en la actualidad, la guerra no afecta de forma directa al sector farmacéutico, desde Farmaindustria advierten que una crisis prolongada puede tener un impacto relevante en el acceso a los medicamentos.

"Si la guerra se alarga, la situación podría asemejarse a lo ocurrido con el conflicto en Ucrania y el impacto en la inflación causado por el aumento del precio de la energía. En esos momentos, se superaron los 900 millones de euros de impacto para las empresas farmacéuticas por costes energéticos y encarecimiento de materias primas". 

Cabe destacar que el encarecimiento de la energía, de las materias primas y del transporte internacional incrementa los costes de producción y, por consiguiente, el suministro de los medicamentos.

A diferencia de otros sectores, la industria farmacéutica opera en un entorno de precios regulados, lo que impide trasladar estos sobrecostes al precio final. Esto implica que la mayoría de los gastos son asumidos por las compañías.

"En situaciones anteriores, como la guerra en Ucrania, el sector ya absorbió un fuerte aumento de costes para garantizar el suministro de medicamentos, y ese compromiso con los pacientes vuelve a ser clave en un contexto de creciente incertidumbre internacional", indican desde la patronal.

El desarrollo y la llegada de nuevos medicamentos dependen de un equilibrio global muy delicado entre innovación, inversión, producción y acceso al mercado.

De esta manera, como señala Farmaindustria, la competitividad de Europa y, por ende, de España se está viendo afectada por el contexto geopolítico actual y las amenazas de nuevos aranceles por parte de Estados Unidos.

"Todo esto puede afectar a la capacidad de Europa para seguir siendo competitiva en investigación biomédica, atraer inversión, mantener la fabricación de medicamentos y garantizar que los pacientes accedan a tiempo a los nuevos tratamientos", asegura el sector.

Nuevos aranceles

Hace unos días, Donald Trump volvió a amenazar con imponer aranceles del 100% a las farmacéuticas que no cierren acuerdos con su Administración para bajar el precio de sus medicamentos o se comprometan a fabricar en el país en los próximos meses.

Para Europa y España, en concreto, el techo se ha fijado en un 15% reducen al 15% (con algunas excepciones, por ejemplo, Reino Unido que tiene un acuerdo particular). Estos movimientos buscan incentivar que las compañías inviertan y produzcan más dentro del país.

Para la patronal, esta decisión tendrá un coste directo sobre los pacientes, los sistemas sanitarios y la industria farmacéutica en Estados Unidos y Europa.

"Supondrá una presión sobre los precios y barreras comerciales y puede influir en dónde se decide investigar, fabricar y lanzar nuevos medicamentos".

De esta manera, si los precios en Estados Unidos bajan presionando a los europeos esto podría reducir los ingresos destinados a I+D en Europa o poner en riesgo la autonomía estratégica del continente.

A esto se suma que podrían desincentivarse las inversiones en fabricación y ensayos clínicos en la región. Y la nueva situación ahondaría la crisis de competitividad que está sufriendo Europa en los últimos 20 años.