Trader en la Bolsa de Nueva York. Reuters
La geopolítica, el petróleo y los bonos ponen en jaque a las bolsas mundiales en plena oleada de resultados
Vuelven los fantasmas por las primas de riesgo tras superar el diferencial francés los 170 puntos.
El Brent repunta hasta máximos de mayo y ya cotiza por encima de los 111 dólares por barril.
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Porque la guerra en Irán ha tensionado el paso por el estrecho de Ormuz y ha recortado el suministro marítimo, lo que ha reducido la oferta física y disparado la demanda de cobertura. Ese cierre parcial del corredor elevó las primas de riesgo del crudo y empujó al Brent a máximos desde mayo.
El encarecimiento del petróleo elevó la inflación, lo que obligó a los bancos centrales a subir tipos y provocó ventas masivas de bonos; como resultado, las rentabilidades han repuntado hasta máximos de décadas en varios vencimientos.
La combinación de déficit elevado y dudas sobre la capacidad de financiación ha elevado la demanda de prima por prestar a Francia, llevando el bono a más del 5 %; ese coste encarece la financiación pública y agrava la presión sobre las cuentas del Estado.
La incertidumbre por geopolítica, energía, deuda e IA ha deprimido la demanda de acciones; el Ibex 35 perdió casi un 2,5% en octubre y cerró por debajo de 19.000 puntos en sesiones recientes.
Las dudas sobre la rentabilidad y la financiación de las grandes inversiones en IA han debilitado la narrativa alcista del sector, provocando pérdidas en los grandes valores tecnológicos y contribuyendo a la caída semanal del Nasdaq.
Las bolsas mundiales sufren una 'tormenta perfecta' protagonizada por la geopolítica, el petróleo, el mercado de deuda y las -nuevas- dudas por la IA. Y todos estos factores han subido la exigencia de unos inversores que ya están examinando al mercado en plena temporada de resultados.
La geopolítica -y en consecuencia directa el petróleo- sigue siendo uno de los principales catalizadores. La guerra de Irán va camino de cumplir su octavo mes y en este tiempo todas las miradas se han dirigido a un mismo punto: el estrecho de Ormuz.
Por el enclave estratégico pasa el 30% del petróleo mundial que se transporta vía marítima. O más bien pasaba.
Ormuz ha estado prácticamente bloqueado durante estos ocho meses de conflicto. Y esto ha disparado el precio del crudo casi un 80% en lo que va de año y ha llevado al oro negro a tocar niveles que no veía desde lo peor de la guerra en Ucrania.
Bajo este pretexto, y tras cinco semanas de subida paulatina, el Brent, el crudo de referencia en Europa, superaba este jueves los 111 dólares por barril, máximos desde mayo. A las puertas de dicho mes, el crudo tocó el máximo nivel al que ha llegado desde que empezó la guerra en Irán, los 126 dólares por barril.
El crudo de Texas también ha repuntado con fuerza en este tiempo. El petróleo estadounidense acumula una subida del 71% en lo que va de 2026 y ya cotiza al filo de los 100 dólares por barril.
Sin perspectivas de que el conflicto vaya a remitir a corto o medio plazo y después de que Irán haya notificado esta misma semana más ataques a embarcaciones petroleras en Ormuz, y el New York Times haya informado de que EEUU e Israel preparan una nueva ofensiva militar contra el país una vez hayan pasado las midterms, el resto de mercados sufre las consecuencias.
Las consecuencias
Uno de los que más ha notado en este tiempo el golpe ha sido el de deuda. El repunte de los precios de la energía ha disparado la inflación y los bancos centrales han tenido que subir los tipos de interés para paliar la subida de los precios.
Esto ha provocado que los inversores -en busca de una mayor rentabilidad- hayan vendido masivamente sus bonos. Lo que a su vez ha provocado que el interés de los títulos de deuda haya repuntado hasta máximos de hace dos décadas.
