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Mercados

Microsoft y el dilema de la IA

La inteligencia artificial ha transformado drásticamente el modelo operativo de la compañía.

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Javier Cabrera
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Las claves

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Las acciones de Microsoft han caído desde máximos históricos debido a dudas sobre el impacto real de la inteligencia artificial en sus beneficios.

La transformación hacia un modelo de negocio intensivo en capital, por la inversión en centros de datos, ha reducido los márgenes y el retorno sobre el capital empleado.

El nuevo acuerdo con OpenAI elimina el lastre directo de sus pérdidas y permite integrar Claude en Microsoft 365, lo que podría beneficiar a la compañía.

Los indicadores técnicos muestran señales de recuperación en la cotización de Microsoft, con un posible giro alcista si supera resistencias clave en las próximas semanas.

Las acciones de Microsoft han sufrido un importante desplome desde sus máximos históricos y el sentimiento sigue siendo muy negativo. El mercado duda sobre el impacto real de la inteligencia artificial en sus beneficios.

Pero cuidado, porque del nuevo pacto con OpenAI podría salir beneficiada. ¿Es el fin de Microsoft o una oportunidad histórica?

La inteligencia artificial ha transformado drásticamente el modelo operativo de la compañía, obligándola a pasar de un negocio con economías de escala y poco intensivo en capital a gestionar una maquinaria pesada que consume caja de forma muy agresiva.

Esto se debe a la necesidad de invertir en centros de datos, lo que ha disparado de forma inmediata el gasto en capital (capex) y los arrendamientos operativos. Sin ir más lejos, la empresa estima que para el año natural 2026 se estima que rondarán los 190.000 millones de dólares.

Como consecuencia directa de este gigantesco esfuerzo inversor, el crecimiento de los activos fijos se sitúa cerca del 50% interanual, lo que incrementa las partidas de depreciación y amortización y ejerce una fuerte presión a la baja sobre los márgenes operativos del segmento de la nube.

Además, se ha erosionado la rotación de su capital empleado, lo que ha causado que el retorno sobre el capital empleado (ROCE) de Microsoft haya disminuido de forma constante hasta situarse en el 26,2% en el tercer trimestre de 2026.

A este panorama se suma la estrecha alianza con OpenAI, que representa el 45% de sus compromisos de compra en la nube y que ha provocado que los márgenes de Microsoft se hayan visto castigados al suministrarle capacidad de cómputo prácticamente gratuita y tener que absorber contablemente parte de sus pérdidas multimillonarias recurrentes.

Sin embargo, la cosa está cambiando. Microsoft y OpenAI han llegado a un nuevo acuerdo y ahora se ha producido un cambio de consolidación que elimina el lastre directo de las pérdidas de OpenAI, así como la ruptura de la exclusividad que ahora permite la integración de Claude en el ecosistema de Microsoft 365.

Cotizando actualmente a un múltiplo PER forward a 12 meses de 19 veces, una valoración históricamente baja que no se registraba desde 2016, el mercado parece reflejar la profunda negatividad de los inversores.

Si bien la acción puede parecer barata a simple vista, la transformación definitiva hacia un modelo intensivo en capital y la intrincada red de dependencias mutuas con actores clave como Nvidia, Oracle o Anthropic sitúan a Microsoft en un perfil de riesgo sistémico elevado que justifica la prudencia del mercado. Sin embargo, para los inversores más arriesgados puede ser una opción muy interesante.

El gráfico diario de Microsoft muestra señales de acumulación y un incipiente cambio de estructura tras haber encontrado un suelo crítico en los 352,78 dólares a mediados de junio. Desde este sólido soporte horizontal, la cotización ha iniciado una firme recuperación, logrando perforar con éxito la media móvil de 14 períodos (SMA) situada en los 377,86 dólares.

Este movimiento desplaza el impulso hacia el bando comprador, situando el precio actual en los 390,16 dólares con la mirada puesta en la media móvil de 28 períodos (SMA) en torno a los 399,68 dólares; una ruptura consolidada por encima de esta última resistencia dinámica confirmaría formalmente el giro alcista de la tendencia a corto plazo.

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Los indicadores técnicos respaldan plenamente este sesgo positivo y sugieren que el movimiento de rebote cuenta con un amplio margen de recorrido. El oscilador RSI (14) se posiciona en una zona neutral de 49,7 puntos, ascendiendo de forma limpia tras coquetear con la sobreventa, lo que valida el regreso del flujo comprador sin dar señales de agotamiento inmediato.

Al mismo tiempo, la lectura del ADX refleja que la fuerte presión bajista previa ha perdido tracción, abriendo la puerta a que el valor consolide su actual estructura de mínimos crecientes y busque el objetivo principal de resistencia fijado en los 435,27 dólares en las próximas semanas.

*** Javier Cabrera es analista de XTB.