Símbolo del euro en Frankfurt.

Símbolo del euro en Frankfurt. Europa Press

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El euro paga el 'papel refugio' del dólar, firma su mayor caída semanal desde 2024 y aumenta la presión inflacionista de la UE

Un 'shock' energético prolongado pondría en jaque la política monetaria del BCE al incrementar la inflación y reducir el crecimiento económico

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Las claves

Las claves

El euro ha registrado su mayor caída semanal desde septiembre de 2024, perdiendo un 1,66% tras el inicio del conflicto en Irán.

La fortaleza del dólar como activo refugio, el repunte del petróleo y la incertidumbre sobre los tipos de la Fed han debilitado al euro.

El encarecimiento del petróleo y la energía podría aumentar la inflación y reducir el crecimiento económico en la zona euro.

España podría beneficiarse de la debilidad del euro por el impulso al turismo y a las exportaciones fuera de la UE.

El euro ha sido uno de los grandes perdedores tras el estallido del conflicto en Irán. A la moneda común no le ha sentado nada bien la volatilidad y las tensiones del mercado y se ha dejado un 1,66% desde que detonaron los ataques. 

El retroceso supone la mayor caída semanal de la divisa desde septiembre de 2024, que ahora se cambia por 1,1618 dólares. Sin embargo, el euro ha llegado a tocar el nivel de los 1,1546 dólares, aunque el rendimiento de la última sesión la ha salvado de un peor desempeño.

La tendencia también recuerda al retroceso que sufrió la moneda común en algunas fases críticas de la guerra de Ucrania, como a mitad de septiembre de 2022. En la tercera semana de ese mes, el euro retrocedió un 3,25%.

En ese momento, el euro pagó el corte de suministro de gas ruso al Viejo Continente y llegó a equipararse al dólar, que salió muy reforzado de las tensiones geopolíticas del momento. 

Ahora, la historia parece repetirse, o al menos, parecerse demasiado. La moneda comunitaria ha pagado -y muy caro- la fortaleza del billete verde en la primera semana de conflicto en Oriente Medio. 

El dólar ha refrendado su papel de activo refugio. La divisa se ha aprovechado de varios factores. Por un lado, su elevada liquidez. Por otro, el repunte del precio del petróleo. De fondo, la reducción de las expectativas de que la Fed recorte tipos. 

Este cóctel, sumado a la inestabilidad geopolítica y la volatilidad de los mercados, ha fortalecido a un billete verde que se ha revalorizado un 1,8% en la semana. Y el euro ha sufrido las consecuencias de este avance. 

Esto último es clave. Como explica Antonio Castelo, analista de iBroker, "no estamos ante una crisis específica del euro". Y tener este pretexto es relevante porque también condiciona las consecuencias. 

Los inversores se han lanzado a por la moneda estadounidense porque, al menos por esta parte, el mercado está siguiendo una reacción típica ante este tipo de crisis: buscar la liquidez y huir hacia los refugios. Y el dólar da respuesta a ambas condiciones.

Que el conflicto provoque, además, un riesgo de shock energético, hace especialmente sensible a la Unión Europea y, por ende, a su moneda común.

Si el bloqueo de Ormuz se prolonga y el abastecimiento de petróleo se frena a medio o largo plazo, la zona euro pagará más caro el desabastecimiento de energía porque es muy dependiente de las importaciones de crudo. 

Y de aquí deriva otra motivación para castigar al euro. Un petróleo más caro podría alimentar la presión inflacionaria y a la vez reducir el crecimiento económico de la zona euro. Y este panorama pondría en entredicho la política monetaria del BCE. 

El aumento de la inflación es la consecuencia más inmediata para la eurozona, tal y como explica Castelo. Si el petróleo sigue escalando, a corto plazo, los costes empresariales aumentarán y esto se reflejaría en una subida de precios más instantánea. 

El problema se agudiza si el recorte del suministro energético se mantiene algo más en el tiempo. En ese caso, el encarecimiento de los precios produciría que se redujese el consumo, lo que se traduciría en un menor crecimiento empresarial. 

Si esto pasase, el Banco Central Europeo se enfrentaría a dos ingredientes muy amargos: inflación y estancamiento económico, que se unirían al débil crecimiento que ya acumula la Unión Europea y la prudencia que sobrevolaría el mercado inversor. 

Sin embargo, España jugaría con algo de ventaja respecto a sus homólogos europeos en una situación de estas características. La clave es el turismo. Si el euro se sigue abaratando, nuestro país es más atractivo para los extranjeros no comunitarios. 

Además de estar arropado por este impulso, España también se podría beneficiar del incremento de ciertas exportaciones que les saldrían más baratas a otros países que no forman parte de la UE. 

Las consecuencias

¿Y qué pasa si esto llega a convertirse en una situación estructural? Aquí vienen los problemas de verdad, aunque hay matices. "Todo depende de si el movimiento del euro es transitorio o persistente", explica el analista de iBroker. 

Si la caída de la divisa común se revierte, los efectos serán limitados. Pero si esto no ocurre, la Unión en su conjunto se enfrenta a un escenario muy gris. 

Los Estados miembros no sólo jugarían con una moneda más débil en un contexto internacional altamente competitivo, sino que, además, la debilidad del euro estaría respondiendo a una dependencia energética que lo único que hace es importar inflación. 

Es decir, todo lo comprado fuera de la UE se encarecería y a esto hay que sumarle que el petróleo seguiría subiendo de precio y en Europa compramos el crudo en dólares. Con un euro debilitado estaríamos pagando un doble castigo. 

¿Hasta cuándo?

Ahora queda responder una última pregunta. ¿Hasta cuándo puede seguir cayendo la moneda común? De nuevo, la respuesta está en el billete verde, aunque no es el único factor.

Hay que esperar a que el dólar deje de verse como un refugio para los inversores. Y para eso también hay que esperar a que el mercado esté algo más calmado. 

La duración del conflicto en Irán y el repunte del precio del petróleo son pilares claves en este sentido. Tanto las tensiones geopolíticas como el barril de crudo tendrían que estabilizarse para que la Unión Europea dejara de sufrir tanto y el euro abrazase un clima más favorable. 

Sin embargo, el billete verde también puede morir de éxito. Tal y como explica Castelo, su revalorización puede hacer que empiece a parecer "demasiado caro" para los inversores y esto provocaría una corrección técnica que beneficiaría a la divisa europea.