Aunque en un primer momento fueron los bonos estadounidenses los que lideraron la 'crisis' por la deuda mundial, el mercado de deuda europeo ha copado el protagonismo en las últimas semanas. En concreto, los bonos de Francia -así como su prima de riesgo- lideran la carrera en este sentido.
En este punto entra un factor adicional que añade presión a los intereses de los bonos. Los inversores cada vez piden una prima mayor por prestar su dinero a los Estados cuyo déficit ha llegado a niveles preocupantes porque temen que no pueda pagarles. En este sentido, la deuda francesa ronda ya el 120% del PIB del país, es decir, que el país gasta más de lo que crece en todo el año.
Primas de riesgo
Con todo, el interés del bono galo superó esta semana el 5% por primera vez desde 2002 y disparó la prima de riesgo del país -el sobrecoste que paga Francia por financiarse respecto Alemania- hasta superar los 170 puntos básicos, máximos desde 2011. Todo esto sumado a las tensiones que también han desatado los disturbios que se vivieron en las calles del país durante el pasado fin de semana.
La tensión en el mercado de deuda francés se ha extendido al resto de títulos de deuda europeos, que ya se encontraban tensionados por el 'efecto contagio' del repunte de la rentabilidad de los bonos estadounidenses.
Así, el bund alemán a 10 años ha renovado sus máximos desde 2009 tras alcanzar el 3,6% y el español al mismo vencimiento ha llegado a niveles que no veía desde 2011. La rentabilidad del bono nacional acumula treinta días por encima del 4% y su repunte ha elevado la prima de riesgo española hasta los 71 puntos básicos. El diferencial se ha disparado un 30% en el último mes.
Estas tensiones en el mercado de bonos también tienen sus consecuencias en bolsa. Tener una deuda cara hace que los parqués se inclinen más fácilmente al rojo porque tienen un competidor directo que da más dinero: los bonos.
Sufren las bolsas
Además, las valoraciones se vuelven mucho más exigentes y en este punto, no hay margen para resultados que no convencen.
El problema es que esta 'tormenta perfecta' se ha alineado con el comienzo de la temporada de resultados del tercer trimestre. Y ni si quiera eso es todo.
En un contexto en el que convencer a los inversores ya es de por sí complicado, han vuelto a resurgir las dudas por la IA y sobre cómo se van a financiar las enormes inversiones que están haciendo las grandes empresas tecnológicas en desarrollar esta tecnología.
Todo esto ya ha hecho mella en los rendimientos de las bolsas mundiales. También en el panorama nacional.
Europa y Wall Street
El Ibex 35 acumula una caída en la semana que roza el 2%. En lo que va de octubre, ha retrocedido casi un 2,5% y ha arriesgado varias veces la barrera de los 19.000 enteros. De hecho, el selectivo nacional cerró por debajo de este umbral este jueves, en una sesión en la que Bankinter estrenaba la temporada de resultados y se llevaba por delante al sector bancario por la mala acogida de los mismos.
Los títulos de la entidad cayeron un 7,56% a pesar de que el banco se ha anotado un beneficio de 901 millones de euros en el tercer trimestre, un 11% más que en el mismo periodo del año anterior.
La Bolsa de Madrid no ha sido la excepción entre los principales parqués del Viejo Continente. Los índices europeos cerraron en rojo la sesión de este jueves. El FTSE Mib italiano cedió un 2,59%; el Cac francés, un 1,39%; el Dax alemán, un 1,1% y el FTSE 100 británico, un 0,33%.
Tampoco al otro lado del charco consiguen esquivar las tensiones. En Wall Street todos los focos están puestos -al hilo de las dudas por la narrativa bursátil de la IA- en el Nasdaq, el principal selectivo tecnológico.
El índice intenta paliar el golpe de la semana pasada, en la que se dejó un 4,5%, aunque los resultados de las grandes tecnológicas se lo están poniendo muy difícil al selectivo. De hecho, los títulos de Meta, una de las últimas en rendir cuentas ante el mercado, llegaban a ceder hasta un 7% este jueves en el parqué neoyorquino.