Un hombre descansa en un banco.

Un hombre descansa en un banco. Efe

Observatorio de la sanidad

Un análisis de 168 estudios refuta el gran paradigma de la salud mental: más desigualdad no equivale a menos felicidad

Las personas que vivían en los lugares más desiguales no reportaron, de media, una menor satisfacción vital

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Las claves

Un mega-análisis de 168 estudios desmiente que la desigualdad económica esté directamente ligada a una peor salud mental o menor felicidad a nivel poblacional.

El estudio señala que la desigualdad actúa como un catalizador que amplifica factores como la inflación o la pobreza, pero no es por sí sola la causa principal de malestar mental.

La relación entre desigualdad y bienestar mental varía: en contextos de alta inflación o bajos ingresos medios, la desigualdad sí puede asociarse a menor bienestar.

Los expertos recomiendan enfocar las políticas públicas en un marco más amplio de factores que afectan la salud mental, y no solo en la desigualdad económica.

En las últimas décadas se ha ido abriendo paso un concepto de la salud, incluyendo la salud mental, más amplio. En él, los condicionantes sociales juegan un papel fundamental.

Algunas de las lecciones sacadas de esta perspectiva, sin embargo, parecen haber sido malinterpretadas.

Por ejemplo, la relación entre la desigualdad económica de un país con el bienestar y la salud mental de sus habitantes.

En este paradigma, países más desiguales, como EEUU, tendrían peores resultados en salud mental que sociedades más equilibradas, como las nórdicas.

Sin embargo, un mega-análisis de 168 estudios sobre el tema ha refutado esa relación. Si una sociedad tiene índices más bajos de bienestar mental no se le puede echar la culpa, en principio, a las diferencias económicas en la población.

Investigadores de las universidades de Lausana (Suiza), Clermont Auvergne (Francia) y la Columbia Británica (Canadá) extrajeron más de un centenar de características de dichos estudios y las cruzaron con datos del Gallup World Poll.

Esta es una encuesta sobre distintos aspectos del bienestar y la felicidad que lleva haciéndose desde 2005 y cubre más de 160 países.

Las conclusiones del análisis sorprendieron a los autores, pues son numerosos los estudios que, desde diferentes ámbitos (epidemiología, economía, sociología y psicología), han documentado un bienestar subjetivo más bajo "y una alta prevalencia de trastornos mentales" como depresión o ansiedad.

Y es que la desigualdad "ha aumentado considerablemente desde principios de la década de los 80 en la mayoría de países del mundo", apuntan en el trabajo, que ha sido publicado en Nature.

La premisa central de este paradigma es que la inequidad económica alimenta la estratificación social y una cultura de la competitividad que "exacerba la ansiedad por el estatus, erosiona las relaciones sociales y, finalmente, daña el bienestar subjetivo y la salud mental".

Lo que vieron, sin embargo, es que las personas que vivían en los lugares más desiguales no reportaron, de media, una menor satisfacción vital.

Muchas veces, el tamaño del efecto reportado no era estadísticamente significativo, es decir, que no se podía descartar que fuera producto del azar.

Otros estudios subrayaban una peor salud mental en lugares más desiguales, pero se trataba de trabajos pequeños y sobrerrepresentados, reflejando, más bien, un sesgo de publicación (cuando la probabilidad de publicar un estudio depende de la dirección de sus resultados).

Inflación y bienestar

En un comentario al trabajo, Nicolas Sommet, del Centro Suizo de Expertos en Investigación del Ciclo de Vida (LIVES) de la Universidad de Lausana, apunta, tajante, que "las políticas dirigidas a reducir la desigualdad económica tendrán implicaciones negativas para la salud pública".

Sin embargo, sí observaron otros patrones más complejos dentro de la relación entre ingresos y salud mental.

Por ejemplo, que la desigualdad de ingresos sí se asociaba con un menor bienestar "en contextos de inflaciones altas".

Sorprendentemente, cuando la inflación era baja, la desigualdad podía implicar un mayor bienestar.

Si los ingresos medios de la población son menores, en cambio, una mayor inequidad sí podía relacionarse con peor salud mental.

Por eso, los autores concluyen que la desigualdad es "un catalizador que amplifica otros determinantes del bienestar y la salud mental" como la inflación y la pobreza, pero por sí sola "no es raíz causal de efectos negativos".

El resultado de este mega-análisis es "un giro de paradigma al que tenemos que prestar relevancia", en palabras de Juan Castilla, psicólogo general sanitario y divulgador del Colegio de la Psicología de Madrid.

"Esto no implica que debamos dejar de prestar atención a la desigualdad, sino que debemos reubicarla dentro de un marco más amplio de factores que sí muestran efectos consistentes", apunta.

Castilla recuerda que bienestar y salud mental no son lo mismo pero están estrechamente relacionadas y "es difícil hablar de uno sin mencionar a la otra".

A nivel poblacional, la salud mental no se infiere por diagnósticos clínicos formales sino a través de ítems que permitan evaluar la ansiedad, depresión, estrés percibido, tristeza, preocupación o irritabilidad.

El psicólogo sostiene que la desigualdad económica puede estar relacionada con trastornos como la depresión, la ansiedad o problemas emocionales en la infancia.

"Pero lo novedoso de este estudio es que el metaanálisis muestra que, cuando se agregan todos los estudios y se corrigen sesgos, la desigualdad económica no predice de forma consistente estos síntomas a nivel poblacional", señala.

Mirando a nuestro país, Castilla apunta que es uno de los países con mayor índice de suicidio "a pesar del sol y el buen clima, y tener una cultura sociable", así como uno de los peores ratios de psicólogo por habitante.

Con el incremento de los problemas de la vivienda, el persistentemente alto paro juvenil y el aumento de la soledad no deseada, o se reactivan las políticas públicas "para que se priorice mejorar el bienestar de la población española, o el futuro a corto plazo no es esperanzador", sentencia.