Scott Bessent, secretario del Tesoro de EEUU.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de EEUU. Kevin Lamarque Reuters

Mercados

La caída de los bonos alerta de tipos altos por más tiempo y no sólo la energía tiene la culpa: la inversión en IA sube la inflación

El papel a 30 años del Tesoro de EEUU acumula 20 días por encima del 5%.

El encarecimiento del crudo vuelve a presionar al alza los precios.

Más información: Las bolsas temen que la guerra en Irán se alargue pero su verdadera pesadilla es el bono de EEUU al 5% y la caída del yen

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Las claves

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La rentabilidad de los bonos del Tesoro de EE.UU. a 30 años supera el 5% durante 20 días consecutivos, la racha más larga desde 2007.

Los inversores anticipan tipos de interés altos durante más tiempo, impulsados por la venta masiva de deuda pública y el repunte de la inflación.

El alza de los precios de la energía y las fuertes inversiones en inteligencia artificial presionan la inflación y encarecen productos como los semiconductores.

Las grandes tecnológicas, al emitir más deuda para financiar la IA, compiten con la deuda pública y contribuyen a la caída de los bonos.

El mercado de renta fija vuelve a mandar señales de alerta y esta vez, los inversores no parecen ver la luz al final del túnel. Al menos en el medio plazo.

Uno de los ejemplos más claros se ve en el rendimiento del bono del Tesoro de EEUU a 30 años. La rentabilidad de esta referencia no sólo supera el nivel crítico del 5%, sino que también acumula su racha más larga por encima de esta cota desde 2007.

En aquella ocasión, el 30-year Treasury sostuvo un rendimiento superior al 5% durante dos meses exactos, entre mayo y julio. Ahora, la venta masiva de títulos de deuda ha hecho que el Long Bond estadounidense sume 20 días consecutivos con una rentabilidad por encima del 5%.

Aunque este tipo de papel es el ejemplo perfecto del cambio de expectativas de los inversores, no es la única referencia que refleja el temor del mercado. Otros títulos de deuda, como el bono estadounidense a 10 años -el gran termómetro de la renta fija- también se encuentran en sus niveles más altos del año y acarician umbrales críticos.

La rentabilidad del papel del Tesoro de EEUU a 10 años ha repuntado un 3% en la última semana y alcanza ya el 4,6%. Entre las referencias del Viejo Continente, el Bund alemán a 10 años ha tocado el interés del 3,2%, máximos desde 2011, y el cupón de los títulos de deuda francesa al mismo plazo alcanza el 4%, su nivel más alto desde 2008.

La caída generalizada de los bonos de deuda pública no sólo presagia más subidas de los tipos de interés. También vislumbra el cambio de previsiones de los inversores, que anticipan unas tasas más altas durante más tiempo.

Bajo este preámbulo, la mecánica del mercado es simple. Ante la expectativa de que suba el precio del dinero, los inversores venden bonos a la espera de que las nuevas emisiones de deuda cuenten con una mayor rentabilidad cuando los tipos sean más altos.

Y estas ventas desmedidas de títulos de deuda provocan la caída de los bonos, que, a su vez, elevan la rentabilidad efectiva de los mismos.

El mercado se apoya en un factor principal para anticipar nuevas alzas de los tipos por parte de los bancos centrales: el repunte de los precios del crudo.

Repunte energético

El brent, el petróleo de referencia en Europa, ha tocado esta semana el umbral de los 100 dólares por barril. Es la segunda vez que el crudo alcanza este nivel desde que estalló la guerra en Irán.

El encarecimiento de la materia prima aviva el fantasma de un rebrote inflacionario. Y el mercado ya sabe qué está en juego, porque esta situación ya se vivió durante lo peor del conflicto en Oriente Próximo, a finales de abril, cuando el crudo tocó los 120 dólares por barril.

Este shock energético ya se ha materializado en los precios al consumo. La inflación de la eurozona llegó a repuntar en mayo hasta el 3,2% tras acumular cuatro meses al alza. Antes de que los efectos de la guerra de Irán llegasen a los consumidores, en febrero, el IPC estaba en el 1,9%, ya al borde del objetivo fijado por el BCE, que ha tenido que subir los tipos en 25 puntos básicos para paliar dicho repunte.

Estados Unidos tampoco se ha librado de las consecuencias del encarecimiento de la energía. La inflación en el país gobernado por Trump alcanzó en mayo el 4,2% tras cuatro meses de subidas. En febrero, antes de que el país empezase a bombardear Irán, el índice de precios al consumo se situaba en el 2,4%.

Pese a ello, a diferencia del Banco Central Europeo, la Reserva Federal (Fed) de EEUU no ha tocado todavía su política monetaria y ha optado por congelar el precio del dinero en todas sus reuniones posteriores a la detonación del conflicto en Oriente Próximo.

Sin embargo, la tensión en los precios de la energía no es el único factor que alimenta la expectativa de que la inflación suba y obligue a las instituciones financieras a endurecer su política monetaria. El reciente pico de inversión en inteligencia artificial también favorece el repunte del IPC y presiona la curva de tipos al alza.

Más allá de la energía

La razón es doble. Por un lado, como explican los analistas de Marketscreener, las enormes inversiones que las compañías están haciendo en tecnología e IA están generando cuellos de botella en la fabricación de algunos componentes clave como los semiconductores o chips de memoria.

Esto ha hecho que los precios de estos elementos suban y que, a su vez, encarezcan el coste de toda la cadena de suministro, así como de los productos finales que dependen de ellos.

Una realidad que ya se ha plasmado en los movimientos de diferentes grandes marcas, como Apple, que anunció subidas de precios en algunos de sus artículos estrella.

Por otro, tal y como avisan desde XTB, estas grandes inversiones en IA están generando "una avalancha de deuda corporativa" destinada a financiar dicho desembolso. Y esto hace que las grandes tecnológicas compitan con la deuda pública por ofrecer el interés más atractivo, lo que provoca ventas de bonos en búsqueda de la rentabilidad más alta posible en un entorno muy competitivo.