La vicepresidenta de la Comisión responsable de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen

La vicepresidenta de la Comisión responsable de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen Comisión Europea

Observatorio digital

La UE limitará a las plataformas de EEUU en los servicios de nube: "Los datos más sensibles deben quedarse en Europa"

El Ejecutivo comunitario plantea además proporcionar un "acceso preferente" a los contratos públicos a los semiconductores fabricados en Europa.

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Las claves

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La UE presenta el Paquete Europeo de Soberanía Tecnológica para reducir la dependencia de servicios digitales y nube de Estados Unidos.

Nuevas restricciones buscan que los datos más sensibles de administraciones y organismos europeos se almacenen y procesen en Europa.

El plan incluye una Ley de Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial con un sistema de certificación de cuatro niveles de soberanía tecnológica para proveedores.

La Ley de Chips 2.0 refuerza el suministro de semiconductores a sectores críticos, incentivando el uso de tecnología desarrollada o producida en Europa.

La Comisión de Ursula von der Leyen da un paso más en su estrategia para reducir la dependencia tecnológica respecto a Estados Unidos, en un movimiento que amenaza con inflamar de nuevo las tensiones con la administración de Donald Trump.

El Ejecutivo comunitario ha presentado este miércoles el denominado Paquete Europeo de Soberanía Tecnológica, un ambicioso plan destinado a reforzar la autonomía de la UE en sectores clave como los semiconductores, la inteligencia artificial, los servicios en la nube y el software de código abierto. La iniciativa introduce nuevas restricciones para los operadores cloud dominantes -Amazon, Microsoft y Google- con el objetivo de que los datos más sensibles de administraciones y organismos europeos permanezcan bajo control comunitario.

"Queremos asegurarnos de que nuestros datos más críticos y sensibles se almacenen en Europa", ha afirmado la vicepresidenta de la Comisión responsable de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, durante la rueda de prensa de presentación del plan.

En estos momentos, más del 80% de los productos, servicios e infraestructuras digitales utilizados en Europa proceden de proveedores de fuera de la UE, en particular. Bruselas considera que se trata de una "vulnerabilidad estratégica" para la seguridad de suministro, pero también de un problema con importantes consecuencias económicas para el continente.

"La soberanía tecnológica no significa proteccionismo. Europa seguirá apostando por la apertura, las alianzas y la competencia justa", ha resaltado Virkkunen, en un intento de rebajar el previsible choque con Trump.

"Al mismo tiempo, la UE quiere estar en condiciones de tomar sus propias decisiones y evitar dependencias de proveedores dominantes únicos, especialmente cuando proceden de países que no comparten sus mismos valores e intereses", alega la vicepresidenta del Ejecutivo comunitario.

Ley de la nube y de la IA

Pese al crecimiento del mercado europeo de servicios en la nube, la cuota de los proveedores de la UE se desplomó del 29% en 2017 al 15% en 2022 y permanece estancada desde entonces, de modo que más del 70% del negocio está controlado por tres gigantes tecnológicos estadounidenses: Amazon, Microsoft y Google.

El objetivo de la nueva Ley de Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial -el pilar central del Paquete de Soberanía Tecnológica- es precisamente poner coto a este dominio de EEUU y favorecer el uso de servicios cloud e inteligencia artificial considerados estratégicos para la autonomía digital de la Unión.

Para lograrlo, la norma creará un sistema de certificación con cuatro niveles de soberanía tecnológica que las administraciones públicas deberán tener en cuenta al contratar servicios digitales, en función de los riesgos identificados en cada caso. Los proveedores de servicios en la nube podrán obtener una acreditación oficial dentro de este marco tras superar una auditoría y ser reconocidos por los Estados miembros.

En el nivel 1, el más bajo, los datos deberán almacenarse y procesarse en infraestructuras ubicadas dentro de la Unión Europea. En el segundo escalón, el proveedor deberá acreditar su independencia frente a terceros países y garantizar la transparencia de su cadena de suministro de software.

En el nivel 3, la plataforma tendrá que estar controlada y ser propiedad de entidades europeas, además de cumplir requisitos adicionales, como determinadas condiciones relativas a la nacionalidad de su personal. No obstante, Bruselas podrá conceder este reconocimiento también a empresas de países terceros.

El nivel máximo de soberanía exigirá un control y una transparencia completos sobre toda la cadena de suministro de software, así como la ausencia de cualquier injerencia o influencia por parte de países no pertenecientes a la UE.

Ley de Chips 2.0

La Ley de Chips 2.0 constituye el segundo gran eje de la ofensiva de Bruselas para reforzar la soberanía tecnológica europea. Su objetivo es garantizar el suministro de semiconductores a sectores críticos como la automoción, el transporte y la energía, evitando dependencias que puedan convertirse en una vulnerabilidad estratégica para la UE.

El segundo gran pilar del Paquete Europeo de Soberanía Tecnológica es la Ley de Chips 2.0, cuyo objetivo es garantizar que sectores clave como la industria automovilística, el transporte o las infraestructuras críticas de distribución energética, cuenten con diversas alternativas de suministro de los semiconductores que utilizan.

"Debemos evitar que se repita un caso como el de Nexperia, en el que un solo país pueda poner en riesgo el abastecimiento de chips esenciales para una industria estratégica, como ocurrió el año pasado con el sector del automóvil", explican fuentes comunitarias en referencia a la compañía china con sede en Países Bajos.

Bruselas pretende además utilizar la contratación pública para impulsar la industria europea de semiconductores. La idea no es imponer una obligación de comprar chips fabricados en la UE, sino otorgar un "acceso preferente" a las soluciones que incorporen tecnología desarrollada o producida en Europa, con el fin de garantizar una demanda mínima que permita consolidar nuevas capacidades industriales y reducir la dependencia exterior.