Vacunación frente al herpes zóster.

Vacunación frente al herpes zóster.

Observatorio de la sanidad

El desequilibrio autonómico de la vacuna del herpes zóster: de coberturas del 71% en Canarias al 4% en Cantabria

Está recomendada para personas de 65 y 80 años, pero cada comunidad ha establecido una estrategia distinta para cubrir el 'hueco' que hay entre ambas edades.

Más información: Las CCAA no podrán ampliar la vacunación frente al herpes zóster por los límites que hay para extender la producción

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Las claves

Existen grandes diferencias en la cobertura de la vacuna del herpes zóster entre comunidades autónomas: del 71% en Canarias al 4% en Cantabria para personas de 65 años.

La vacuna está incluida en el calendario común desde 2023 para personas de 65 y 80 años, pero la aplicación práctica y las estrategias varían mucho según la región.

Madrid y Andalucía representan extremos en la estrategia de vacunación: Madrid incluye más cohortes y 'rescata' a quienes no se vacunaron, mientras que Andalucía limita la financiación.

La vacuna del herpes zóster es altamente eficaz, reduce complicaciones graves y su coste se considera una inversión por los beneficios en salud pública a largo plazo.

Todo el que ha pasado la culebrilla sabe lo que duele. Afortunadamente, existe una vacuna en el calendario para prevenirlo. Desafortunadamente, cada comunidad la está aplicando de una forma distinta y con resultados desiguales.

Las coberturas de vacunación frente al herpes zóster –el término médico más adecuado– arrojan notables diferencias autonómicas en una vacuna que está incluida en el calendario común desde 2023 para personas de 65 y de 80 años.

Estas dos edades se eligieron por motivos distintos: en el primer caso, prima la relación coste-eficacia; en el segundo, el mayor riesgo.

Casi todas las comunidades han elaborado distintas estrategias para inmunizar a las personas entre una y otra edad, con resultados desiguales.

"A esto lo llamamos falta de equidad y estamos acostumbrados a verla", lamenta José Antonio Forcada, presidente de la Asociación Nacional de Enfermería y Vacunas, Anenvac.

"El hecho de nacer unos kilómetros a un lado u otro de una frontera puede condicionar tu salud, como puede condicionar tu economía. Es una falta de equidad determinada por las preferencias de las comunidades en sus inversiones".

En un lado y otro del espectro del acceso están Madrid y Andalucía. La primera ha hecho una fuerte apuesta por la inmunización (dos dosis separadas por un intervalo mínimo de ocho semanas). Además de las personas nacidas en 1961 y 1946, tiene una estrategia de 'rescatar' a la población entre ambas fechas.

En cambio, Andalucía solo ha aplicado la estrategia a quienes cumplen 65 años, 'rescatando' a los nacidos en 1959 y 1960 que no se hubieran vacunado en los dos años anteriores de vigencia de la indicación.

Para las personas de 80 años, en cambio, no está financiada.

En otras comunidades se apostó fuertemente al principio, pero cambios en las prioridades o circunstancias de la gestión han desinflado la iniciativa.

"Hemos tenido graves problemas de desabastecimiento en el País Vasco y Cataluña, se quedaron sin dosis y no sacaron los concursos [para adquirir nuevas dosis] a tiempo", explica Forcada.

Otras comunidades optan por ceñirse a las edades establecidas y ofrecer la inmunización al resto solo si la persona lo pide.

Y aquí está otra inequidad: cada autonomía tiene su propia forma de captar a los potenciales receptores de la vacuna: SMS recordatorios, una carta en el buzón al cumplir los 65 años, bots que llaman por teléfono, etc.

"La técnica que mejor funciona, sin duda, es la recomendación directa por parte del profesional sanitario, que recuerda la importancia de vacunarse y resuelven sus dudas", apunta el presidente de Anenvac.

Sin embargo, "con toda la presión asistencial de la actualidad, al profesional le cuesta encontrar hueco para informar adecuadamente a los pacientes, así que priman los SMS y otros tipos de contacto más fríos, que pueden convencer o no".

Diferencias extremas

Estas desigualdades son las responsables de unas diferencias casi extremas entre las tasas de cobertura de uno y otro lugar.

Según los datos del Sistema de Información de Vacunaciones del Ministerio de Sanidad, en el año 2024 la cobertura nacional de la vacuna del herpes zóster en personas de 65 años se situó en el 33,37%.

Hay comunidades que lo han hecho especialmente bien: en Canarias llega al 71,28%; en Castilla y León alcanza el 50,55% y en Navarra se llega al 49,72%.

En cambio, en Cantabria fue del 4,14%, en Baleares del 4,10% y en País Vasco del 5,74%.

La situación es similar respecto a las personas de 80 años. El 26,15% de la población de esta edad está protegida frente al herpes zóster, porcentaje que llega al 53,46% en Madrid, el 46,9% en Castilla y León y el 44,10% en Castilla-La Mancha.

Sin embargo, en Cantabria solo llega al 0,44%; en Andalucía, al 1,02%, y en Navarra, al 1,77%.

"Hay comunidades que están haciendo un esfuerzo mucho más importante, pero otras no tanto", lamenta Forcada.

El herpes zóster es una manifestación del virus de la varicela. Cuando superamos la enfermedad de niños (por lo general), el virus se queda en letargo en nuestro cuerpo hasta que 'despierta' con la edad por el debilitamiento del sistema inmunitario, sobre todo a partir de los 50 años y su gravedad aumenta con la edad.

"Produce un sarpullido con ampollas muy dolorosas que afectan a una franja de la piel", explica Isabel Jimeno, responsable del Grupo de Vacunas de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia.

Esa franja de ampollas y el dolor son las principales características de la enfermedad pero, si las primeras acaban formando costras y desapareciendo, el segundo puede permanecer.

La complicación más frecuente es la "neuralgia postherpética, dolor crónico que puede afectar al 30-50% de los mayores de 60 años", cuenta Jimeno.

"Es un dolor que puede durar años, de difícil control y que precisa tratamiento médico. Otras complicaciones pueden ser dependiendo de la localización. Por ejemplo, a nivel oftálmico: queratitis, uveítis, glaucoma; a nivel neurológico, encefalitis, parálisis facial…"

La médica de familia recuerda que la vacuna (también recomendada a grupos de riesgo como pacientes inmunodeprimidos) "reduce el riesgo [de herpes zóster] en un 97% y la presencia de neuralgia postherpética en un 91%", y además "es segura y eficaz incluso después de haber padecido la enfermedad, con protección duradera".

Jimeno recuerda que la vacuna es "segura (pocos efectos secundarios, salvo los habituales: dolor local, febrícula…), que puede ser coadministrada con otras vacunas y con una efectividad muy importante".

José Antonio Forcada, presidente de Anenvac, recuerda, por su parte, que es "una vacuna que cuesta dinero. No quiero decir que sea cara, porque te ofrece una protección de por vida, y no solo frente al herpes zóster: cada vez salen más estudios de protección cruzada con otras patologías, como demencias o enfermedades cardiovasculares".

Es, en sus palabras, "una inversión, que es importante, pero estás ahorrando dinero a la larga. Aunque cueste dinero, no es una vacuna cara".