La extensiones de cabello son un producto popular en todo el mundo.

La extensiones de cabello son un producto popular en todo el mundo.

Observatorio de la sanidad

Un estudio identifica 48 compuestos con potencial cancerígeno en las extensiones para el cabello más populares

Son sustancias incluidas en los principales listados de riesgos para la salud, el embarazo, el desarrollo o como disruptores endocrinos, entre otros.

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Las claves

Un estudio ha identificado 169 productos químicos en extensiones de cabello populares, de los cuales 48 tienen potencial cancerígeno o son peligrosos para la salud.

Entre las sustancias detectadas están ftalatos, organoestaños, retardantes de llama y pesticidas, algunos superando límites de la Unión Europea.

La exposición a estos químicos es mayor en profesionales del estilismo y usuarios frecuentes, ya que el contacto puede ser cutáneo, por inhalación o incluso ingestión accidental.

El estudio recomienda mejorar la transparencia en el etiquetado y la trazabilidad de las extensiones, ya que muchas afirmaciones como 'libre de ftalatos' no son fiables.

Un análisis de 43 marcas de extensiones de pelo populares ha encontrado 169 productos químicos que pueden suponer cierto riesgo, de los que 48 están incluidos en listas de productos peligrosos para la salud.

El trabajo ha sido publicado en la revista Environment & Health y sus autores pertenecen al Instituto de Investigación del Suroeste (San Antonio, EEUU) y el Silent Spring Institute (Massachusetts, EEUU), una organización sin ánimo de lucro dedicada a la prevención primaria del cáncer de mama.

La investigación sobre los químicos presentes ha revelado el potencial cancerígeno (y otros riesgos como los disruptores endocrinos) de productos como los tintes y productos para el alisado del cabello.

Los riesgos de la exposición a ciertos químicos son mayores en los profesionales del estilismo, que están en contacto continuo con ellos. Aunque utilicen guantes, también pueden inhalarlos.

Sin embargo, sobre las extensiones de cabello (que pueden ser naturales o sintéticas) "se ha investigado poco", destacan los autores de este trabajo.

"Las extensiones están en contacto con la piel, particularmente el cuello y el cuero cabelludo, incluyendo durante el baño y la ducha", apuntan.

Y el uso de "secadores de pelo y otros tipos de manipulación pueden contribuir a la liberación de químicos volátiles o semivolátiles", indican.

Además, el contacto con la mano o la boca –especialmente si hay niños cerca– tiene que ser tenido en cuenta.

"Por tanto, los individuos que llevan extensiones de pelo experimentan un contacto directo y continuo con la piel durante grandes periodos de tiempo, además de ser probable la exposición por ingestión e inhalación".

Los autores, comandados por Elissia T. Franklin, del Silent Spring Institute, seleccionaron las marcas más populares en redes sociales o en motores de búsqueda como Google, así como aquellas que incluían reclamos como la resistencia al agua, al calor o estar libre de químicos.

En su análisis, identificaron 169 sustancias, de las que 48 de ellas aparecen en listados de riesgos para la salud de distintas organizaciones, como la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés).

Entre ellos, figuran ftalatos (conocidos como químicos eternos) como el DEHP, organoestaños (algunos superan los límites de concentración establecidos por la Unión Europea), retardantes del fuego, halogenados e incluso pesticidas.

Los investigadores se muestran cautos en indicar posibles efectos en la salud de las concentraciones analizadas, pero apuntan que es necesario avanzar en la trazabilidad de estos productos y que figure su composición en el etiquetado.

Etiquetas no fiables

"No se pueden inferir conclusiones robustas de toxicidad a partir de estos datos", advierte Xavier Giménez, del Departamento de Ciencia de Materiales y Química Física de la Universidad de Barcelona.

"El estudio identifica riesgos y permite establecer prioridades de futura vigilancia, pero no identifica amenazas completas (toxicidad) para los usuarios".

Giménez recuerda que la detección de un producto químico no indica la dosis que recibe una persona "ni si las emisiones se producen en cantidades significativas durante el uso", pero apunta unas recomendaciones.

Los reguladores, por ejemplo, deben asegurar "una mayor transparencia comunicativa de las sustancias presentes", así como "establecer estándares específicos en extensiones de cabello, de presencia. Sobre todo, de los compuestos organoestaños, ciertos retardantes de llama y ftalatos específicos".

Para los consumidores, recomienda "reducir el tratamiento térmico de las extensiones cuando sea posible, aumentando la ventilación durante cualquier uso", que logre reducir la potencial inhalación de químicos liberados.

Los fabricantes, por otro lado, deben "documentar alternativas más seguras" pero también mejorar la trazabilidad y proporcionar etiquetas verificables, "puesto que el trabajo sugiere que las afirmaciones de tipo 'verde' / 'libre de ftalatos' no indican de manera fiable el contenido real de las extensiones".

Por su parte, el dermatólogo David Saceda, del Grupo Español de Tricología de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), se muestra más tranquilizador.

"En ningún momento las extensiones se anclan en la piel sino al tallo piloso. Para la persona que lleva extensiones, creo que es improbable que vaya a darle ningún tipo de problema".

Algo similar puede pasar en el caso de los profesionales del estilismo, pues "ya tienen algunas sustancias químicas afiliadas como riesgo profesional, y en las extensiones tienen menor categoría que los tintes", precisa Saceda.

Lo interesante puede llegar para los fabricantes de estas, pues su personal es el que más expuesto está, en principio, a compuestos volátiles.

"El problema es que es difícil trazar el origen de la fibra. Una empresa de Polonia puede traerla de Bangladesh, la transforma en mechones y luego la vende en Madrid, no está claro", indica el estudio.

Según los autores, el mercado global de las extensiones de cabello alcanzará los 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros) en 2028.

Destacan, con datos referidos a EEUU, que el 70% de las mujeres negras ha llevado extensiones en el último año, en comparación con menos del 10% en el caso de las mujeres latinas, asiáticas y blancas.