Las terapias alternativas pueden retrasar el inicio de la quimioterapia

Las terapias alternativas pueden retrasar el inicio de la quimioterapia

Observatorio de la sanidad

Introducir terapias 'alternativas' en el tratamiento del cáncer de mama podría aumentar su mortalidad en un 45%

Aunque fue un porcentaje muy pequeño respecto al total de mujeres tratadas, los investigadores observaron una diferencia significativa en la mortalidad.

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Las claves

Un estudio en EE.UU. con más de 2 millones de pacientes reveló que combinar terapias alternativas con tratamientos clásicos de cáncer de mama aumenta la mortalidad en un 45%.

Solo el 81,2% de las mujeres que mezclaron terapias clásicas y alternativas sobrevivió cinco años tras el diagnóstico, frente al 85,4% de quienes solo usaron tratamientos validados.

El uso de terapias alternativas se asoció a menor adhesión a tratamientos efectivos como quimioterapia, radioterapia y terapia hormonal.

Expertos advierten que las pseudoterapias pueden llevar a tomar peores decisiones de salud y califican estos métodos como fraudes peligrosos.

Un estudio publicado en la revista JAMA Network Open ha observado un aumento de la mortalidad por cáncer de mama entre las mujeres que combinaron el tratamiento clásico con alguna de las llamadas terapias 'alternativas' o complementarias.

Se trata de un análisis de 2.157.219 con cáncer de mama de Estados Unidos entre 2011 y 2021. La mayoría de ellas (97,6%) recibieron solo la terapia tradicional, es decir, la que ha medido su eficacia mediante ensayos clínicos o en vida real.

Es decir, la cirugía, la quimio y la radioterapia, los tratamientos hormonales o la inmunoterapia.

Hubo un porcentaje muy pequeño, no obstante, que recibió solo terapias alternativas o complementarias, y otro grupo igualmente pequeño que combinó el tratamiento clásico con estas terapias.

Entre estas 'terapias' se incluían suplementaciones dietéticas, acupuntura o aproximaciones cuerpo-mente.

Algunos de los motivos para utilizarlas era un mejor manejo de los síntomas o una 'mejora' del sistema inmune, apuntan los autores, de la Escuela Médica de la Universidad de Yale.

Además, hubo un 2,3% que no recibió ningún tratamiento.

Cinco años después del diagnóstico, el 85,4% de la mujeres tratadas únicamente con terapias clásicas seguía viva, por solo el 47,8% de aquellas que no recibieron tratamiento alguno.

La diferencia también fue notable con aquellas mujeres que solo recibieron terapias alternativas: solo el 60,1% sobrevivía un lustro después.

Lo sorprendente para los autores era que aquellas que combinaron la terapia clásica con aproximaciones alternativas mostraron una supervivencia inferior a la del grupo mayoritario: del 81,2%.

El riesgo relativo de muerte frente a recibir solo el grupo de terapias validadas científicamente era del 45%.

¿Terapia o pseudoterapia?

La razón puede estar en que estas pacientes, si bien aceptaron la atención médica clásica, lo hicieron en menor medida que aquellas tratadas exclusivamente con esta.

Por ejemplo, el 65,2% de las mujeres que optaron por el tratamiento tradicional recibieron terapia hormonal, por sólo el 40,7% de las que la combinaron con aproximaciones alternativas.

La radioterapia también fue usada en menor medida por este grupo: 36,6% frente al 59,5%. Los autores del estudio indican que la quimioterapia también fue utilizada en menor medida.

También apuntan que es posible que muchas pacientes estén ocultando el uso de medicina alternativa, ya que algunos estudios estiman que hasta un 30% del total de pacientes de cáncer de mama podrían estar utilizándolas.

Estudios anteriores ya han revelado una diferencia en mortalidad entre aquellas mujeres que optan por tratamientos convencionales frente al uso o la combinación con terapias alternativas.

El valor de este trabajo es el amplio grupo de pacientes (más de 800) incluidas en el grupo de tratamientos alternativos, una opción -por fortuna, a la vista de los resultados- muy minoritaria.

Emilio José Molina, vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (Apetp), recuerda que, en EEUU, "hay sin duda mucha población que termina acudiendo a pseudoterapias por la mala cobertura sanitaria, mientras que en España tiene que ver mucho más el contexto sociocultural".

No obstante, esto "termina convergiendo en gente a la que se le convence que un supuesto tratamiento B (que no ha demostrado funciona o incluso ha demostrado no hacerlo) funciona tan bien o mejor que el A".

De hecho, hay estudios que señalan que, cuando a los pacientes se les propone una vía B complementaria al tratamiento A que reciben, "psicológicamente tienden a creer que no solo B es funcional, sino que es el pilar básico funcional y que A es lo prescindible, por lo que no es en absoluto inusual e inaudito que mucha gente abocada a ambos termine rechazando A en caso de tener que elegir".

Molina rechaza llamar 'terapias' a este tipo de opciones y los califica directamente de "fraudes".

Además, se promueven "en un contexto de alta manipulación coercitiva, de tipo sectario, en el que se va reformando la cosmovisión del paciente (que ya per se está en un estado altamente vulnerable y hará cualquier cosa para recobrar la sensación de control sobre su vida) y se le hace creer que estas otras cosas tienen algún fundamento".

El peligro es que esto "termina por desorientarles y hacerles tomar peores decisiones en lo relativo a su salud".

"La medicina es la que ha probado funciona, y ya integra todo independientemente de su origen. El resto solo es una estafa", afirma tajante.