Barras de oro.

Barras de oro. Reuters

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El oro desafía la calma estival y aprovecha para intentar salir del pozo: el metal ha subido un 12% entre julio y agosto

Se beneficia de la caída de las expectativas de que la Fed suba tipos en septiembre.

Bank of America ve el activo a 4.813 dólares por onza para 2027.

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Las claves

Las claves

El oro ha subido un 12,5% entre julio y agosto, recuperando el terreno perdido y situándose en torno a los 4.500 dólares por onza.

La reciente subida rompe la tendencia negativa acumulada en el primer semestre del año, situando la rentabilidad del metal en aproximadamente un 4% en 2026.

Las expectativas de que la Reserva Federal no suba los tipos de interés han impulsado al oro, ya que el metal se beneficia de tipos estables o bajos.

A pesar del repunte veraniego, el oro sigue lejos de los rallys de años anteriores y enfrenta riesgos como la pausa en compras de ETFs y la confianza de los inversores.

El oro intenta salir de la debacle que vive desde febrero y ha aprovechado el verano para coger carrerilla. El metal amarillo se ha revalorizado un 12,5% entre julio y lo que va de agosto, lo que le ha hecho volver a conquistar los 4.500 dólares por onza.

La subida contrasta con el rendimiento que el activo acumulaba hasta dicha fecha. En los primeros seis meses del año el oro ha registrado un rendimiento negativo.

De hecho, la reciente subida ha hecho cambiar el rumbo del activo, que deja de ver el negativo en el balance final en lo que llevamos de año. Con el último giro alcista, la rentabilidad de la materia prima se sitúa en torno a un 4% en 2026.

Sin embargo, el rendimiento sigue siendo escaso en comparación a los rallys que el metal amarillo ha vivido en los últimos tres años. En 2025 el oro llegó a repuntar un 67%, en 2024 avanzó un 25% y en 2023 subió un 14%. Entre estos tres años la revalorización alcanzó el 140%.

Además, con la exponencial escalada, el precio del metal marcó máximos históricos en los 5.626,8 dólares por onza tras cumplir las previsiones de casas como Bank of America o HSBC y superar por primera vez en su historia la barrera de los 5.000 dólares por onza el pasado enero.

Todo esto llevó a generar grandes expectativas en el metal precioso. Sin embargo, el estallido de la guerra en Irán frustró las pretensiones de la materia prima.

Lejos de convertirse en un activo refugio como en otras ocasiones de crisis o tensión, el oro sufrió de manera directa el shock energético provocado por el conflicto en Oriente Próximo.

En este sentido, el metal amarillo ha pagado en este tiempo ser un activo sin cupón, lo que, sumado a la subida del petróleo, el repunte del dólar y las rentabilidades de deuda, ha acabado por lastrar cualquier expectativa positiva sobre el metal.

¿Y por qué entonces sube ahora el oro? Para entenderlo hay que mirar directamente a las expectativas sobre la política monetaria.

La Reserva Federal de EEUU no ha tocado los tipos en lo que va de año a pesar de los reiterados repuntes en los precios al consumo. Al término de su última reunión, el consenso del mercado pronosticaba una posible alza en la reunión de septiembre. Pero ahora parece que los inversores no lo tienen tan claro.

Las predicciones en la plataforma de apuestas Polymarket apuntan a que la institución liderada por Kevin Warsh mantendrá fijo el precio del dinero en su próximo encuentro. Así lo piensa el 71% de los participantes en la apuesta.

Según el barómetro de Investing, sólo el 35% del mercado piensa que la Fed subirá las tasas hasta el 4%, lo que significaría aumentar en 25 puntos básicos los tipos actuales.

Estos son, principalmente, los pronósticos que han llevado al oro a aprovechar el verano para recuperarse del golpe de los últimos meses.

Como explican desde XTB, la subida del precio del dinero reduce el atractivo del metal precioso al ser un activo que no genera un rendimiento explícito. El oro se beneficia de tipos negativos o reducidos, por lo que las perspectivas de que la Fed no suba las tasas de manera más inmediata le favorece.

Sin embargo, los analistas de la plataforma de inversión son cautos. Una de las razones que llevan a pensar que la subida de tipos por parte de la Fed podría no ser tan inminente es la ralentización que ha mostrado el mercado laboral estadounidense en su última actualización.

No tan rápido

La economía de Estados Unidos perdió 23.000 empleos en julio, aunque la tasa de paro resistió y consiguió bajar una décima en dicho mes.

En este sentido, unas expectativas de incremento de salarios menores y unas peores previsiones laborales deberían reducir el consumo de los americanos. Y esto ayudaría a controlar la inflación, como explican desde XTB.

La relación de la inflación con el oro se observa cuando la tasa de precios al consumo se sitúa por encima del 4%. En estos niveles, el oro ha mostrado históricamente el doble de correlación con la inflación, como también señalan los analistas del portal de inversión.

Para llegar a este momento, aún quedaría bastante. La tasa de inflación de EEUU se moderó una décima en julio, hasta el 3,4%, por lo que los precios al consumo aún tendrían que repuntar seis décimas sin que la Fed intentase frenarlos con un alza en las tasas.

Con todo, Bank of America ve al oro en 4.813 dólares por onza para 2027. Lo hace en la actualización de sus previsiones para distintos metales, en las que resalta el valor refugio del metal amarillo.

En las mismas, la entidad estadounidense ha destacado otros riesgos determinantes en el rendimiento del activo, como la pausa en las compras de ETFs o el deterioro de la confianza de los inversores.

Frente a la calma estival

Además, hay un factor extra a tener en cuenta. El giro alcista del oro se produce en plena temporada estival, un periodo normalmente protagonizado por la calma en los mercados debido al menor volumen de negociación.

Como explica Nicolas Cracco, CEO de la plataforma digital de compra-venta de metales preciosos, esta menor liquidez suele traducirse en un movimiento lateral o de consolidación de los precios, aunque, en este caso, las variaciones en el precio del oro parecen responder a las variables macroeconómicas globales, que le han hecho desafiar la tradicional pausa veraniega.